Nunca en mi vida me imaginé que podía ser tan feliz, me sentía flotando, nada me importaba porque tener a Tomas conmigo era sencillamente alucinante. Pero solo por los primeros días luego de nuestra unión mágica; porque después comenzaron los problemas. Mi esposo era el hombre más celoso, posesivo, controlador e impulsivo del mundo y como consecuencia de ese maldito hechizo yo sentía como propios cada uno de sus ataques. Mi humor, por momentos era alegre y por momentos parecía un demonio capaz de matar a todo el mundo, pero no era yo, era él. - ¡Maldición Tomas! – grité entrando a la casa, había estado a muy poco de asesinar a un hombre solo porque se tardó dos segundos de más en ponerse en marchar cuando el semáforo dio verde - ¿ahora por qué carajo estas enfadado? – ni siquiera me fije

