CAPITULO IV - REENCUENTROS (primera parte)

3747 Palabras
Llevaba ya varios meses cazando por todo el norte del país. Simón encontraba a los vampiros u otras criaturas y me enviaba, o si algún cazador le pedía ayuda también, yo trabajaba sola, no necesitaba compañero o equipo, era una máquina de matar monstruos muy eficiente. Simón hacia la logística y yo concretaba los trabajos. Éramos el mejor equipo de la región, y quizás de muchas otras también. Nuestras proezas estaban en boca de todos los cazadores y quizás también de los paranormales que cazábamos, no sé si todos sabían que yo no era humana, pero si sabían que anta una situación muy complicada, lo mejor era que yo la enfrentara. Y me encantaba, cada vez que tenía una batalla me sentía más viva que nunca y mis habilidades brillaban. Esa noche estaba en un pueblo pequeño, recién anochecía, el lugar estaba casi desierto, parecía un pueblo fantasma como todos donde los monstruos del momento atacaban, andaba apresurada porque la información que tenía me indicaba que un grupo de cazadores estaban en apuros con la amenaza de turno. Tenía que llegar a la escuela secundaria y ayudarlos a salir con vida. Entre sigilosamente, prefería ir por las vigas del techo, así no me topaba con nada por el piso, se veía y olía sangre por todos lados, nueva y vieja, mucha sangre, mezclada con el olor nauseabundo de la sangre muerta. Al tomar el pasillo del gimnasio comenzaron a aparecer cadáveres, algunos en avanzado estado de descomposición, otros mutilados, cuanto más me acercaba a la puerta, más cuerpos habían. Abrí lentamente, sin bajarme y observé todo, había más cuerpos en iguales condiciones que en el pasillo por todo el lugar, contra la pared opuesta a la entrada había personas avanzando lentamente, gruñendo o algo parecido, al parecer habían acorralado a alguien, no lo pensé y utilizando mi velocidad de vampiro fui hasta allí, desde arriba pude notar a dos hombres siendo acorralados por esa horda de extrañas personas, uno disparaba a la cabeza de sus atacantes y el otro los decapitaba con la espada, pero estaban superados en número, era cuestión de tiempo para que fueran devorados. - Debo eliminar a los cadáveres caminando y salvar a los cazadores – dije para mí y salté sobre ellos desenfundando mi espada, me llevó algo así como 5 minutos cortar todas las cabezas, eran más de 100, cuando terminé miré a los dos hombres que me miraban sorprendidos. - Amanda – dijo uno y yo miré mejor, y debajo de toda la sangre que lo cubría pude distinguir a Lucas, el sonrío y yo a él, se vino hacia mi extendiendo los brazos para abrazarme pero lo esquive con gracia, me miró sorprendido. - Lo siento – dije – pero esta ropa es muy costosa y vas a arruinarla con la mugre que llevas - él suspiró. - Está bien – dijo limpiando su espada en la ropa de un cadáver – gracias por salvarnos. - Por nada – dije orgullosa - ¿Cómo han estado? – pregunté a ambos, porque, aunque el otro no dijera una palabra, era obvio que se trataba de Javier. - Bien – dijo alegre – con mucho trabajo como ves. - Si – dije observando con un gesto de asco el lugar – este seres son asquerosos y la sangre de un muerto huele horrible. - Lo sé – dijo – estos zombis salen de la nada y se expanden como una plaga rápidamente, es el tercer pueblo que atacan. - Simón me dijo algo, pero no quise creer que fueran zombis. - ¿Y que creías que eran? – Dijo Javier caminando a la salida - ¿caníbales? - Por nada – dije, el volteo a verme. - No te pedí que me salvaras así que no voy a agradecer nada – volvió a su rumbo, Lucas y yo nos miramos sin decir nada, y lo seguimos. - Sigue con el mismo humor de siempre – dije, él sonrió. Caminamos hasta el centro del pueblo, su auto estaba estacionado en la solitaria calle. - No quedo nadie vivo – me informó Lucas – la plaga comenzó hace un mes, y recién nos enteramos hace unos días por eso llegamos tan tarde. - Claro – dije – esto está muy aislado - el asintió. - Supongo que a nadie le molestara que usemos el hotel – dijo Javier a su compañero, porque a mí me ignoraba. - No lo creo – respondió él – necesito un baño con urgencia. - Y ropa limpia – dije yo. - ¿Tu que vas a hacer? – me preguntó, Javier me miró interesado. - Tengo que llamar a Simón y el me dirá a donde ir, pero mi teléfono no tiene señal aquí – miré mi celular al decir esto. - En el hotel seguro hay teléfono – me dijo, Javier gruñó y yo sonreí, me divertía mucho molestarlo. - Es verdad – dije mientras ellos subían a su auto – nos vemos allá – al terminar de hablar salí corriendo, en unos segundos llegué a la entrada del pueblo, me subí en mi motocicleta y me dirigí al hotel, llegamos casi juntos, ambos me miraron sorprendidos cuando estacioné. - Linda moto – dijo Lucas admirando a mi bebé. - Gracias – dije orgullosa, Simón me la había obsequiado como un premio por mi excelente trabajo cazando, y me encantaba. Javier bufó molesto – voy a buscar el teléfono - me dirigí a la recepción. Había sangre seca por todos lados y unos cuantos cadáveres putrefactos, el teléfono estaba descolgado con una mano aferrada a él, luego de limpiarlo revisé si tenía tono, que afortunadamente así era, marqué y esperé. - Bueno – se escuchó la voz de Simón al otro lado. - Simón, soy Amanda – dije y Lucas entró, se paró al lado mío a escuchar – ya acabé con el problema y salvé a los cazadores. - Genial – dijo él – ahora tienes que seguir por la ruta que va al sur, unos 20000 Km. hay otro pueblo que creo tiene el mismo problema. - Estoy harta de esos zombis – dije molesta. - Lo sé – dijo – estoy intentando llegar al fondo del asunto, Marcos me ayuda, creo que deberías trabajar con Javier y Lucas – hice silencio unos segundos - ¿sigues ahí? - Si aquí estoy – dije – creo que prefiero trabajar sola – Lucas me miró ofendido – no tengo problemas con Lucas, pero no sé si seré capaz de contener los deseos de estrangular a Javier cuando sea grosero conmigo – Lucas río y Simón también. - Estoy seguro de que podrás controlarte – dijo – informa a los chicos la misión y mantenme informado, diles que Marcos estará en casa hasta que solucionemos esto. - Si mi capitán – dije en tono de broma – estamos en contacto, adiós. - Adiós – y cortamos. - ¿Así que somos un equipo? – dijo Lucas sonriendo, yo asentí – muero por ver el rostro de Javier cuando se lo cuentes. - Yo no voy a contárselo, tú lo harás – le ordené, él lo pensó moviendo sus ojos de manera divertida. - No lo haré – dijo y salió. - Si lo harás – dije casi gritando, el reía mientras negaba con la cabeza – tú se lo dirás, yo no lo soporto. - No, Javier no entiende eso de "no mates al mensajero", así que prefiero no decírselo. - ¿Decirme que? – Preguntó desde arriba, envuelto en una toalla por la cintura, secándose el cabello con otra, yo no pude evitar devorarlo con la mirada, sentía el deseo por su cuerpo crecer en mi interior – estoy esperando – dijo impaciente. - Tenemos que trabajar juntos – dije seria, el me miró sin expresión alguna en el rostro, yo esperaba que insultara o algo por el estilo, pero hizo un gesto de resignación y algo de alegría. - Todo sea por la causa – dijo y volvió a su habitación. Lucas y yo nos quedamos con la boca abierta. - Extraño – dijo él. - Demasiado – completé. - Voy a limpiarme – dijo Lucas dirigiéndose a su cuarto. - Yo iré a buscar algo de sangre por ahí – y me fui al pueblo. Entré al hospital que era más de lo mismo, sangre, cadáveres, desorden, fui al banco de sangre y para mi buena fortuna estaba conectado y tenía varios paquetes dentro, tomé bastante y los guardé en dos conservadoras que había por allí (hasta esa fecha no había bebido sangre de un humano directamente de la fuente, pero Simón decidió que intercalara la sangre de cerdo con la humana, que robaba de los hospitales de vez en cuando, era como mi paga por servir a la comunidad, además de que me mantenía más fuerte). Luego fui a una tienda de alimentos y tomé toda la comida chatarra que pude, porque mi apetito no había disminuido, según mi mentor la única manera de que la sangre me saciara por completo era si bebía a una persona adulta casi completamente, y no tenía intenciones de hacerlo así que complementaba la sangre con cualquier cosa que encontraba y cuantas más calorías tenía mucho mejor aún. Al terminar las "compras" volví al hotel, todo estaba en silencio, pasé por la habitación de Lucas para invitarlo a comer, pero estaba dormido, no estaba en la suya, me dispuse a buscar una para mí y escuché que alguien chapoteaba en la piscina así que luego de dejar las cosas que cargaba me dirigí allí. Javier estaba sumergido nadando agilmente de un lado al otro, me quedé idiotizada observándolo, era una alegría para la vista, me acerqué hasta el borde para mirarlo mejor, estaba muy entretenida babeando por el cazador hasta que el sonido de algo cayendo al agua me desconcentró. Miré en esa dirección y vi a uno de los malditos zombis en el fondo de la piscina avanzando lentamente en dirección a Javier, pensé que él lo había notado, pero no cambio de dirección, siguió nadando directo al zombi, estaba solo a unos metros, así que no lo pensé mucho, desesperada me arrojé al agua y antes de que los dos se encontraran me interpuse, empuje a Javier hacia atrás y con mis manos desarmé la cabeza del zombi, fue asqueroso, el agua se tiñó con su sangre podrida, toda mi vestimenta se manchó, volteé a mirar a Javier, que me miraba agitado y algo sorprendido. - Deberías tener más cuidado – dije molesta, la campera y el pantalón que se habían arruinado eran de mis favoritos, y todo por su culpa, nadé hasta la orilla y salí, él seguía en el mismo lugar - ¿vas a quedarte ahí, sin hacer ni decir nada? – le grité, mientras estrujaba mi cabellos y le quitaba los restos del zombi, como no obtuve ninguna respuesta golpeé el suelo con mi pie gruñendo y me retiré. Entré en una habitación y rápidamente me quité la ropa para meterme a la ducha, la sangre fresca es una delicia para los sentidos de un vampiro, y la sangre podrida es un veneno que nos revolvía el estómago, tenía que sacármela de encima. Me metí a la ducha rápidamente y comencé a lavarme, a los minutos escuché que la puerta se abría, pero identifiqué su aroma, era Javier así que no me alarmé, eso era lo bueno de tener súper desarrollados el oído y el olfato. Cuando terminé salí, estaba por envolverme en una toalla, pero decidí que mejor jugaría con él, así me pagaba la ropa que me arruinó. Luego de mirar mi cuerpo desnudo y mojado abrí la puerta, él estaba sentado en la cama y la cara que puso al verme fue un poema, reí para mis adentros y fingí sorpresa. - ¿Qué haces aquí? – pregunté intentando cubrirme con mis manos, el no dejaba de mirarme hipnotizado - ¡Deja de mirarme! – ordené y él sonrió de medio lado, una sonrisa cargada de perversión. En una silla había otra toalla y la tomé para cubrirme, pero pasó algo que nunca imaginé. Javier avanzó hacia mí, me sujetó las manos y arrojó la toalla lejos. - Pero – quise protestar, pero él puso un dedo sobre mis labios y volvió a sonreír. - Por favor – dijo y comenzó a acariciar mi rostro con la punta de sus dedos - ¿a que quieres jugar? – sentía cada vez más calor en mi cuerpo – si no querías que te viera desnuda te habrías cubierto en el baño – quise decir algo de nuevo pero volvió a callarme y comenzó a oler mi cuello, sentía su respiración sobre mi piel – desde hace tiempo que me estas provocando y ya no quiero seguir fingiendo que no lo noto – eso lo dijo a mi oído y después chupó suavemente mi lóbulo, me estaba volviendo loca del deseo – entonces – dijo incorporándose, colocando sus manos a cada lado de mi cuerpo - ¿Qué es lo que quieres conmigo? – su rostro estaba a centímetros del mío, yo sonreía y antes de que el tuviera tiempo de reaccionar lo sujeté por la nuca y lo atraje hacia mis labios, lo besé con urgencia, con furia, con desesperación, el muy tonto me había llevado al límite de mi autocontrol. - Si tienes que preguntar eres más tonto de lo que pareces – dije separándome de él y comencé a avanzar, empujándolo suavemente hasta que cayó sentado en la cama, me subí sobre él - ¿ya tienes una idea de que es lo que quiero contigo? – lo empujé más para que se recostará y volví a besarlo, él se dejó hacer unos minutos, pero luego puso sus manos en mis caderas e intensificó el beso por su parte, sus manos dejaron de estar quietas y me recorría desde el cuello hasta mi trasero ida y vuelta sin parar, luego me giró para dejarme abajo y él se puso de pie para quitarse la ropa (solo tenía un traje de baño), antes de que hiciera nada se lo arranqué de un solo tirón, sonrió. - De verdad estás desesperada – dijo con burla quedándose de pie al lado de la cama, el muy infeliz quería volverme loca, más loca. No me importó nada y con mi pie comencé a acariciar su anatomía, poniéndole mucho esmero a sus partes íntimas, el gimió del placer y me sujetó el pie, lo besó completo, de un solo movimiento tiró de mi para dejarme al borde de la cama, dejando mi sexo a su disposición, y en esa posición, con mi pierna en su hombro me penetró, lentamente, sin dejar de mirarme a los ojos, el placer que sentí fue inmenso y comencé a gemir apenas me rozó - ¿esto es lo que querías? – preguntó mientras aceleraba un poco el embiste. - Si – dije entre jadeos, él sonrió complacido y aumentó más el ritmo, yo ya no gemía, gritaba. Estuvimos horas así, lo hicimos en todas las posiciones. En la cama hasta que se rompió, luego en el piso, en una silla, si alguien estuviera en ese hotel no había forma de que no escuchara el escándalo que hicimos, mis gritos eran a todo pulmón y eso parecía incentivarlo porque no se cansaba. Cuando decidimos que era suficiente por el momento ya era de noche, Javier quitó el colchón de la rota cama y lo colocó en el piso, ahí nos recostamos completamente agotados. Me acosté en su pecho y el me abrazó. - ¿Estas bien? – pregunté cuando su respiración se calmó un poco. - Perfecto – dijo casi en un susurro - ¿y tú? - No quiero que se te suba el ego más arriba de lo que ya está – dije y me giré para mirarlo, él sonreía – pero esto fue lo mejor que me paso desde que soy un vampiro – el rió con ganas. - Todas las mujeres que comparten cama conmigo dicen algo parecido – dijo divertido, yo lo golpeé suavemente. - Dudo que con alguna hicieras la mitad de las cosas que acabas de hacer conmigo – dije y me giré para darle la espalda, él me abrazó por detrás, dejando nuestros cuerpos pegados. - Eso sin duda – besó mi cuello – nunca creí que fueras tan depravada en la cama. - No soy una depravada – dije ofendida, falsamente claro – soy un ser que tiene los instintos a flor de piel. - Si, si – dijo – seguro que cuando eras una simple humana no hacías estas cosas – me quedé en silencio. - Solo algunas – dije el rió. - Eso es lo bueno de ser un vampiro, puedes disfrutar del sexo sin prejuicios ni limitaciones. - Supongo – dije. - Vamos a dormir que nos espera un largo día mañana – se estiró para apagar la luz y volvió a abrazarme – que descanses Amanda. - Igualmente Javier – dije y me dispuse a descansar, no me llevó mucho tiempo dormirme, estaba agotada. A la mañana siguiente me desperté cuando el sol me golpeaba en el rostro, Javier seguía dormido a mi lado, me levanté lentamente y fui a ducharme. Al regresar a la habitación Javier estaba ya despierto, con las manos detrás de la nuca, mirando el techo. - ¿Ahora si te cubres? – dijo al observar la toalla que envolvía mi cuerpo, yo sonreí inocentemente, él se puso de pie y se acercó – buenos días – dijo y me besó tiernamente. - Buenos días – dije cuando se alejó. - Voy a darme una ducha, ¿podrías traer mi bolso de la otra habitación? – yo asentí y él entro al baño, me cambie rápidamente y salí, era un hermoso día, busque el bolso y cuando regresaba a mi habitación me topé con Lucas que llevaba unos lentes de sol, pero igual pude ver sus ojos sobre mí. - ¿Lo pasaron bien ayer? – Preguntó alzando una ceja, pretendiendo parecer serio, yo me sentí algo avergonzada, no dije nada, solo pase por su lado – debo decir que estoy admirado, siempre que me tocó escuchar a Javier con alguna de sus conquistas hacían escándalo, pero lo de ustedes superó con creces a las más ruidosas – luego rió, yo lo mire seria. - Supongo que ser una perra en la cama viene en el paquete de ser un vampiro – ambos reímos. - Es muy cierto, en tu caso por lo menos, no tengo experiencia con otro vampiro – dijo. - Voy a llevar esto a Javier y luego nos vamos – el asintió y yo seguí mi camino, deje él bolso en una silla, tomé mis cosas y salí, nos encontramos con Lucas en la cafetería del hotel y buscamos algo para desayunar, por suerte el refrigerador estaba lleno así que nos preparamos algo, en realidad mucho. Javier bajo cuando estábamos colocando la mesa, Lucas lo miró, pero no dijo nada por la mirada de advertencia que, mí ahora amante, le lanzó. Desayunamos casi en silencio y cuando acabamos nos pusimos en marcha. Les di las instrucciones de Simón y ellos partieron en su coche y yo en mi motocicleta. El viaje era largo, llegamos a un pueblo a mitad de la noche, comimos y buscamos un lugar para que los chicos durmieran, yo no tenía sueño. - Voy a ir a dar una vuelta – ambos me miraron como esperando un explicación – no tengo sueño – no dijeron nada, así que me fui. Caminaba por las desoladas calles hasta que oí un gritó que provenía de unos kilómetros adentro del bosque, eran de mujer, corrí en esa dirección y llegué a una cabaña que parecía abandonada, pero se escuchaba música y se escuchaban voces adentro, avancé lentamente, el ambiente me recordaba muchísimo a la recepción de mi boda y mis instintos me gritaban que había vampiros adentro. Abrí la puerta lentamente, y lo que vi reafirmó mi teoría. Eran tres, dos hombres y una mujer, estaban teniendo sexo en medio de la sala, con los cadáveres de tres mujeres jóvenes a su alrededor. La luz estaba apagada así que la encendí, ellos se sobresaltaron al verme pero luego de notar que era otra más de su especie, se relajaron. - Ya no tenemos más comida – dijo uno de los hombres, de r**a oriental, muy guapo que estaba desnudo y cubierto de sangre, al parecer no les importaba ser delicados al alimentarse – pero puedo conseguirte algo si quieres – yo sonreí. - Gracias – dije con cortesía fingida – ya comí – él sonrió, se colocó un pantalón, los otros dos solo me miraban. - ¿Y que te trae por este lugar preciosa? – dijo acercándose, los otros comenzaron a vestirse. - Estoy de paso, voy a Villa Bonita – dije, él asintió. - Hermoso lugar, pero ahora está contaminado – dijo con cara de asco. - ¿A sí? – Dije haciéndome la tonta - ¿y con que? - Zombis – dijo la mujer – asquerosos zombis. - Que desagradable – dije - ¿y de donde salieron? – ellos se miraron. - Hasta donde sé – dijo el otro hombre con tono misterioso – un brujo crea unos cuantos y luego se reproducen con las mordidas. - Oh – exclamé - ¿y porque lo haría? - Está buscando algo – dijo la mujer – no sabemos que, pero tiene que ser algo poderoso y muy oculto. - Claro – dije. - ¿Y para que quieres ir allí? – dijo el primer hombre. - Verán – dije situándome en el centro del lugar – tengo que acabar con los zombis y encontrar al brujo. - ¿Por qué? – preguntó la mujer alarmada. - Porque es mi trabajo – dije y los miré desafiante, ellos se pusieron en alerta – como también lo es acabar con ustedes. Los dos hombres se lanzaron sobre mí, pero antes que el primero me tocara mi espada le rebanó la cabeza, el otro me empujo haciéndome caer, rodé y me puse en guardia de nuevo, ellos me miraban esperando mi ataque, se les notaba cierto temor, incluso los depredadores mas grandes sabían reconocer a uno más fuerte que ellos. Continúa.
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