CAPITULO III - NUEVA VIDA

4983 Palabras
No dormí casi nada esa noche, pero no la pasé mal, a decir verdad, me sentía muy cómoda envuelta en los brazos de Javier, el sol comenzó a salir y las alarmas comenzaron a sonar, yo estaba despierta desde hacía un par de hora. Lucas se despertó primero, luego de desperezarse se sentó en la cama y al ver la posición en la que nos encontrábamos me sonrío y luego se metió al baño. Lentamente fui volteando al sentir que Javier se revolvía de a poco en la cama, al parecer no quería despertarse, quedamos prácticamente de frente, con nuestros rostros muy cerca, el abrió los ojos y me dedicó una tímida sonrisa, pero segundos después, cuando terminó de despertarse y entendió lo que pasaba abrió los ojos como platos y saltó fuera de la cama, con cara de espanto, yo no pude evitar reír. - Tranquilo – dije mirándolo de pies a cabeza, ya que sólo llevaba un pantalón – no voy a morderte - él se tocaba el cuello buscando alguna señal de que yo había utilizado mis colmillos en él - a menos que me lo pidas – dije seductoramente, y me miró molesto - ¿me tienes miedo? – Pregunté poniéndome de pie - ¿crees que voy a beber tu sangre cuando estés descuidado? – me acercaba, él se alejaba, era muy divertido ver su rostro, intentaba permanecer seguro, pero me temía, cuando estuve a unos pasos hice el gesto de una mordida, lanzando un pequeño gruñido, el dio un pequeño salto, repetí la acción avanzando más, hasta que quedo contra la pared, me acerqué a él y olí su cuello, la verdad no pensaba morderlo, pero cuando sentí el aroma de su sangre y el latir de su corazón me moría de ganas por probarlo, pero tenía que luchar contra mis instintos, así que respiré profundo y luego lo miré, él estaba pálido - ¡Bu! – le dije muy cerca de su rostro, claro que por nuestra diferencia de altura, mi aliento dio en la parte baja de su mandíbula, él me observó unos segundos desconcertado para luego mostrarse enfadado, me empujó pero suavemente, yo no pude contenerme más y comencé a reír a carcajadas, en eso salió Lucas del baño sonriendo y levantó su mano para chocar la mía, Javier se metió al baño cerrando de un portazo, nosotros reímos con más ganas. - Que perversa – me dijo cuando nos calmamos un poco. - El me inspira – dije y volvimos a reír, Lucas terminó de vestirse (salió con el pantalón del baño) y salió para que yo me vistiera, Javier seguía en el baño así que decidí ganar tiempo y cambiarme allí, y justo cuando terminaba de quitarme el pijama, él salió, sólo envuelto en una toalla de nuevo, no pudo evitar mirar todo mi cuerpo, y yo no pude evitar notarlo. Nos quedamos unos segundos sin saber que hacer. Como él no se movía tomé mi ropa de una silla y me dirigí al baño, pero Javier no se quitaba del umbral de la puerta, me paré frente a él - ¿Vas a dejarme pasar? – pregunté suavemente, él sonrío de medio lado y se puso de lado dándome lugar, mi brazo rozó su torso al pasar, pero él no se movió. Cerré la puerta tras de mí, y comencé a tirarme aguar fría en el rostro, sentía que la temperatura me había subido a mil, me sentía muy excitada, tuve que contar hasta mil para no salir y violarlo ahí mismo, no entendía de donde provenía tanta energía s****l, yo no era una persona que se dejase llevar por los instintos y siempre había controlado mis impulsos sexuales, pero ahora el deseo se hacía cada vez más grande, por el bien de mi moral tenía que alejarme de Javier, definitivamente no iba a volver a dormir con él e iba a evitar por todos los medios encontrármelo semi-desnudo. Cuando salí ya no estaba en la habitación así que me dirigí fuera, estaban esperándome en el estacionamiento, me uní a ellos, él sol todavía no terminaba de salir. - Buenos días Amanda – me saludó sonriente Marcos. - Buenos días Marcos, Azul – dije a ambos. - Buenos días – dijo ella - ¿dormiste bien? – no sé si fue el instinto o que lo que me hizo mirar a Javier, y él hizo lo mismo, nuestros ojos se encontraron unos segundos. - La verdad no dormí mucho – dije bostezando – no tenía sueño anoche, pero ahora me siento cansada, debo tener el sueño cambiado. - Eres un vampiro – dijo Marcos como si fuera lo más obvio, pero yo le pedí una explicación con los ojos – tu vives de noche, el día lo duermes, si bien la luz del sol no te desintegra, te debilita, por eso el cansancio. - Oh – dije entendiendo todo – y por eso en la noche me siento con muchas energías – él asintió – genial – dije – ahora voy a poder salir a divertirme de noche y dormir todo el día sin sentirme culpable – todos menos Javier rieron. Fuimos al parador a desayunar, previamente yo me bebí mi vaso de sangre, luego pedí panqueques, huevos revueltos, café, jugo, un batido y una tarta. La mesera me miraba sorprendida cuando me trajo el pedido yo solo le sonreí - ¿Y que más cambio en mí? – pregunté a Marcos, él me miró y sonrió. - Muchas cosas – dijo sentándose derecho – eres más fuerte, rápida y ágil – yo lo miraba atenta – tus sentidos están más desarrollados, todos ellos, la oscuridad no representa una dificultad para ti, puedes moverte con toda naturalidad sin nada de luz a tu alrededor – eso me gustaba – pero tus instintos más básicos también estarán más presentes – eso no tanto – de verdad me sorprende mucho tu autocontrol, no sé cómo es que no te has lanzado sobre algún cuello aun, porque está en tu naturaleza, eres como un animal muy desarrollado – dijo. - ¿Un animal? – dije algo ofendida – yo soy una persona sumamente racional – dije muy segura – nunca hice nada por instinto, y no pienso hacerlo. - Eso está bien – dijo – pero no puedes negar lo que eres, por ahora estas bajo control, pero en algún momento esa fiera que tienes dentro de ti saldrá y solo actuaras por instinto. - Espero que no pase eso – dije algo decaída. - La mayoría de las personas creen que los vampiros son seres desalmados, por eso actúan de forma tan inescrupulosa, pero la realidad es que son seres que pierden la capacidad para razonar y solo hacen lo que tienen ganas. - ¿Tomas tiene alma? – pregunté bufando. - Seguramente – dijo - pero no tiene conciencia, cuando él quiere comer mata, si quiere sexo lo tiene, no piensa en las consecuencias, solo en satisfacer sus necesidades cuando surgen. - Algo así como un psicópata – dio Azul. - Un psicópata con súper poderes – dijo Lucas. - ¿Y ustedes creen que yo terminaré como él? - Eres la primera que se conserva con conciencia luego de la transformación – dijo Lucas – si no fuera porque te atravesamos una estaca podrías pasar por humana. - Espero que todo siga así – dije más para mí misma. - Estoy seguro que si te mantienes alejada de Tomas podrás seguir con tu vida sin volverte una asesina serial y una ninfómana – dijo Lucas riendo. - ¿Ninfómana? – pregunté sintiendo que me sonrojaba. - Todos tus instintos salen a flote, incluso el s****l – dijo Marcos algo incómodo. - Oh – dije recordando los deseos inexplicables que había sentido por Javier hacia unos momentos. - Bueno – dijo él – será mejor que nos larguemos así terminamos con esto – todos asintieron y salimos. Nos ubicamos en los autos como el día anterior y nos pusimos en marcha, llevábamos algo como media hora de viaje cuando el sueño me ganó y me dormí. Tuve pesadillas con los sucesos de los últimos días, pero desperté asustada cuando vi el rostro de Tomas y lo escuche llamarme algo molesto. Lucas me miró asustado por mi reacción. - ¡Esta cerca! – dije segura, porque lo sentí así, ellos se miraron y aceleraron. Lucas llamó a Marcos para informarle. Como al mediodía llegamos al destino, una casa de campo, que no se veía desde ningún camino, alejada de todo, tapada por árboles y matorrales, parecía abandonada. Caminamos por el descuidado patio que estaba adornado con talismanes y símbolos extraños por todos lados, era una mezcla entre espeluznante y fascinante. Un hombre algo mayor nos esperaba en la puerta, con una extraña arma en la mano. - Simón – dijo Marcos acercándose a saludar al hombre – tanto tiempo – ambos se abrazaron – ella es mi hija Azul – la nombrada lo saludó con la mano – caza conmigo desde que mi esposa murió - el tal Simón asentía observándonos a todos – él es Lucas Tulio, hijo de Miguel. - Un gusto señor – dijo Lucas estrechando su mano – mi padre siempre me habló de usted. - Fue un gran cazador – dijo Simón sonriendo, Lucas sonrío. - Él es Javier Vázquez – Javier estiró su mano. - Hijo de Elena y Maximiliano y nieto de Javier – comentó Simón entusiasmado, Javier sonrió – una familia de excelentes cazadores, la élite de los nuestros. - Eso se dice – comentó Javier. - Y ella es Amanda – me señaló, pero Simón no tuvo sonrisas para mí, me miró casi con asco. Yo hice una seña con la mano nada más. - Espero que tengas una muy buena razón para traer eso a mi casa – me estaba sintiendo algo ofendida, ahora era un eso. - Muy buena – dijo Marcos. - Entremos y me lo explicas – dijo Simón y nos invitó a pasar, yo avancé unos pasos, pero cuando quise pasar al pórtico algo me lo impidió, una barrera invisible que no me dejaba avanzar, todos me miraron – lo siento linda – dijo con ironía – pero trato de mantener mi casa libre de monstruos – los demás me dieron una mirada de lo siento, yo levanté mis hombros para restarle importancia y volví al patio, ellos ingresaron. Caminé por los alrededores de la casa, mirando las extrañas cosas que había ahí, de verdad que el hombre era raro. No sé cuánto estuve hasta que escuche que unos autos llegaban, me congelé pensando que podía ser Tomas, escuché que la puerta del frente se abría y los demás salían. - Clarita – dijo Simón alegremente eso me calmó y me dirigí a ellos, Simón abrazaba a una mujer de unos 35 años, junto a ella estaban dos hombres jóvenes, uno de r**a negra y otro latino, de otro auto descendieron una mujer de la edad de Simón con otros dos hombres, uno un adolescente – Elena, Max – dijo ahora Simón, y yo recordé que eran los nombres de los padres de Javier, y lo miré, él tenía la vista en el piso. Marcos se unió a los saludos, al parecer se conocían todos, presentaron a los más jóvenes y cuando todo terminó Marcos me miró. - Amanda – dijo estirando su mano para que me acercara, avancé dos pasos y los recién llegados retrocedieron, los jóvenes me mostraron sus armas, espadas y estacas, yo sonreí y retrocedieron aún más. - Las armas no sirven conmigo – dije situándome al lado de Marcos – un gusto conocerlos – dije con sarcasmo, ya estaba cansada de que esa gente me tratara como si tuviera lepra o algo peor, si era un vampiro, pero no era mi culpa y me estaba comportando más civilizada que todos ellos juntos, se suponía que yo era la asesina, pero sin embargo cada uno de ellos quería matarme, estaba sintiendo crecer en mi interior una rabia hacia esos cazadores, ¿Qué se creían? Me trataban como si yo fuera una basura, y era por lejos superior a todos ellos, en todos los aspectos. Supongo que mi mirada llena de ira los intimidó porque bajaron las amas y se alejaron de mi varios metros, solo Marcos se quedó junto a mí. - Tranquila – dijo tocando mi hombro, conté hasta 100 hasta que me calmé un poco. - Terminemos con esto así no tenemos que aguantarnos más – miré a Simón, el tragó en seco y asintió. Entró a la casa, las mujeres lo siguieron, salieron con una mesa baja, redonda y siguieron trayendo cosas, yo estaba impaciente, nerviosa, me sentía encerrada como un león enjaulado, con ganas de golpear a alguien y estaba segura que Tomas me encontraría si no se apuraban. - Listo – dijo Simón – solo necesito un poco de tu sangre, lo miré molesta y caminé a paso firme hasta la mesa. - ¿Dónde? – pregunté, él señaló un recipiente y un cuchillo, lo tomé y me hice un tajo en la muñeca, pero nada pasó, la piel brilló y nada, lo hice de nuevo, y de nuevo, comencé a repartir cortes en mi brazo intentando que saliera un gota de sangre pero parecía que estaba acariciándome con una pluma en vez de un cuchillo, no se cuánto llevaba así hasta que sentí que alguien sujetaba mis brazos por detrás. - No va a funcionar – dijo Lucas a mi espalda – intentemos otra cosa – lo miré esperando una solución – usa los dientes – lo miré confundida – creo que va a funcionar – algo desconfiada me llevé la muñeca a la boca, lo pensé unos segundos y me mordí, por primera vez en dos días sentía algo, era un pequeño dolor, sentía la sangre correr por mis labios, rápidamente tomé el recipiente y dejé que el líquido rojo goteara dentro de él, no fue mucho, apenas unas gotas porque ni bien dejé de morderme la herida comenzó a sanar. Estaba por hacerlo de nuevo, pero Simón me detuvo. - Es suficiente – dijo y comenzó a mezclar otros ingredientes – esperemos que funcione – dijo mirándome, luego hizo que todos formaran un circulo, a mí me colocaron en el medio, pinto mi frente con lo que había mezclado, se tomaron de las manos y comenzaron a recitar algo en un idioma que no entendía, los árboles comenzaron a azotarse con fuerza, el sol se ocultó por completo, el cielo estaba n***o, ellos estaban con los ojos cerrados, seguían en lo suyo, pero alrededor parecía que el mundo iba a acabarse, comencé a sentir un gran dolor en la frente, luego en el pecho, cada vez era más intenso, tanto que no pude quedarme de pie y caí al piso, me retorcía intentando que pasara, la sangre me quemaba, no quería gritar, pero no pude evitarlo, lo hice con todas mis fuerzas, grité, lloré, pataleé, insulté, por minutos que a mí me parecieron horas. De repente cuando me sentía morir un rayo de luz me golpeó en la frente, tan fuerte que mi cuerpo hizo un hueco en la tierra, de unos 3 metros más o menos, luego todo se calmó, el viento cesó, las nubes se fueron y el dolor que sentía fue desapareciendo poco a poco, abrí lentamente los ojos y me noté que estaba en un pozo, los demás me miraban desde arriba, aún en el círculo. - Creo que funcionó – dijo Simón mirando la copa donde había colocado mi sangre, luego la volteó y cenizas negras salieron de ella. - ¿Estas bien? – preguntó Lucas, yo asentí con la cabeza y me puse de pie lentamente, revisé que no me faltara ninguna parte y de un salto salí del agujero, miré para abajo y me admiré por el gran salto que había realizado. - ¿Ya no va a encontrarme? – pregunté a Marcos, él sonrió. - No podrá rastrearte tan fácilmente, pero debes mantenerte oculta, alguien como él debe tener muchos contactos. - Voy a vivir en las sombras - dije mientras sacudía el polvo de mi ropa – Bueno – dije mirando a todos, que lucían cansados, Azul estaba sentada en el portal, Javier apoyado en un auto, algunos en el suelo – muchas gracias por todo, disculpen las molestias y todo lo demás – los saludé con la mano – nos vemos, o tal vez no. - No tienes que irte tan pronto – dijo Simón – vamos a celebrar, es una costumbre entre nosotros – yo miré a los demás Azul me sonrío, Lucas también y Marcos me tomó de la mano. - Mañana te dejamos en un pueblo ahora vamos a comer – asentí. - Vamos a comer que me muero de hambre – dijo Javier y todos comenzaron a dirigirse a la casa, yo me quedé donde estaba. - Vamos – dijo Lucas. - No puedo – dije señalando el muro invisible. - Simón – lo llamó - ¿vas a dejarla afuera? – el hombre me miró por unos minutos, suspiró derrotado. - Puedes pasar Amanda – dijo y Lucas me tomó de la mano para que siguiera caminando, quise parar antes de estrellarme, pero nada impidió mi paso, entré a la casa, estaba algo deteriorada, pero limpia y acogedora, llena de libros y más cosas extrañas en medio de los muebles, pasamos a la sala y las mujeres: Azul, Clarita y Elena, comenzaron a servir aperitivos yo estaba por comer un bocadillo pero sentí nauseas al acercarlo a mi boca, me parecía basura. - Debes beber sangre primero – dijo Marcos pasándome un vaso – así tu organismo no colapsa y puede funcionar bien - asentí y comencé a beber, lo hice en tiempo récord y luego el olor de la comida llegó a mi nariz y me dieron ganas de probar todo. Pasamos a la mesa y nos sirvieron el estofado, estaba delicioso, Javier y yo terminamos antes que todos, al parecer el cazador tenía el mismo apetito que el vampiro. Los demás comían lento mientras charlaban, yo comía, Javier igual, sin prestarle atención a nadie, estábamos sentados uno frente al otro, ya casi terminábamos el segundo plato y quedaba un solo pedazo de pan, nos miramos a los ojos, luego al alimento y desesperados nos lanzamos a agarrarlo, por suerte para mí y desgracia para él, mi súper velocidad me hizo ganadora, y le sonreí burlándome de él mientras comía, el me miro molesto y volvió a su plato, me divertía mucho molestarlo, al parecer nuestra pequeña lucha por el pan, hizo que los demás nos prestaran atención. - Hijo voy por más pan para ti – dijo Elena amablemente – ¿quieres más estofado? – intento tomar su plato para servirle de nuevo, pero él lo alejó, ni siquiera la miró, ella suspiró y fue a la cocina. - Javier– dijo ahora Max, el padre – Javier – él lo miró con odio, parecía que arrojaba fuego de sus ojos – no trates así a tu madre – Javier bufó, y se levantó sin decir nada, la sala quedó en un silencio incomodo, yo miré a Lucas él me hizo señas para que saliéramos, nos levantamos educadamente y salimos. Javier estaba cerca de los árboles, caminando de un lado para otro, fumando. - No se habla con su familia – dijo Lucas, yo levanté una ceja y lo miré – eso es obvio – se corrigió – pero lo que no sabes es porque. - ¿Tiene algo que ver con la novia muerta? – pregunté. - Que sensible – bromeó – pero sí, su familia no aceptaba la relación. - Que pesados – dije. - No lo entiendes – se sentó en un extraño banquillo – nosotros no llevamos una vida como los demás – volví a hacer el mismo gesto – ya sé que es obvio pero quiero explicarte – sonreí – es por eso que un cazador se une con otro cazador y tienen hijos cazadores – ahí me cerraba un poco más. - Son un club cerrado – comenté. - Algo así – continuo – pero no es por capricho, estamos rodeados de peligro, y nuestros enemigos siempre atacan a nuestros lados débiles. - Entiendo – concluí. - Lorena – dijo – la novia de Javier era una muchacha que salvamos en un pueblo hace unos 3 años, en esos días éramos un grupo grande, con los padres de Javier, el mío, nos iba bien – comentó entre melancólico y orgulloso – cuando se conocieron el flechazo fue casi instantáneo, nunca lo había visto así, desde que conozco a Javier es un mujeriego empedernido, pero Lorena le llegó al alma, al terminar seguimos nuestro camino, pero después de dos meses él nos dejó, dijo que no podía seguir así, que quería vivir una vida normal con ella, sus padres pusieron el grito en el cielo, yo lo entendí, no estaba de acuerdo porque sabía cómo terminaría, pero no podía oponerme – tomo aire – se fue a buscarla, se mudaron juntos, comenzó a trabajar no se en que, un trabajo normal – dijo como si fuera algo extraño – yo seguí mi vida de cazador y cinco meses luego de su partida nos llamó, diciendo que unos monstruos estaban matando en su pueblo, nos dijo que eran como cinco o más, que él había acabado con dos, pero los otros seguían, necesitaba ayuda. Sus padres se negaron, no quisieron ayudar. Yo llamé a Marcos y le conté lo que pasaba, entonces él fue, yo también – suspiros de nuevo – pero llegué tarde, Marcos y Azul llegaron antes, pudieron acabarlos pero ellos habían atacado a Javier, lo dejaron muy malherido y a Lorena la mataron – sentía el pesar en sus palabras – tuvo una muerte espantosa, la desmembraron viva, comieron sus partes, y lo obligaron a ver todo – casi me muero de la impresión al imaginarme la escena – fue horrible, desde entonces el no volvió a ser el mismo, casi no habla, lo único que hace es gruñir, maldecir y matar demonios y engendros como si no importara nada más. - Es terrible – dije, tenía ganas de llorar, porque podía sentir todo lo que Javier estaba sufriendo. - Si, él culpa a su familia y a los otros cazadores, no habla con ninguno, salvo con nosotros y alguno que no sea de nuestro equipo. - Claro – dije – ellos podrían haberlo ayudado y ella estaría viva. - No – dijo una voz detrás nuestro, volteamos y vi a Simón – eventualmente ella hubiera tenido el mismo final, al hacerla parte de su vida, firmo su sentencia de muerte – se sentó con nosotros, yo estaba en el medio. - Voy a buscar algo para beber – dijo Lucas y se fue, nos quedamos en silencio unos segundos. - Ustedes podrían haberla protegido – dije segura. - Si – respondió – pero ella tendría que haber renunciado a su vida para llevar la nuestra, siempre escondida, con miedo, huyendo. - Casi como la mía – comente. - Pero tú no eres débil, ni frágil, nada puede dañarte, un humano común, puede sufrir mucho, la muerte no es lo peor que les puede pasar. - Ya lo sé – dije pensando en mí misma, cuando aún era humana. - Escucha – dijo cambiando el tono – Marcos me dice que no tienes idea de tu naturaleza, que tus instintos no salieron a flote y que no haces nada de lo uno de tu especie haría. - Es verdad – dije – no me siento un vampiro. - Pero sabes que algo cambió en ti – asentí – voy a ayudarte – lo miré sorprendida – me parece que es peligroso que andes por ahí sin saber que eres, ni lo que puedes hacer – yo asentí con la cabeza – tu esposo no va a encontrarte aquí conmigo, te quedaras y te entrenaré, te enseñaré todo lo que tienes que saber de ti misma y luego decidirás que quieres hacer de tu vida – no parecía estar preguntándome. - ¿Estás seguro? – dije tímidamente - ¿no me odias? – el rió. - No te odio – dijo serio – odio a tu especie, por lo que representan, pero tú no eres como ellos. - Eso dicen todos – comenté. - Entonces está decidido, te quedas en casa y entrenas conmigo – se puso de pie – voy a preparar tu cuarto. - Gracias – dije contenta mientras se alejaba, ya no me sentía tan perdida, el hizo un gesto con la mano quitándole importancia. Me quede con mis pensamientos un rato, luego Lucas volvió. - ¿Te quedas entonces? – preguntó entusiasmado. - Así es – dije poniéndome de pie – gracias por todo – lo abracé sin pensarlo, él se quedó quieto por unos segundo pero luego me abrazó también. - Voy a extrañarte – dijo cuando nos separamos. - Yo a ti. - ¿Listo? – preguntó Javier desde la entrada. - Listo – dijo Lucas, me dio un beso en la mejilla y otro abrazo y se encaminó hacia el coche, Javier se quedó mirándome. - Que estés bien – dijo sin acercarse – voy a seguir buscando una manera de matarte, por la dudas quieras portarte mal – sonrió, pero lo decía en serio. - Voy a estar esperando – dije y me acerque a él. - No voy a abrazarte – dijo casi gritando. - Yo tampoco – me burlé, detrás de él estaba Marcos, él si me abrazó, luego de los agradecimientos y recomendaciones me despedí de Azul, Javier y Lucas se fueron en el medio. Uno a uno se fueron todos los cazadores, eran como las 12 cuando quedamos solo Simón y yo. - Bienvenida al primer día del resto de tu vida – dijo y me dirigió a mi cuarto. Me senté en la cama a observar todo, el cuarto era tan extraño como la casa y tenía pintados símbolos por todo el piso y las paredes. Digna habitación de una bruja pensé, luego me recosté mirando el techo, donde para no romper con la "decoración", había más pinturas. No tenía nada de sueño así que quise salir a pasear, pero había otro muro invisible en la puerta, Simón estaba en la puerta de su habitación, del otro lado del pasillo. - Lo siento, pero mientras duermo prefiero que te quedes ahí dentro, ya sabes, por si tiene ganas de beber mi sangre y eso – lo dijo como si nada, yo lo miré unos segundos. - Ya que más da – dije resignada y cerré la puerta, escuché como él cerraba la suya, me acerqué a la ventana y miré el paisaje, era luna llena y alumbraba todo el monte, no se veía ninguna otra casa en kilómetros, y eso lo sabía por mi súper visión. No sé cuánto estuve ahí, cuando me cansé de estar sentada comencé a inspeccionar, encontré unos libros que "casualmente" trataban de vampiros, así que me acomodé en la cama y comencé a leer. - ¡Arriba dormilona! – alguien gritó cerca de mí, pero no tenía ganas de levantarme- ¡que te levantes! – dijo de nuevo y golpeó la cama, abrí los ojos lentamente y vi a mi casero sonriendo con maldad, sostenía un vaso de sangre en la mano y una gran taza de café en la otra - ¿Qué esperas? – golpeo de nuevo en la cama, de verdad era molesto el hombre. - Ya voy - dije casi gritando, me senté en la cama y lo miraba enfurecida – eres una verdadera molestia – dije quitándole el vaso de la mano. - Lo sé – dijo feliz – apúrate si quieres desayunar, tenemos mucho por hacer – antes de salir dejó sobre la cama una bolsa con ropa – fíjate que te sirve. - Gracias – dije falsamente. Bebí mi vaso de sangre, la tasa de café, me vestí con ropa deportiva y salí, baje la escalera sin mirar, guiándome por el olor de la comida, estaba en el último escalón cuando un gran pedazo de madera se estampo en mi estómago. - ¿Dónde están tus reflejos súper desarrollados? – pregunto burlonamente, el golpe me dolió bastante, pensé que nada podía causarme dolor. - Me dolió - dije poniéndome de pie. - Lo sé – dijo caminando hacia la cocina – está encantado. - Eres muy valiente al golpearme sabiendo que puedo matarte en un abrir y cerrar de ojos – dije caminando detrás de él, aceleradamente para asustarlo, estaba a punto de agarrarlo de la camisa cuando se volteó, sus ojos estaban negros, dijo dos palabras extrañas y comencé a flotar en el aire, mi cuerpo no me respondía, intentaba bajar o moverme y nada, el movía su mano y yo lo hacía en la misma dirección. - No soy un cazador como todos – dijo y me bajó – es verdad que no puedo matarte, pero tú no eres una amenaza para mí. - Genial – dije sincera y me metí a la cocina, nos sentamos y él sirvió el desayuno. Comimos y cuando los dos estuvimos satisfechos (yo no era la única con un apetito voraz) fuimos a "entrenar". Y así pasaron varios meses, aprendí todo lo que debía saber sobre mí misma y mis habilidades, Simón solo pudo golpearme sorpresivamente por dos semanas, luego de eso mis sentidos se agudizaron y yo esquivaba todo. También me enseñó sobre otros engendros y monstruos y como destruirlos. Aprendí a utilizar diversas armas, me había convertido en una cazadora de engendros y estaba lista para salir al mundo.
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