* * * * * * * * CAPITULO 11* * * * * * * *
La semana que pase con Eduard fue algo interesante, mayormente se encargaba de vigilar las zonas y visitar los pueblo alejados para saber como estaban todos en su manada. Era muy bien recibido por todos, y los niños y ancianos se acercan sin miedo, lo trataban como si fuera uno más de ellos.
Había descubierto la calidad de personas que eran en ese lugar, yo jamás habia podido salir del palacio por tanto tiempo, solo confiaba en los datos que me daban y creía que hacia lo correcto solo mandándoles lo necesario, pero Kiliam se hacía cargo tanto como Alpha y como Luna porque yo aún no asumía el cargo.
Pasaron los días y las noches necesarias, pronto tenía que regresar solo por una razón, quería traer a Gracie conmigo.
Había escuchado rumores de que el Alpha Kiliam había estado feliz últimamente. Mis intenciones a mi regreso serian, pedirle a Kiliam como máxima autoridad que anulara nuestro matrimonio, solo se podía hacer por traición o por una aceptación de ambas partes.
Eduard me escolto hasta las fronteras de mi pueblo y nos demoramos al despedirnos. Camine por el bosque hasta llegar a la mansión.
Al ingresar me di con la sorpresa que todos los sirvientes estaban ayudando con los preparativos y adornos en el vestíbulo.
Sofía bajo casi de puntillas las escaleras.
—Estoy embarazada—Anunció su gran noticia.
Se podía calcular que su vientre tenía más de cuatro meses, así que no pudo ser resiente. Me limité a decir y subir las escaleras
—Felicidades— Me limité a decir y quise pasar por su lado hacia mi habitación.
Pero mi vestido se quedó atascado en sus manos haciéndome caer y con ellos ella también. Por suerte solo eran cuatro escalones.
Me puse de pies en cuanto recuperé el equilibrio, pero Sofía no paraba de gritar. Pedí que el médico viniera, y le trate de levantar y hacerla sentar en la silla.
—¿Qué paso? — Pregunto este, revisando el pulso
—Se resbaló de las escaleras —
—No es cierto, me empujaste — Se quejó y agarro su estómago. — Si lo pierdo será culpa tuya.
—¿De qué hablas, ni te toque? —
—No te hagas la inocente, tengo testigos; ya verás cuando se entere Kiliam—
Mi primer día regresando ya tenía problemas, era un dolor de cabeza, subí a mi habitación y no encontré a Gracie. Así que baje hacia las habitaciones de los asistentes y la busque, pero no había.
—¿Sabes dónde está Gracie? — Pregunte a una de las que trabajaba en la cocina.
— Se le acusó de ladrona, según la dama Sofía; ella estaba en su habitación — Se detuvo secándose las manos. — Le torturaron varias veces para que admitiera quién le dijo que hiciera eso, pero al no mencionar palabras la expulsaron de la manada.
Mi cara se tornó pálida, Gracie tenía al menos unos cuarenta años; ella trabajaba desde que era una adolescente, sus padres la habían vendido y así llegó a parar a la mansión, jamás la escuche quejarse de su vida, según ella tenía tantos hermanos que cuando la vendieron se alegró porque al menos su familia mejoraría económicamente. Llevaba años conmigo y la consideraba como una madre para mí.
—¿Cuándo sucedió eso? —
—Ayer por la noche, Luna—
Agache la cabeza de agradecimiento y salí corriendo de la cocina.
—Katherine, ¿Qué significa esto? — Grito la voz de Kiliam pero seguí corriendo.
Llegue después de media hora a las colinas que guiaban hacia la manada de Sur. Ahí era donde los expulsaban.
Ingrese con mucho cuidado al territorio ondeado. Busque entre los cuerpos botados, revise rostro por rostro.
—¡Gracie! — Exclamé al verla con ese rostro con moratones. Pero no me respondía apenas podía abrir los ojos con los golpes en su rostro.
La subí a mi espalda, mis ropas se mancharon con su sangre, estaba muy débil y solo soltaba pequeños quejidos cuando algunas ramas rozaban sus heridas. Empujé la puerta principal y subí directo a mi habitación.
—Ya me enteré de lo que le hiciste a Sofía, acaso no te preocupa que mi hijo se muera — Reclamó y solo me hice oídos sordos mientras colocaba a Gracie en mi cama.
Estaba volteado de espaldas con la mirada en la ventana y sus brazos cruzados.
—Ese hijo podría convertirse en tuyo— Informó
—¿A qué te refieres? — Le dije poniendo un trapo de agua sobre las heridas.
—Imaginemos la posibilidad de que no podamos tener un hijo, pero como mi Luna si tú adoptaras a ese niño como tuyo se convertiría en el nuevo Alpha —
—No creo estar tan necesitada de un hijo ajeno— Respondí— Además no soy estéril
Él se volteó para hablar cara a cara conmigo, pero se dio cuenta de la presencia de Gracie.
— ¿Qué hace aquí? — Dijo mirándola
— La expulsaron sin mi permiso, ella siempre me ha servido no puedo dejarla sufrir—
— Fue expulsada por varias razones—
—Pero jamás investigaste, no puedo creer que tus decisiones ahora sean influenciadas por ella, me causas lástima— Anuncie firmemente.
—¿Qué investigaste en las Tierras Oscuras? — Preguntó
— No descubrí nada, y aún descubriera algo no te lo diría, crees que puedes tratarme como un objeto cuando quieras, pero no es así — Me revelé
— Cuida tu boca Katy, no querrás quedar igual que Gracie— Levantó la voz.
En ese momento tocaron la puerta, era el doctor y el Beta.
—Los del consejo han presentado una revuelta y están renunciando a sus cargos, se necesita su presencia— Dijo el Beta
Kiliam salió corriendo de mi habitación, el doctor entro y analizo sus heridas. Tardaría dos días en recuperarse, ya que no era humana; pero aun así su estado estaría delicado.
Me dormí plácidamente y a la mañana me di un baño, mandé a que limpiaran a Gracie y salí de la mansión.
—Vigilen que nadie más que la señora de comida, entre a mi habitación—Pedí a dos guardias
Fuí a desayunar fuera del palacio, me compré algunas capas oscuras y vestimenta parecida a la que me dio Eduard, me parecía más flexible a que usar vestidos. Agarre la punta de las afiladas lanzas y me corte el cabello, como un cambio de luck. Dejé despejar mi ira en los árboles. Mañana en la noche partiría con Gracie a las Tierras Oscuras allí la ocultaría.
Al anochecer volví al palacio.
—¿Cómo que mi hijo nunca podrá ser Alpha? — Escuche la conversación de casualidad —Pero si es tu primer hijo.
—La regla exige que sea el primer hijo de la Luna, pero sé lo que debo hacer; quizás pueda convencerla o idearé otro plan—
—Prefiero el otro plan, darle a mi hijo, no me agrada—Exclamó ella molesta
Al ver como sus pasos se acercaban avance rápidamente metiéndome en mi habitación. Era difícil seguir quedándome en este lugar lleno de traición. Volví al cuarto y me encerré. Estuve pendiente en que Gracie mejorara.
Al parecer sus moratones ya habían disminuido, y su boca al menos podía abrir, ahora se encontraba durmiendo. Le volví a echar las cremas. Cuando se mejore le daría la libertad.
A la mañana siguiente ella ya se encontraba de pie, lavándose las manos.
—Disculpe Luna por causarle molestias— Me levante rápido y le di un abrazo. — Te sentirás mejor si hoy también descansas. — Siseé ayudándola a volver a la cama
—Disculpa por haber manchado su ropa, tuvo que comprarse otra. — Dijo y negué la cabeza. Ella de nuevo arrojo sangre, seguía mal y no podría partir con ella hasta la noche. —
—Pasaré el día afuera, quiero entrenar algunos golpes— Le dije saliendo de la habitación. —Gracie no salgas del cuarto, traje fruta y algunas comidas.
Me dispuse ir a entrenar mis golpes en los árboles, mis manos terminaron llenas de agallas y mis pies un poco pelados. Había pasado el día entero entrenando y solo bebiendo agua, ya se notaba que el sol estaba oscureciendo así que decidí volver a casa.
Al llegar a casa vi a los soldados cargar una camilla tapada con mantel cubriendo una silueta de un cuerpo. No se notaba señales de pelea, ni golpes. Pero sacaban el cuerpo del cuarto de tortura.
¿Qué había pasado? _ Algunas personas se encontraban tristes. Pero se mantenían alejadas.
—¿De quién es el cuerpo? — Pregunté, pero siguieron su camino afuera de la casa — ¿De quién demonios es el cuerpo? — Exclamé hecha furia
Ellos detuvieron sus pasos y yo me dispuse abrir el mantel.