* * * * * * * * CAPITULO 10 * * * * * * * *
—Invite algunos amigos a cenar — Mencionó Fadiam sonriendo molestamente a mi parecer.
A veces sentía que me odiaba, solo porque pasaba más tiempo con Eduard. ¿Acaso le gustaban los hombres?, jamás lo sabría porque no me interesaba en entablar conversación
Entre las puertas se escucharon risas y algunos golpes en las paredes.
—¡Ya llegamos! —Anunciaron su llegada un grupo de tres personas, entre ellos una chica.
La chica me analizo y me sonrió, no parecían ser tan malos como Fadiam.
Me quede en la mesa aun sin opinar, ellos hacían bromas con Eduard; y hasta me contagiaban sus sonrisas. Ya se habían presentado ante mí. Jessi y Calf eran mellizos, mientras que el chico más mayor llamado Cerrid era pareja de Jessi.
—¿En qué piensas? — Preguntó Eduard y luego puso comida en su boca
Los muros de esta ciudad no han sido violados, parecía haberse construido hace más de veinte cinco años, aunque aún faltaba completar.
Lo que significaba que en la guerra… ¿Acaso ellos no participaron?
—¿Cómo es que siguen estos muros en pie y el paisaje sin destrucciones? —Me encontré con la mirada de Calf, un chico con el cabello amarillo —. ¿Cómo…? ¿Cómo consiguieron que la ciudad no tuviera ningún daño?
El rostro de Calf se apretó y sus ojos oscuros se desviaron hacia su melliza, quien se levantó lentamente desde su sitio, para ponerse detrás de su pareja. La garganta de Cerrid se balanceaba mientras tragaba la comida que habían servido. Ambos se miraron, pero trataron de no decir nada
—El Alpha es muy poderoso —dijo Calf cuidadosamente—. Y se dedicó a su pueblo mucho antes de que asumiera el mando.
—¿Cómo sobrevivió sin ningún daño? —Insistí. Una ciudad –una preciosa ciudad, con los que podías hasta escuchar los colores– yacía a mí alrededor. Sin daño, completa. Mientras que el resto de mandas había sido dejado en ruinas. Un claro ejemplo era él mío, recién estábamos en un proceso de reconstrucción, y llevábamos trece años.
Los mellizos Jessi y Calf se miraron entre sí, algún tipo de lenguaje silencioso aprendido desde la matriz pasó entre ellos. Jessi dejó los hombros de su pareja y volvió a su sitio,
—¿Por qué tanta curiosidad? — Intervino Fadiam. —¿Acaso intentas sacarnos información?
—Fadiam, basta — Intervino Eduard —Los escondí del mapa, el terreno que todos creen que es la gran ciudad, en realidad solo son trampas; nadie más que mi pueblo sabe el verdadero camino — Me contesto Eduard. — Iré a mostrarte tu habitación, vamos Katherine
Parecía algo incómodo ante la pregunta.
Solté mis utensilios y agradecí por la comida y luego me puse de pie. Caminamos por los pasillos sujetados de la mano, hasta llegar a una habitación distinta a la que me había dado la anterior vez.
—El anterior cuarto era de mi hermanita, este es mío; pero puedes dormir aquí — Asentí la cabeza. — Disculpa a Fadiam, con todos es así
Sentí que ambos necesitamos decir algo, pero guardamos silencio.
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Caí en un sueño tan pesado que mis sueños me arrastraron hacia abajo, abajo, y abajo hasta que no pude escapar de ellos.
Yacía arrodillada con mi cabeza sobre la mano áspera de un hombre, él había puesto un cuchillo en mi cuello, poco a poco este deslizaba el cuchillo a lo largo de mi pecho, el acero raspó suavemente contra mi piel. Mis dientes me crujían de dolor al estar apretándolos.
—Mentirosa y traicionera —Gruño él—, con tu sucio y mentiroso corazón.
El cuchillo se deslizó en una caricia fresca. Luché por levantarme, pero mi cuerpo no respondió.
Ella depositó un beso en el hueco de mi garganta.
—Eres igual de monstruo que yo. —Curvó el cuchillo sobre mi pecho, realizando un símbolo en mi escote, mi corazón empezaba a latir con fuerza, que quería salirse de mi cuerpo. Empecé a sollozar al no poder defenderme ni transformarme—. No malgastes tus lágrimas, jamás te dejaré irte.
A lo lejos, alguien rugió mi nombre: rogaba por mí. Pero solo pude soltar un quejido en respuesta.
—Voy a hacer que la eternidad sea un infierno para ti—prometió él, la punta de la daga perforó la carne sensible debajo de mi pecho, sus labios se cernieron con fuerza a los míos mientras solo movía la cabeza… No quería.
Me daba ganas de vomitar y sentía mis entrañas salirse.
++++
Manos…habían unas manos sobre mis hombros, sacudiéndome, apretándome. Me retorcí contra ellas, gritando, gritando…
—¡Katherine!
La voz era a la vez la noche, el amanecer, las estrellas y la tierra, y cada pulgada de mi cuerpo se calmó bajo su primario dominio.
—Abre los ojos —ordenó la voz.
Lo hice.
Mi garganta estaba sana, mi boca algo seca, solo mi rostro estaba empapado de sudor, y Eduard… estaba encima de mí, con los ojos muy abiertos.
Toque mi cuerpo para ver si tenía algún rastro de herida, pero no había nada. Puse mis manos en la cara e intente despejar mi mente.
—Ha sido un sueño —dijo él, su respiración era tan inconsistente como la mía.
La luz de la luna que goteaba a través de las ventanas iluminaba algunas partes de la habitación. Escudriñó mi cara, aun con mi cuerpo lleno de nervios.
—Un sueño —volvió a decir.
Me desesperé al ver las paredes rasgadas y las sábanas con agujeros, trate de levantarme, pero choque con el respaldar y caí de la cama, golpeándome con el suelo.
Sus largas y calientes manos me ayudaron a levantarme, y alejaron mi pelo de la cara un momento después.
—Respira —dijo Eduard, mientras me hacía sentar en la cama. — Solo es tu imaginación.
Me apoyó en sus hombros mientras rodeaba mi cuerpo con su brazo.
—Todas las noches pasas por esto, ¿no? — Preguntó
—Los sueños cambian, pero la mayoría de las noches tengo sueños así— Admití.
— Lo sé. — Me abrazo. —Puedo sentirte.
Volamos en silencio, el silbido del viento de primavera como único sonido.
—Esta noche… Volví a sentirte. Sucede la mayoría de veces cuando estoy durmiendo y no hay un ruido externo—
—¿Puedes ver lo que sueño? —
—No, solo puedo escucharte gritar y sentir tu desesperación, aunque te escucho en un susurro.
Nuestros ojos se encontraron. Estaba demasiado oscuro para poder leer lo que había en su mirada. Fui yo quién apartó la mirada primero.
—Todavía estoy aprendiendo cómo y por qué a veces podemos sentir cosas que el otro no quiere saber —admitió—. Así que aún no tengo una explicación.
Necesitabas no estar sola…
Pero, ¿qué sobre él? Aún no sabía mucho de sus amigos y familia.
Las luces de la luna un momento iluminaron su rostro.
—Soy un monstro, ya no sé ni de que bando estoy; me siento tan confundida; en cualquier momento podría traicionarte — Me deshice del perjuicio y empecé a expresarme. —Tengo tanto miedo de perder todo lo que quiero proteger.
—Todos amamos y deseamos proteger lo más valioso para nosotros. La mayoría se convertiría en un monstruo para mantenerlo protegido; yo también lo haría por ti. Y si quieres traicionarme adelante, espere tantos años por conocerte, que estoy decidido acabar con mi vida. Pero solo destrúyeme a mí. —
—Yo jamás lo haría, son pocas las personas a las que realmente les caigo bien para protegerme — Me reí un poco
—¿Quieres que te acompañe a dormir? — Pregunto y asentí
Ambos volvimos acomodarnos en la cama, y tomé su mano. Él abrazó mi cuerpo por atrás, y abrigó mi espalda.