ANASTASIA En cuanto llegamos a Dubái nos fuimos al aeropuerto y nos subimos a un jet privado que nos trajo a Siberia donde nos subimos a una mercedes sprinter van negra que Santino rento en el aeropuerto. - ¿Falta mucho para llegar? – le pregunta la abuela cansada. Llevamos tres horas en la carretera y no hemos parado ni siquiera para ir al baño. - No. Ya casi llegamos – dice Santino. - ¿Cuánto es casi? – le pregunto con curiosidad. - Falta como media hora en coche. - ¡¿Qué?! – decimos todos al mismo tiempo. - Sí. Pero ahora vamos a parar en ese pueblo para comer, comprar comida y ropa de abrigo – dice señalando con su dedo índice. A unos metros se ve un pequeño pueblo en medio de un gran bosque nevado. - Menos mal. Yo tengo hambre – le dice Carlo. Estaciona la mercedes al lado

