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El Hilo Rojo del Mafioso

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HE
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arranged marriage
mafia
heredero/heredera
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detective
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Descripción

Cuenta una antigua leyenda que un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar el tiempo transcurrido, la lejanía del lugar o lo adverso de las circunstancias.

Santino también nació con ese hilo rojo que lo conecta con Anastasia, y tal como cuenta la leyenda, el destino los unirá en un matrimonio que significara el fin del derramamiento de sangre entre los dos clanes, o al menos eso parece.

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CAPÍTULO 1
6 años antes. - Es poca la información que pude conseguir sobre la muchacha – dice el investigador privado entregándoles un folder a mis padres con la información – Como pueden ver, siempre fue una niña muy aplicada con sus estudios, pero poco sociable según lo que me contaron sus profesores. Se graduó con honores hace un año de la preparatoria y ahora está estudiando medicina en la Universidad Médica y Científica de la Salud. No tiene novio y todos los días hace lo mismo. Sale de la casa a las seis y media de la mañana con cinco escoltas. A las siete de la mañana llega a la Universidad y en los descansos se come una pieza de fruta mientras lee. Termina las clases a medio día y se va directamente a la casa y no sale hasta el día siguiente. - ¿Tiene alguna foto? – le pregunta mi padre con curiosidad. - Sí – dice este buscando en su maletín – Tome. Mi madre inmediatamente agarra el sobre con las fotos y se pone a verlas. - Muy buen trabajo. Ni una palabra de esto a nadie, a menos que quiera quedarse sin familia – le dice mi padre provocando que este trague en seco mientras le da su cheque por los servicios realizados. El investigador sale del despacho como alma que se lleva el diablo, dejándonos solos a mis padres y a mí. Mi madre le da las fotos a mi padre para que él las vea también. - Es preciosa – dice mi padre. - ¡Oye! Me tengo que poner celosa, ¿o qué? – le pregunta mi madre a este cruzándose de brazos. - Si tuviera veinte años menos y no supiera quién es, tal vez – le dice mi padre con diversión mientras yo miro una de las fotos. No es como me imagine que sería. Me la imaginé delgada con un vestido corto ajustado y muy maquillada, pero es todo lo contrario. Es una mujer curvy en jeans oscuros, camiseta blanca holgada, su cabello pelirrojo atado en una cola de caballo alta y en su rostro ni una sola gota de maquillaje, lo cual deja a la vista sus pecas, además de que tiene esos ojos azules impresionantes. Para algunos hombres sería insignificante, pero para mí no. Es jodidamente sexy tanto que empiezo a ponerme duro solo con mirar la foto. Por desgracia, ella es la última mujer en este mundo en la cual me puedo fijar. - ¡Hijo! Ya sabes lo que tienes que hacer – me dice mi padre tocándome el hombro derecho con su mano izquierda mientras dejo la foto sobre su escritorio. - Lo siento padre, pero no puedo – le digo negando con mi cabeza. - ¿Por qué no? – me pregunta mi madre con curiosidad. ¿Qué hago? ¿Les miento? Porque si les digo el verdadero motivo por el que no puedo hacer lo que me pidieron me van a matar. - ¡Hijo! ¿Qué pasa? – me pregunta mi padre serio. - No pasa nada, pero no puedo hacer lo que me están pidiendo, es mejor que busquen a alguien más que lo haga – les digo levantándome del sillón donde estaba sentado. - ¡Santino Corleone Bianco Rossi! – dice mi madre en un tono serio impidiéndome salir del despacho. Me volteo para mirarla de frente y cuando lo hago veo la mirada de “más te vale que me digas la verdad antes de que yo la descubro por mi cuenta”. Al sentir su mirada intensa trato de esquivarla, pero no me lo permite. - ¿Es verdad lo que acabo de ver en tus ojos? – me pregunta tomándome el rostro entre sus manos para que la mire a los ojos – Contéstame Santino. - Me encantaría decirte que no madre, pero… sí – le digo agachando mi cabeza para no mirarla a los ojos. - ¿Eres consciente de lo que nos estás diciendo? – me pregunta y yo asiento en respuesta. - Sí. Actualidad. El timbre del ascensor hace que salga de mis recuerdos, salgo de este y me resulta raro que mi secretaria no esté en su puesto, pero al abrir la puerta de mi oficina la veo encima de Mario mientras este se la está cogiendo en el sofá. - ¿Qué carajos creen que están haciendo? – les pregunto enojado. - Perdón Señor – me dice Laia apenada mientras se cubre. - Les voy a dar un minuto para que se vistan – les digo antes de salir de mi oficina. Pasado un minuto sale Laia evitando mirarme a los ojos. - Recoge tus cosas. Estás despedida – le digo cuando pasa a mi lado. - Por favor, Señor. No me despida. Necesito el trabajo para mantener a mi hijo – me dice desesperada mientras llora. - En él hubieras pensado antes de ponerte a coger con Mario en mi oficina y en horas de trabajo. Estás despedida – le vuelvo a decir serio antes de entrar a mi oficina. - Santino, no puedes despedirla – me dice Mario. - ¿Ahora, aparte de usar mi oficina como motel, me vas a decir lo que no puedo hacer? – le pregunto con ironía mientras dejo el folder que traía en mi mano encima del escritorio. - Que tú seas asexual y un amargado, no significa que los demás no podamos tener sexo – me dice haciéndome enojar. - Mejor cierra esa boca antes de que se me ocurra meterte una bala en la cabeza – le digo serio. - Jamás vas a hacer eso porque en el fondo me quieres, además soy tu primo – me dice provocando que me ría con ironía mientras me siento. - Yo en tu lugar no estaría tan seguro de eso – le digo. - Puedes meterme una bala en la cabeza si así lo deseas, pero no despidas a Laia, por favor – me pide. - ¿Estás enamorado de ella? – le pregunto con curiosidad. - La verdad sí – me dice y pongo cara de sorpresa – Todo comenzó como una de las tantas aventuras que he tenido, pero al conocerla más me di cuenta de que es la mujer perfecta para mí. - ¿Quién lo iba a decir? El perro ya tiene dueña – digo con diversión. - Búrlate todo lo que quieras, pero no la despidas. - Está bien. No la voy a despedir, pero no lo hago ni por ella ni por ti, sino por su hijo – le digo provocando que suelte un suspiro de alivio – Pero como me enteré de que vuelven a estar cogiendo en horas de trabajo los despido a los dos – le digo serio. - Me parece justo. Gracias – me dice con una sonrisa. Presiono el intercomunicador e inmediatamente Laia me contesta. - Dígame Señor. - Deja de recoger tus cosas y tráenos dos cafés – le digo. - Ahora mismo, Señor – me dice con alegría. - Siéntate que tenemos que hablar de algo importante – le digo a Mario una vez deje de presionar el intercomunicador. - ¿Qué pasa? – me pregunta con curiosidad sentándose en frente de mí. - Marcus quiere reunirse conmigo para negociar – le cuento. - No estarás pensando en aceptar esa reunión, ¿verdad? – me pregunta con algo de miedo. - Llevo años planeando esto, ¿tú que crees? – le pregunto y este me mira como si estuviera loco. - ¿Te volviste loco? ¿Y si te reconoce? – me pregunta preocupado. - Estoy seguro de que ni se acuerda de mí. Yo era un niño – le digo recordando esa maldita noche – Arréglalo todo para reunirme con él esta misma noche – le pido. - Como ordenes – me dice antes de dejarme solo. Saco mi teléfono del bolsillo interior de mi americana y marco el número de una de las pocas personas en las que confío. - ¿Qué pasa bombón? – me pregunta nada más contestar la llamada. - Tengo un trabajo muy especial para ti – le digo. - ¿De qué se trata? – me pregunta con curiosidad. Le cuento a detalle de que se trata y lo que necesito que haga. - Ese favorcito te va a salir muy caro – me dice. - Un millón de dólares, ¿te parece bien? – le pregunto. - No quiero dinero – me dice de inmediato. - Entonces, ¿qué quieres? – le pregunto, aunque ya me imagino la respuesta. - Una noche contigo – me dice. - ¿Cuándo te vas a dar por vencida? – le pregunto. - Nunca porque me encantas, pero está bien. Por ahora me conformo con el millón de dólares – me dice. - Dentro de una hora te mando toda la información a tu teléfono – le digo. … De repente la puerta del restaurante se abre y veo como Marcus entra al lugar junto con varios de sus hombres. Cuando era pequeño tenía muchísimas pesadillas con él y aun las sigo teniendo por todo el daño que nos hizo, pero ahora él también no va a poder dormir de noche pensando en qué momento le voy a cortar la cabeza. - Diez minutos de retraso. Empezamos mal, Davis – le digo mirando mi reloj mientras este se sienta en la silla que está en frente de mí. La impuntualidad es una de las muchas cosas que odio. - Te ofrezco una disculpa por el retraso Corleone, pero el tráfico en esta ciudad cada vez es peor – me dice, aunque mis hombres me informaron que lleva media hora afuera asegurándose de que no le he puesto una trampa. Si supiera que con solo tronar mis dedos puedo hacer que le vuelen la cabeza de un solo balazo, pero no. Lo que quiero es que se muera de miedo como un animal cuando lo están cazando. - ¿Qué desea tomar, Señor Davis? – le pregunta el camarero. - Un Jack Daniel´s Tennessee – le dice y este asiente en respuesta antes de darse la media vuelta e irse. - ¿Qué propones para parar esta guerra? – le pregunto. - Directo al grano. Eso me gusta – me dice con una sonrisa. - Odio perder el tiempo – le digo antes de darle un trago a mi vaso de whisky. El camarero le trae su whisky a Marcus y este le da un trago. - La única forma de firmar la paz en este negocio es unir a las dos familias con un matrimonio – me dice. - Lo siento, pero no me gustan los hombres – le digo serio y este se echa a reír. - No me refería a que te casaras con mi hijo Bastian, sino con mi hija Anastasia – me dice con tranquilidad. - Vaya. La tenías muy bien escondidita – le digo con diversión – Pero no me interesa casarme. - Míralo de esta forma Corleone. Si nos unimos con ese matrimonio nos convertiremos en el clan más poderoso del mundo – me dice con una sonrisa – Piénsalo. Si serás idiota Marcus. Caíste solito en la trampa. - Está bien. Acepto casarme con tu hija – le digo luego de cinco minutos.

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