CAPÍTULO 2

2264 Palabras
ANASTASIA Me pego más al ojo de buey que tiene la puerta de la cocina para ver mejor al hombre alto y musculoso que va vestido con una gabardina negra como el resto de su ropa. - ¿Quién es ese hombre? – le pregunto con curiosidad a Ginebra, la única persona en esta casa que siento que me quiere sinceramente mientras trato de verlo mejor por el ojo de buey. Ginebra me tapa la boca con su mano para que no hable y mi padre no me oiga porque si lo hace me agarrará a golpes por estarlo espiando, así es mi vida desde que nací. Mi madre murió dándome a luz y mi padre me golpea cada vez que se le da la gana, sobre todo cuando le sale mal alguno de sus negocios. La verdad es que yo siempre he sabido desde qué tengo memoria, que no me quiere ni un poco, supongo que es porque él hubiera querido que fuera hombre como mi hermano mayor y no mujer. Las mujeres en este mundo de la mafia no tenemos voz ni voto, para lo único que servimos según los hombres es para casarnos y parir hijos. - Según escuche decir a los guardias es Santino Corleone – me dice Ginebra al oído. - ¡¿Qué?! ¿Pero qué hace ese hombre aquí? – le pregunto muy sorprendida y con mucha curiosidad. Santino Corleone es el enemigo número uno de mi padre desde hace cinco años, pero hace un año las cosas empeoraron y ahora es raro el día en que mi padre no pierde alguno de sus hombres. Mucha gente dice que Santino es el mayor hijo de puta que tiene este mundo y varios han asegurado que en alguna ocasión este dijo que si su madre lo traicionaba la mataba él mismo, aunque yo creo que todo eso son cuentos que se inventa la gente. - No lo sé – me susurra volviendo a su trabajo – Lo único que sé es que tu padre me ordeno hacer de entrante tartaleta de brandada de bacalao al aceite de oliva, de menú principal, foie gras y de postre, chocolate y vainilla Tahití con posos de cacao y una fina crema de mascarpone – me cuenta mientras termina de hacer el foie gras a la plancha. - Esto está muy raro – digo pensativa dejando de mirar por el ojo de buey antes de que Martín, uno de los hombres de mi padre, entre a la cocina. - ¡Señorita! El Señor quiere que vaya a la sala, pero me ordeno que le dijera que se arreglara un poco – me dice algo apenado al final. - Gracias por avisarme. Ahora voy – le digo y este sale de la cocina nuevamente – ¿Escuchaste lo que me dijo Martín? – le pregunto incrédula a Ginebra y está asiente en respuesta. - ¿No te vas a arreglar? – me pregunta Ginebra preocupada cuando me ve ir hacia la puerta. - No le voy a dar el gusto – le digo antes de salir de la cocina. Nada más entrar al salón me encuentro con la mirada desaprobatoria de mi padre por no haberme arreglado, pero también me encuentro con la mirada grisácea, casi transparente y analizante de Santino. Ahora que lo veo más de cerca y de frente, tengo que reconocer que es sumamente guapo. Su cabello rubio estilo the goatee bun top knot que le queda perfecto con la forma cuadrada de su cara y con esa barba de tres días perfectamente arreglada al igual que sus cejas que por cierto en su ceja izquierda tiene una pequeña cicatriz que se la atraviesa. - ¡Hija! Me gustaría presentarte a tu futuro marido – me dice mi padre con una sonrisa falsa mientras veo como Santino se pone de pie. ¡¿Qué?! ¡¿Futuro marido?! - Es un placer conocerte Anastasia – me dice tendiéndome su mano en la cual tiene varios tatuajes, entre ellos un escorpión, el cual da la sensación de que te va a morder cuando te estrecha la mano, puesto que en el dedo pulgar e índice tiene tatuadas las pinzas, una S con el número 11. - Me gustaría decir lo mismo, pero no puedo – le digo sería sin estrechar su mano provocando que se le escape una sonría. Qué sonrisa más hermosa tiene. ¿Es en serio, Anastasia? ¿Te parece bonita su sonrisa? - ¿Cómo te atreves a decir eso? Vas a ver – me dice mi padre levantándose del sillón mientras se acerca a mí. Cuando está cerca de mí levanta su mano para golpearme, pero su mano no llega a mi cara porque Santino la detiene. - Solo te lo voy a advertir una vez Marcus. Le pones una sola mano encima y la paz que acabamos de firmar se termina – le dice Santino en un tono frío soltando su mano. ¿Leyeron eso? Ahora sí que no entiendo nada. - Te recuerdo Santino que estás en mi casa, así que si me vuelves a tocar o a amenazar sales en una bolsa de plástico de aquí – le dice mi padre serio, pero Santino ni se inmuta, al contrario, se le escapa una sonrisa malvada nada que ver con la de hace rato. - Y yo te recuerdo que me la acabas de prometer como esposa, lo que quiere decir que prácticamente ya es una Corleone, además no me creas tan tonto como para venir con solo tres escoltas. Ahora mismo hay un francotirador apuntándote a la cabeza y si te importa una mierda tu vida déjame mostrarte unas fotos que te van a gustar mucho – le dice Santino mientras saca un sobre blanco del bolsillo derecho de su gabardina – ¡Mira! – le dice pasándole el sobre. Mi padre abre el sobre y saca las fotos y por primera vez veo miedo en sus ojos y la verdad es que siento cierto gusto. - Yo en tu lugar le enseñaría a tu hijo a no irse a un motel con una mujer que tiene cinco minutos de conocer cuando hay una guerra entre clanes – le dice Santino. Bastian es la copia de mi padre, pero con la pequeña diferencia de que este solo piensa en sexo, con decirles que sería capaz de meterse a la cama con una escoba si está vestida de mujer. No les voy a mentir diciéndoles que lo quiero y que es el mejor hermano del mundo porque no es así. Además, a mí siempre me ha mirado de una manera muy rara. - ¡NO TE ATREVAS A HACERLE ALGO PORQUE SI NO…! - ¿Sino qué? ¿Vas a matar a mi familia? – le pregunta desafiante Santino – Antes de que los mates tú los mato yo primero. Al parecer los rumores sobre Santino son ciertos, sería capaz de matar a su familia con tal de no ser derrotado por mi padre. - Tranquilo que tu querido hijo ahora mismo es mi seguro de vida y también es una garantía de que vas a mantener la paz. Mi amiga lo va a dejar libre luego de que Anastasia y yo estemos casados – le dice Santino. Mi padre respira hondo para tratar de calmarse, pero en el fondo sé que quiere matar a Santino. - Creo que es mejor olvidar esto y que nos centremos en la organización de la boda – le dice mi padre tratando de ocultar su enojo – ¿Cuándo va a ser? - Dentro de dos días, pero antes de ultimar detalles me gustaría hablar unos minutos con Anastasia a solas – le dice Santino. - Está bien – le dice mi padre no muy convencido luego de meditarlo un rato – Voy a ver cómo está la cena mientras ustedes hablan a solas. - Espero que no se te haya ocurrido la fantástica idea de decirle a la cocinera que le echara veneno a la comida para matarme. Recuerda que tengo a tu hijo en mi poder – le dice Santino mientras este sale del salón echando humo por las orejas. Una vez mi padre nos dejó solos el silencio lleno todo el salón y no pude evitar ponerme nerviosa al sentir la mirada de Santino sobre mí. - ¿De qué quieres hablar conmigo? – le pregunto disimulando mi nerviosismo. - ¿Qué te parece si salimos al jardín a tomar aire? – me pregunta y yo asiento en respuesta. En cuanto salimos al jardín por la puerta corredera del salón, Santino saca del bolsillo interior de su gabardina un estuche de acero, el cual tiene grabadas las iniciales S.C.B.R. - ¿Gustas? – me pregunta ofreciéndome un cigarrillo. - No, gracias – le digo y este agarra uno y lo enciende permitiéndome ver en su mano izquierda otro tatuaje de una rosa junto a la frase "Το να σε αγαπήσω ήταν εύκολο, το να σε ξεχάσω είναι αδύνατο" (Quererte ha sido fácil, olvidarte es imposible) – Y tú tampoco deberías fumar, si no lo sabes el tabaco provoca enfermedades pulmonares y en el peor de los casos cáncer. - Me alegra que te preocupes por mi salud – me dice con una sonrisa mirándome fijamente a los ojos, provocando que me ponga más nerviosa de lo que estoy – Tranquila, no voy a fumar más – me dice apagando el cigarrillo y guardándolo nuevamente en el estuche. - ¿De qué quieres hablar conmigo? – le pregunto cambiando de tema y esquivándole la mirada. Me agarra la barbilla con mucho cuidado haciendo que vuelva a mirarlo a los ojos. - Nunca me vuelvas a esquivar la mirada. - ¿Y si lo hago qué? – le pregunto desafiante provocando que una pequeña sonrisa se le escape. - No te voy a pegar si es lo que crees, pero no confió en la gente que no me mira a los ojos – me dice con suma tranquilidad mientras me suelta la barbilla. Santino me desconcierta mucho, no se parece en nada a los otros hombres de la mafia que he conocido. Cualquiera de ellos me hubiera volteado la cara por desafiarlo, pero no sé qué esperar de Santino y eso me preocupa mucho más. - Sé que no te hace gracia tener que casarte conmigo y a mí tampoco me gusta esta situación, pero es la mejor forma de parar esta guerra – me dice con calma luego de unos minutos – Y como no me gusta obligar a las mujeres a nada, te pregunto. ¿Te quieres casar conmigo o prefieres seguir aguantando los golpes del animal que dice ser tu padre? - ¡¿Qué?! ¡¿Cómo…? - Yo sé todo de ti Anastasia – me dice interrumpiéndome – Conozco hasta el más mínimo detalle. Incluso sé que la ropa interior que llevas puesta en este momento es de color rojo – me dice y siento un escalofrío recorrerme de pies a cabeza. ¿Cómo sabe de qué color es mi ropa interior? “Ahora mismo hay un francotirador apuntándote a la cabeza” ¡Claro! El francotirador. Seguramente lleva desde ayer vigilando la casa y todos nuestros movimientos. - ¿Me vas a contestar la pregunta que te hice o no? ¿Te quieres casar conmigo o prefieres seguir aguantando los golpes del animal que dice ser tu padre? – me vuelve a preguntar. - ¿Para qué me preguntas si me quiero casar contigo? Ambos sabemos que si me niego mi padre me mata. Más bien dime tú a mí, ¿por qué te quieres casar conmigo? Y no me vuelvas a repetir que es para terminar con esta guerra porque a mí tú no me engañas. A ti la paz no te importa en lo más mínimo – le digo provocando que una media sonrisa se le escape. - Si te digo que te quiero, ¿me creerías? – me pregunta mientras me rodea la cintura con sus brazos para pegarme a él. Su agarre es fuerte, pero no tanto como para lastimarme. - No, y no me toques – le digo de inmediato tratando de que me suelte y ocultando lo nerviosa que estoy de tener su cuerpo tan pegado al mío. ¡Joder! Este hombre es todo músculo, no tiene ni una pizca de grasa. - Tienes toda la razón, la paz me importa una mierda, pero a ti te quiero… en mi cama – me dice casi rozando mis labios con los suyos antes de soltarme. No puedo negar que este hombre me gusta y mucho, pero su interés por mí me hace desconfiar de él porque no soy como las otras mujeres de la mafia que tienen cintura de avispa, sus tetas llenas de silicona, al igual que su trasero, a las que me imagino que él debe de estar acostumbrado. - Te recomiendo que te sientes para que no te canses de esperar porque, aunque me case contigo, jamás me vas a tener en tu cama – le digo seria y este se echa a reír. - Eso ya lo veremos – me dice todo egocéntrico. - Disculpen, pero el Señor los está esperando en el comedor para cenar – nos dice Martín desde la puerta corredera del salón. Inmediatamente, entramos y nos dirigimos al comedor donde mi padre ya nos estaba esperando tal como nos dijo Martín y en cuanto nos sentamos a la mesa Ginebra y las demás empleadas empezaron a servirnos.
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