CAPÍTULO 3

2065 Palabras
ANASTASIA Santino y mi padre hablaron de los preparativos de la boda durante la cena que, por cierto, fue la cena más incómoda del mundo porque se podía cortar la tensión con un cuchillo, es más, hubo momentos en donde creí que mi padre le iba a cortar el cuello a Santino porque este no estaba de acuerdo con nada de lo que proponía. - Mañana paso a buscarte temprano para que vayamos a comprar tu vestido de novia y también para que hablemos con el padre – me dice Santino mientras lo acompaño hasta la puerta. - Está bien – le digo sin ánimo. - Que pases buena noche, Anastasia – me dice con una media sonrisa tomando mi mano entre la suya provocándome una descarga eléctrica cuando sus labios dejaron un beso en ella. Mi corazón estaba a punto de salirme por la boca por culpa de ese gesto de su parte que no me esperaba. - Buenas noches – le digo. Cuando cierro la puerta me llevo la mano a mi corazón para tratar de calmarlo, pero no lo consigo. Al girarme para subir a mi habitación me encuentro con mi padre, el cual me está mirando muy enojado. - ¡¿DESDE CUÁNDO CARAJOS CONOCES AL HIJO DE PUTA DE SANTINO?! – me pregunta furioso. - Desde hace dos horas – le digo y trato de subir a mi habitación, pero este me agarra del brazo impidiéndomelo. - ¡NO ME MIENTAS! – me dice apretando su mandíbula y su agarre en mi brazo. - No te estoy mintiendo – le digo tratando de zafarme de su agarre – Además te recuerdo que no me dejas salir de la casa sin ti o sin alguno de tus matones. - ENTONCES, ¿POR QUÉ CARAJOS ME ENFRENTO EVITANDO QUE TE DIERA UNA CACHETADA POR IRRESPETUOSA? – me pregunta soltándome. - Tal vez porque a él aún no se le ha olvidado que nació de una mujer como a ti – le digo señalándolo con mi dedo índice. Este levanta su mano para pegarme, pero al final se arrepiente y se va dejándome sola, supongo que recordó la amenaza que Santino le hizo sobre terminar con la paz firmada, además de que tiene a Bastian en su poder. … - ¡Ginebra por favor! Acompáñame – le pido mientras desayuno – No quiero estar sola con Santino todo el día. - Está bien – me dice antes de soltar un suspiro pesado – Le voy a pedir permiso a Don Marcus y tú mientras tanto termina de desayunar. - ¿Qué suerte tiene Señorita? – me dice Stela, una de las muchachas de servicio, cuando Ginebra nos deja solas. - ¡¿Por qué lo dices?! – le pregunto confundida y con curiosidad. - Se va a casar con el bombón de Santino – me dice casi babeando al decir su nombre – Yo en su lugar estaría feliz de estar todo el día con él, es más, dejaría que me hiciera lo que él quisiera. ¿Qué le pasa a esta descarada? ¿Cómo se atreve a decirme esto? Me va a escuchar. - ¡Niña! – me llama Ginebra evitando que le diga unas cuantas cosas a la descarada de Stela. - ¿Qué pasa? – le pregunto viéndola entrar a la cocina nuevamente. - Don Marcus me dio permiso, además el Señor Santino ya llego y te está esperando afuera – me dice mientras se quita su mandil y veo como la descarada de Stela se va hacia la ventana para verlo. - ¡Stela! ¿Si quieres le pido una foto firmada para ti? – le pregunto seria provocando que se aleje de la ventana – Escucha muy bien lo que te voy a decir – le digo acercándome a ella – Espero que sea la primera y la última vez que me digas que mi prometido es un bombón por qué la próxima vez te corto la lengua. Veo como esta traga su saliva con dificultar mientras me mira con algo de miedo antes de darme la vuelta. - Muy bien hecho – me dice Ginebra con una sonrisa mientras salimos de la cocina. Al abrir la puerta principal inmediatamente veo a Santino, el cual hoy viene vestido con unos jeans n***o, un t-shirt del mismo color, una cazadora de cuero negra con el forro interior de piel de borreguito y unas botas Chelsea negras. Este al vernos bajar se aparta de su Bentley Continental GT convertible n***o, en el cual estaba apoyado. - Buenos días – nos dice. - Buenos días – le decimos las dos al mismo tiempo. - Te presento a Ginebra – le digo. - Mucho gusto – le dice Santino tendiéndole su mano. - El gusto es mío Señor – le dice está estrechándole su mano. - ¿Espero que no te moleste que Ginebra nos acompañe? – le pregunto. - Por supuesto que no, además tu padre les ordeno a diez de sus hombres que también nos acompañen – me dice este con una media sonrisa. Al mirar a mi alrededor veo a los hombres de mi padre subirse a las dos Jeeps negras blindadas, pero también veo una Cadillac Escalade negra, que supongo que es de los hombres de Santino. Santino nos abre la puerta del coche para que subamos y le da al asiento del copiloto hacia adelante para poder acceder a los asientos traseros. - Permíteme – le dice Santino a Ginebra ayudándola a entrar en el coche. - Gracias – le dice Ginebra con una sonrisa una vez está sentada en el asiento. Luego de que yo me senté en el asiento del copiloto, Santino cerró la puerta y le dio la vuelta al coche antes de subirse y poner rumbo a la ciudad. … Santino estacionó el coche en frente de la Iglesia de la Trinidad en Wall Street. Espero un rato a que sus hombres aseguraran el lugar junto con los de mi padre y luego se bajó del coche y nos abrió la puerta para que bajáramos. Al entrar nos encontramos con un montón de turistas, puesto que esta iglesia es una de las más visitadas. Comenzamos a buscar al padre Patrick Taylor entre la multitud de turistas. - ¿Podemos hablar con usted, padre? – le pregunto y este asiente en respuesta. - Por supuesto. ¿Para qué soy bueno? – nos pregunta este. - Él es mi prometido y resulta que nos vamos a casar mañana y nos gustaría que usted oficie la ceremonia – le digo y este nos mira muy sorprendido. - Lo siento, hija, pero mañana ya tengo otra boda programada – me dice este apenado. - Pues cancélela porque mañana nos casa a Anastasia y a mí – le dice Santino todo serio. Pero… ¿Qué hace? - ¿Por qué las cosas contigo Santino siempre tienen que ser de un día para otro? – le pregunta el padre mirándolo seriamente. ¡¿Qué?! ¡¿De dónde conocerá el padre a Santino?! - Está bien. Los veo mañana para unirlos en santo matrimonio – nos dice este antes de que otra pareja se acerque a hablar con él. Aunque me muero de ganas de saber de dónde conoce Santino al padre, no le voy a preguntar, no quiero que piense que me importa. ¿A quién quieres engañar Anastasia? Santino te importa, aunque te cueste admitirlo. ¡Ya cállate maldita conciencia! Salimos de la iglesia poniendo rumbo al centro comercial Westfield Word Trace Center para comprar el vestido y los anillos. - Compra el vestido que más te guste, por el precio no te preocupes – me dice Santino en la puerta de la tienda antes de que Ginebra y yo entremos. La dependienta me enseño un montón de modelos y comencé a probármelos, pero ya llevo casi dos horas y a Ginebra no le gusta ninguno. - Como este no te guste me caso en jeans – le advierto a Ginebra desde el interior del probador. Salgo del probador para ver qué opina y me encuentro con Santino sentado en uno de los sillones, pero de Ginebra ni rastro. Este al verme se le escapa una sonrisa, una de esas que hacen que una mujer babee por un hombre. - Yo no tengo ningún problema en que te cases conmigo en jeans, pero déjame decirte que ese vestido se te ve hermoso – me dice mirándome de pies a cabeza. - ¡¿Qué haces aquí? ¿A caso no sabes que es de mala suerte que el novio vea a la novia con su vestido puesto antes de la boda? – le pregunto tratando de cubrirme con la cortina del probador. - Lo sé, pero hace mucho tiempo que la mala suerte y yo hicimos un pacto de amistad – me dice levantándose del sillón y acercándose a mí. - ¿En dónde está Ginebra? – le pregunto retrocediendo hasta que choco con el espejo que hay en la pared del probador. - Me dijo que tenía que comprar unas cosas que necesitaba para la boda– me dice aprisionándome contra la pared con sus brazos a cada lado de mi cabeza. ¡La madre que la parió! Como me haya dejado a solas con él a propósito, la mato. - Pero antes de irse me dijo que me portara bien contigo si no me las iba a ver con ella – me susurra en el oído – ¿Tú crees que Ginebra sería capaz de matarme si adelanto nuestra noche de bodas? ¡¿Qué?! - Ella no sé, pero yo si como me toques – le digo ocultando el miedo que siento en este momento. - Vamos a ver si eres capaz de matarme – me dice sacando su pistola – Toma – me dice ofreciéndomela luego de cargarla – Lo único que tienes que hacer es agarrarla, apuntarme con ella y apretar el gatillo. Creí que se iba a sorprender al verme agarrar la pistola, incluso tenía la esperanza de que iba a tener miedo cuando le apunté con ella a la cabeza, pero no fue así, lo que vi en sus ojos hizo que bajara la pistola y se la devolviera. - ¿Por qué tienes más miedo de vivir que de morir? – no pude evitar preguntarle mientras veo como guarda la pistola detrás de sus pantalones. - Porque como dice la canción “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida” y a mí no me gustan las sorpresas, además desde que nací la muerte y yo caminamos de la mano como hermanos, así que no le tengo miedo – me dice con suma tranquilidad antes de escuchar a alguien toser. - Perdón Señor, pero tiene una llamada – le dice uno de sus hombres a Santino nervioso. Santino agarra el teléfono y contesta la llamada. - Cosa sta succedendo? (¿Qué pasa?) – le pregunta Santino serio a la persona que llamo en italiano. Alguna vez escuché que el lenguaje más sexy era el italiano y nunca lo creí hasta ahora que escucho a Santino hablarlo, aunque no entiendo nada de lo que dice. - ¡¿Quello?! ¡¿Come è riuscito a scappare Carlo?! (¡¿Qué?! ¿Cómo que Carlo se escapó?) – se queda callado y veo como su mirada cambia de tranquilidad a furia – ¡Dannazione! Non me ne frega un cazzo di quello che devi fare, ma tróvamelo adesso e se sai pregare, fallo perchè quello che ti farà mio padre sará una puntura di vespa in confronto a quello che ti farò io (¡Maldita sea! Me importa una mierda lo que tengan que hacer, pero me lo encuentran ya y si saben rezar háganlo porque lo que les hará mi padre será una picadura de avispa comparado con lo que les haré yo) – le dice furioso antes de colgar. Me sorprende que Santino esté furioso y no haya grita como energúmeno como hace mi padre cada vez que algo le sale mal. Después de esa llamada Santino estuvo muy pensativo, incluso me atrevería a decir qué preocupado el resto del día, tanto que no le puso atención a los anillos que nos mostraron en la joyería y yo junto con Ginebra terminamos escogiéndolos.
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