CAPÍTULO 4

1996 Palabras
SANTINO Me despierto como todos los días a las siete de la mañana, pero con la pequeña diferencia de que hoy me caso con Anastasia y no puedo negarles que estoy feliz por eso, ya que significa que hoy empieza la caída de Marcus y también porque mis hombres encontraron a Carlo antes de que pasara una tragedia. Me meto a bañar con agua fría. Si ya sé. A ustedes no les gusta bañarse con agua fría, pero ayuda a mejorar la circulación de nuestro cuerpo, también ayuda a regular nuestra temperatura corporal, alivia la tensión de nuestros músculos, además hace que nuestro sistema inmunológico se fortalezca, eso sin contar que hace que nuestra mente se mantenga despierta y reduce los niveles de estrés entre muchas cosas más. Luego de bañarme y rasurarme me meto al vestidor para ponerme el traje de tres piezas en color azul royal que compré exclusivamente para el día de hoy. - ¿Adelante? – digo mientras me arreglo los puños de la camisa. - Ya todo está preparado – me informa Mario entrando a mi vestidor. - Muchas gracias – le digo y cuando levanto mi mirada me sorprende mucho lo que veo en el espejo. Me volteo para verlo de frente mientras trato de aguantarme las ganas de reírme porque jamás creí que mis ojos llegarían a ver a Mario con un traje y mucho menos con corbata, puesto que los odia. - Cómo que te tomaste muy en serio esto de la boda, ¿no? – le pregunto. - Ni se te ocurra reírte porque lo del traje no fue idea mía, fue una orden de tu madre y tú mejor que nadie sabes cómo se pone cuando no obedecemos sus órdenes – me dice serio provocando que no aguante más mis ganas de reírme mientras me ajusto la corbata – No te burles hombre porque para ti tus padres también tienen una orden que no te va a gustar nada – me dice. - ¿Qué orden? – le pregunto con curiosidad dejando de reírme. - Como no pueden estar presentes en la boda, mandaron a varios camarógrafos y fotógrafos para no perderse ningún detalle de esta y me pidieron que te dijera que ni se te ocurra intentar echarlos porque no se van a ir – me dice. - Esto era lo último que me faltaba para tener la boda de mis sueños – digo con ironía poniéndome el chaleco. Odio que me tomen fotos o me graben desde que era pequeño porque eso me recuerda a… - Eso no es todo – me dice sacándome de mis pensamientos y llamando mi atención nuevamente – Me pidieron que te dijera que por lo que más quisieras te controles y no mates a Marcus en plena boda. - Me cuesta mucho controlarme cuando lo tengo en frente, pero diles que cuenten con eso. ¿Ya hay gente vigilando la iglesia? – le pregunto mientras me abrocho el chaleco. - Sí y también el hotel. - Muy bien. Nadie dispara, nadie mueve un dedo si yo no doy la orden – le digo mientras este agarra la chaqueta del traje. - Así va a ser – me dice ayudándome a ponerme la chaqueta para que no se arrugue – Estás muy guapo. - Tú también – le digo con diversión mirándolo de pies a cabeza – Hasta pareces un agente de la CIA – le digo para molestarlo. - ¡LA MADRE QUE TE PARIÓ! – me dice enojado mientras yo salgo de la habitación riéndome. … La música comienza a sonar atrayendo mi atención hacia las puertas de la iglesia e inmediatamente veo como Marcus trae fuertemente agarrada del brazo a Anastasia haciendo que mis ganas de matarlo crezcan cada vez más, pero no puedo hacer nada por el momento. Respiro hondo para tratar de calmarme y me fijo en lo hermosa que se ve Anastasia con ese vestido de encaje tan popular entre las novias por su corte estilo sirena, el cual se amolda a cada curva de su cuerpo y ciñe perfectamente su cintura. Su cabello ondulado rojizo suelto y en sus manos un ramo de rosas rojas. Una vez Anastasia estuvo cerca, Marcus me tendió su mano, la cual estreche con fuerza porque quería que sintiera un poco del dolor que seguro sintió Anastasia al tener su mano agarrando su brazo, y estoy seguro de que lo logre por la mirada de alivio que puso cuando deje de estrechar su mano. Levante su velo y luego entrelace su mano con la mía, sintiendo como ella se estremeció antes de mirar al padre Patrick, el cual comenzó con la ceremonia de inmediato. Durante la ceremonia no puede evitar mirar a Anastasia de reojo porque se veía hermosa. Una vez el padre me dijo que podía besarla la mire y me di cuenta de que estaba nerviosa, así que le acaricie las mejillas con mis manos para tratar de tranquilizarla mientras acercaba mis labios a los suyos. Cuando por fin uní nuestros labios sentí que ese era mi lugar en el mundo, ya que no quería que ese beso se terminara nunca, pero por otro lado me sentí como un cerdo. En el momento en que dejamos de besarnos todo el mundo empezó a aplaudir mientras caminábamos por el pasillo de la iglesia tomados de la mano rumbo a la salida en donde nada más salir, empezaron los fotógrafos a tomarnos fotos mientras los invitados nos felicitaron. Cuando los fotógrafos se cansaron de fotografiarnos le abrí la puerta del coche a Anastasia y la ayudé a subirse y en cuanto subí yo el chofer puso rumbo hacia el hotel The Times Square Edition donde se va a llevar a cabo la celebración. Al mirar a Anastasia me doy cuenta de que está aterrorizada porque se está rascando el cuello. - Tranquilízate y deja de rascarte el cuello, te lo vas a dejar en carne viva – le digo agarrándole la mano para que deje de rascarse. Le agarro la barbilla con mi otra mano libre, no muy fuerte, pero sí lo suficientemente firme para que me mire a los ojos. - ¡Mira! Para que te calmes y te relajes en cuanto terminemos con el show este nos vamos a ir y tú vas a tener una habitación para ti sola. No te voy a poner una sola mano encima, así que tranquilízate. No soy tan malo como crees – le digo con toda sinceridad. - No entiendo – me dice confundida – ¿Entonces para qué te casaste conmigo? - Llegado el momento lo vas a saber – le digo con una media sonrisa antes de que el coche se detenga. Nada más bajarnos del coche y entrar al hotel, un camarero nos recibe con dos copas de champaña. - Por ningún motivo te separes de mi lado – le susurro en el odio provocando que todos los presentes empiecen a murmurar lo enamorados que estamos. Termine mi champaña de un solo trago y deje la copa sobre la mesa. … - ¿Me concedería el honor de bailar conmigo, Señora Corleone? – le pregunto a Anastasia una vez terminamos de comer haciéndola sonreír, supongo que la pregunta le causo gracia. - No sé bailar – me dice. - Bueno. Entonces, permíteme ser tu profesor de baile – le digo mientras la envuelvo en mis brazos – Cierra los ojos, relájate y disfruta de la música – cierra sus ojos tal y como le dije – Ahora deja que mi cuerpo guíe al tuyo. Llevamos dos minutos bailando cuando… - ¡Santino! – me llama Marcus acercándose a nosotros provocando que dejemos de bailar – ¿Me permites bailar con mi hija? En ese momento Anastasia hizo más fuerte su agarre en mi mano dándome a entender que no quería bailar con él. - No – le digo serio provocando sorpresa en este. - ¡Perdón! - Te he dicho que no vas a bailar con ella – le digo. - ¡Es mi hija! – me dice. - Ya no es tu hija, ahora es mi esposa y no se me da la gana de que bailes con ella – le digo acercándome a él – Espero que no le hayas pegado porque como vea un solo moretón en su cuerpo antes de soltar a tu hijo lo voy a usar de saco de boxeo. ANASTASIA Hoy en la mañana cuando me desperté el miedo me inundo porque pensé que este día iba a ser el día más infeliz de mi vida, pero Santino con su caballerosidad y protección está haciendo que todo ese miedo desaparezca por completo. Cuando mi padre le pidió a Santino bailar conmigo, este le dijo que no, cosa que le agradezco. Además, una vez la tarta fue cortada me dio unas cuantas cucharadas de su plato haciéndome sentir especial. Cada acción suya me sorprende más que la anterior. - ¡Perdón por interrumpirlos! Pero necesito hablar contigo un momento a solas. Es urgente – le dice un hombre de estatura media, cabello n***o y ojos marrones en un tono preocupado a Santino provocando que dejemos de bailar. - Me disculpas un momento – me dice y yo asiento en respuesta. Comienzan a hablar y veo como la mirada de Santino se va directamente hacia dónde está mi padre, el cual veo que saca su pistola de detrás de sus pantalones y la carga antes de apuntar con ella, pero no apunta a Santino, sino que me apunta a mí. Cierro mis ojos e inmediatamente, escucho el sonido de varias balas saliendo de la pistola, pero no siento el impacto contra mi cuerpo, así que abro mis ojos y veo a Santino tambalearse delante de mí mientras siento que alguien me agarra y me pone a cubierto detrás de una de las columnas del salón. - ¡Mario! Saca a Anastasia de aquí. Ya sabes a donde la tienes que llevar – le dice Santino al hombre con el que estaba hablando antes y el cual me puso a cubierto mientras le responde a mi padre y se cubre también detrás de otra columna. - No te voy a dejar solo – le dice Mario a este disparándole a los hombres de mi padre. - Haz lo que te estoy diciendo ¡ES UNA ORDEN! Este hace lo que Santino le ordeno y me saca escoltada por varios hombres. - No podemos dejar a Santino solo. Mi padre lo va a matar – le digo muy angustiada mientras salimos corriendo del hotel. - No te preocupes por Santino, que él sabe arreglárselas solo y no va a dejar que Marcus lo mate tan fácil – me dice mientras nos subimos a una camioneta negra y en cuanto nos subimos esta sale a gran velocidad del lugar. La camioneta se detiene a unas tres cuadras del hotel justo al lado de un edificio lleno de oficinas. - Ya saben lo que tienen que hacer – les dice Mario a los hombres que nos acompañan. - Sí, Señor – le dicen todos al mismo tiempo antes de que este y yo nos bajemos de la camioneta. Cuando estos se van nosotros entramos al edificio y nos dirigimos al ascensor. Una vez dentro de este, Mario marca el botón del último piso. Al salir del ascensor comenzamos a subir las escaleras que llevan a la azotea y nada más abrir la puerta veo un helicóptero blanco en medio del lugar y a cuatro francotiradores con pasamontañas observando hacia el hotel. - ¡Anastasia! ¿Estás herida? – me pregunta Mario. Al mirarme veo que mi vestido blanco tiene unas manchas de sangre. - No – le digo y este se mira el cuerpo. - Entonces si tú no estás herida y yo tampoco, eso quiere decir que el que está herido es… - ¡Santino! – digo en un susurro terminado la frase.
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