CAPÍTULO 5

1958 Palabras
ANASTASIA - Tenemos que regresar por él – le digo a Mario. - No – me dice agarrándome del brazo impidiéndome ir hacia la puerta de la azotea – Santino me dio una orden y si no la cumplo soy hombre muerto. - ¿Y qué? ¿Vas a dejar que mi padre lo mate? – le pregunto incrédula. - Marcus no lo va a matar – me dice muy seguro. - ¿Por qué estás tan seguro? Tú no conoces a mi padre, él… - ¡A ver, cálmate! – me dice provocando que me dé cuenta de que estoy respirando con dificultad – No lo va a matar porque Santino tiene una carta bajo la manga que Marcus no se imagina – me dice Mario con una sonrisa. - ¿Qué carta? – le pregunto con curiosidad. - Lo siento, pero no estoy autorizado a decírtelo, mejor pregúntaselo a Santino. Ahora por favor sube al helicóptero – me pide señalándolo. Hago lo que me pide y veo como Mario se acerca a uno de los francotiradores y le dice algo antes de subirse al helicóptero e inmediatamente salimos de allí. En menos de quince minutos llegamos a una especie de finca, la cual tiene una pista aérea y al fondo de esta se puede ver un avión. - Gracias Stefano – le dice Mario antes de abrir la puerta del helicóptero y bajarse – Vamos. Baja – me dice. Me desabrocho el cinturón y con la ayuda de Mario me bajo de este y en cuanto nos alejamos el helicóptero se va. Entramos a una especie de granero encontrándonos con las dos personas que menos esperaba. - ¡Ginebra! ¡Martín! ¡¿Qué hacen aquí?! – les pregunto con curiosidad. - Es una historia muy larga, niña – me dice Ginebra abrazándome. - Tengo todo el tiempo del mundo para escucharla – le digo. - Está bien, pero primero te tienes que quitar toda la ropa y todas las joyas que tienes puestas incluyendo la diadema del cabello – me dice seria. - ¿Por qué? – le pregunto confundida. - Para asegurarnos de que no tienes ningún localizador en la ropa – me dice – Ustedes dos esperen a fuera – les dice Ginebra a Mario y a Martín. - Las esperamos en el avión madre – le dice Mario a Ginebra. - ¡¿Mario es tu hijo?! – le pregunto sorprendida y con mucha curiosidad mientras estés salen del granero. - Sí y Martín también – me dice. - ¡¿Qué?! ¡No entiendo nada! Pero la verdad es que confío más en Ginebra que en mi propio padre a pesas de que me mintió diciéndome que no tenía familia y ahora resulta que Mario y Martín, el cual la trataba con indiferencia son sus hijos. - Y eso no es todo, Santino es mi sobrino y en realidad no me llamo Ginebra sino Taciana, pero como te dije antes es una historia larga que te voy a contar después. Ahora quítate esa ropa y ponte esta – me dice entregándome una bolsa. Me quito la ropa toda y me pongo la que hay en la bolsa mientras veo como Ginebra, bueno, Taciana, pasa un aparato parecido a un abrebotellas por mis bragas, sujetador, vestido de novia, zapatos y por las joyas. - ¡No hay nada! – dice sorprendida. - ¿Por qué te sorprendes? – le pregunto con curiosidad. - Porque Martín escucho cuando Marcus le decía a su mano derecha que por medio del localizador que tú llevabas iban a dar con Santino y lo iban a matar – me cuenta – Pero no hay nada en la ropa. SANTINO Cuando Mario me dijo que Bastian se había escapado y había matado a los hombres que deje vigilándolo, inmediatamente mire a Marcus y supe que la llamada que había recibido diez minutos antes era de Bastian, el cual le debió de decir quién soy realmente y sobre todo a que vine. - ¡¿QUÉ PASO SUEGRO?! ¡¿A CASO NO TE GUSTO LA TARTA?! – le pregunto con diversión en un tono irónico luego de que Mario se llevara a Anastasia. - ¡NO VAS A SALIR VIVO DE AQUÍ MOCOSO! – me grita furioso. Saco mi móvil y le mandó un mensaje a uno de los francotiradores que tengo vigilando el lugar. Necesito que limpien el lugar porque en dos minutos voy a salir. Ya saben lo que tienen que hacer para que nadie me siga. - ¡SE TE ACABO EL REINADO MARCUS! ¡YA HUELES A MUERTO! – le digo guardando mi móvil en el bolsillo de mi pantalón antes de que mis francotiradores empiecen a eliminar a sus hombres uno a uno. En medio de la confusión de Marcus y de los pocos hombres que le quedan vivos por no saber de dónde les están disparando, aprovecho para salir del lugar y me subo a la moto de Mario y pongo rumbo a la pista clandestina mientras llamo a Adriano, uno de mis hombres de confianza para que haga lo que le pedí hace dos días. Al llegar veo a Martín y a Mario hablando con el capitán del avión. - ¡Santino! Tu brazo y tu pierna – me dice Martín señalándomelos. Al mirarme veo que tengo un rozón de bala en el brazo izquierdo y otro en la pierna derecha. - Tiene que verte un médico – me dice Mario. - Ahora no tenemos tiempo para eso. Marcus nos debe de estar buscando por toda la ciudad. Tenemos que irnos ya – les digo – ¿Dónde está Anastasia? – les pregunto. - Está con nuestra madre en el granero cambiándose de ropa – me dice. Me dirijo hacia el granero y al entrar veo a mi tía con una navaja en la mano cerca de la nuca de Anastasia. - ¿Qué haces? – le pregunto confundido agarrándole la mano para que no corte a Anastasia con la navaja. - Menos mal que estás bien – me dice Anastasia abrazándome – Estás herido. Déjame ver – me dice mirando mi brazo y mi pierna. - No es nada. Solo son rozones – le digo antes de mirar a mi tía – ¿Qué ibas a hacerle? - No me hables así niño – me dice seria – Te recuerdo que yo la he cuidado durante estos diez años y jamás le haría daño, así que bájale a tu sobreprotección, ¿quieres? Tiene un localizador en la nuca y tenemos que quitárselo antes de irnos. ¿O quieres que Marcus nos localice a todos? – me pregunta con cierta ironía. Le toco la nuca a Anastasia y efectivamente siento como algo se mueve por debajo de la piel. - Necesitamos alcohol para desinfectar la zona y la navaja antes de hacer la incisión – digo mientras busco el botiquín que está en una estantería al fondo del granero. Abro el botiquín y agarro un poco de algodón y lo humedezco de alcohol antes de pasárselo por la nuca a Anastasia. Después baño la navaja con alcohol. - Esto te va a doler un poco – le advierto a Anastasia. - ¡Ah! – se queja mientras le hago la incisión en la nuca. Guardo la navaja en el bolsillo de mi pantalón y empiezo a hacer presión con mis pulgares en su nuca de abajo hacia arriba para sacar el localizador. - ¿Cómo es que sabes tanto de medicina? – me pregunta Anastasia con curiosidad mientras le limpio la herida con alcohol una vez le saque el localizador. - En este negocio hay que saber un poco de primeros auxilios porque eso te puede salvar la vida – le digo cubriéndole la herida – Ya está. Vámonos. - No – dice Anastasia – Primero hay que curarte esas heridas. - Me las curo yo luego en el avión, ahora vámonos – le digo. - Pero… - Mejor hagámosle caso a Santino antes de que Marcus nos encuentre – le dice mi tía a Anastasia. - Está bien – dice Anastasia resignada. Salimos del granero y cuando estamos llegando al avión veo llegar uno de mis coches al lugar. - Señor. Aquí está la señorita – me dice Adriano. - Muy buen trabajo Adriano. ¿Tuviste cuidado de que no te siguiera nadie? – le pregunto y este asiente en respuesta mientras abre la puerta trasera del coche. - ¿Qué está pasando? – pregunta Mario confundido al ver bajar del coche a Laia junto a su hijo, el cual está profundamente dormido. - No pensarías que iba a dejar a tu mujer y a tu hijo aquí a merced de Marcus, ¿verdad? – le pregunto provocando que me mire sorprendido. - ¡¿Qué?! ¡¿Mujer?! ¡¿Hijo?! – dicen mi tía y mi primo confundidos mirándome a mi primero y después a Mario. - Sí. Laia es la mujer de Mario y este caballerito de tres años es su hijo – les digo. - Te mató Mario Rossi. ¿Cómo es posible que no me hayas dicho que soy abuela? – le pregunta mi tía muy enojada. - ¿Y a mí que soy tío? – le dice Martín. - Lo que pasa es que no quería exponerlos, pero ¿cómo lo supiste tú, Santino? – me pregunta con curiosidad. - Hace tres años te seguí porque llevabas meses muy raro y lo descubrí, además le pusiste Thiago como tu padre, eso sin contar que es una copia tuya en miniatura – le digo mientras veo como Thiago se despierta y frota sus ojitos. - ¡Tito! – dice el niño con alegría mientras me pide con sus bracitos que lo cargue. - ¿Usted es el famoso tito? – me pregunta Laia sorprendida mientras cargo a Thiago. - Primero no me trates de usted porque somos familia y respondiendo a la pregunta sí. Solía ir a verlo todos los días una vez que tú te ibas a trabajar a la empresa y se quedaba con la canguro – le confieso. - Santino, déjame cargar a mi nieto, por favor – me pide mi tía y yo se lo paso – Hola. Yo soy tu abuela. Qué guapo eres – le dice antes de darle un beso en la mejilla. Subimos todos al avión e inmediatamente después despegamos rumbo a Palermo (Sicilia). - ¿Quién es? – pregunto mientras me curo la herida de la pierna. Cuando ya estábamos volando me encerré en la habitación que tiene el avión para darme una ducha y curarme las heridas para que nadie me viera. - Anastasia. ¿Puedo pasar? – me pregunta desde el otro lado de la puerta. - Dame un minuto ya casi término de curarme – le digo. - Déjame ayudarte como tú me ayudaste a mí, por favor – me pide. “Tú eres mucho más que esto y la gente que te queremos te vemos con los mismos ojos de antes, hijo. Además, es la prueba de que eres uno de los seres humanos más valiente del mundo. Te puedo jurar sin temor a equivocarme que no mucha gente es capaz de hacer lo que tú hiciste.” Vamos a ver cómo reacciona Anastasia al verme. - Está bien. Pasa – le digo una vez retire el seguro de la puerta. ... Hola. Espero que la historia les esté gustando. Me gustaría saber, ¿si quieren que les suba los capítulos a medida que los escribo o prefieren que termine el libro y lo suba completo? ¿Qué opinan de la historia hasta ahora? ¿Qué creen que esconde Santino? Los leo.
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