CAPÍTULO 6

2565 Palabras
SANTINO Poco a poco la puerta se abre y veo entrar a Anastasia, la cual al verme comienza a recorrerme el cuerpo con la mirada provocando que cierre mis ojos porque desde aquella maldita noche no soporto que la gente me mire con lástima al descubrir mi mayor secreto. Al abrir los ojos y mirar a Anastasia me sorprende que está mirando la herida de bala de mi pierna derecha y no lo otro. - Siéntate, por favor – me pide y me siento en la cama. Agarra un poco de vaselina y me cubre la herida de la pierna con una capa delgada de esta con mucho cuidado para no lastimarme antes de cubrirla con una venda. - ¿Te curaste el brazo? – me pregunta. - No – le digo. Vuelve a hacer el mismo proceso en el brazo que con la pierna. - Vamos a tener que limpiarte las heridas dos veces al día con agua y aplicarte más vaselina – me dice mientras recoge el botiquín. - Como ordene doctora – le digo con diversión. - Pensé que no eras de esos que obedecen órdenes – me dice sorprendida. - Y no lo soy. Solo obedezco órdenes de las personas que más quiero – le digo mientras me levanto de la cama para ir al armario y agarrar un pantalón. - Entonces, ¿es verdad que me quieres? – me pregunta confundida. - Sí, y más de lo que puedas pensar – le digo poniéndome un pantalón n***o – ¿O crees que me pongo de escudo humano por cualquiera? - No, pero ¿por qué me quieres tanto? – me pregunta con curiosidad. - Eres muy curiosa – le digo poniéndome un polo de color n***o. - Ya que no me vas a responder a eso, ¿puedo hacerte otra pregunta? – me pregunta. - Sí, pero no te prometo contestarla – le digo. - ¿Qué te paso? – me pregunta señalando con su mirada mi pierna derecha. - Uno de los varios regalos que Marcus me ha hecho – le digo con ironía mirándola a los ojos. - ¡¿Qué?! ¡¿Mi padre te hizo esto?! – me pregunta sorprendida y confundida. Esas dos palabras me ponen de malas, pero no me puedo enojar con ella. - Sí. Por culpa de Marcus me tuvieron que hacer una amputación trastibial con tan solo ocho años – le digo. - ¡Claro! Por eso lo odias – me dice y de repente me mira como si se hubiera dado cuenta de algo más – Si crees que usándome a mí le haces daño a él estás muy equivocado. - Eso lo sé. Sé que a Marcus lo único que le importe es su niño bonito Bastian y él mismo, los demás le importan una mierda – le digo enojado. ¿Cómo puede pensar eso de mí? ¿Y qué esperabas? No te conoce, además no sabe quién eres, así que cálmate Santino, cierra los ojos y respira hondo. - No me case contigo para usarte como un arma en su contra, sino para protegerte, además eso me facilitaba colarme en su vida y destruirlo igual que las termitas destruyen un edificio de madera, pero por desgracia Bastian escucho una conversación mía con Mario y descubrió quién soy, así que el plan que tenía se fue a la mierda. - ¿Y ahora qué piensas hacer? ¿Matarme para vengarte de él? – me pregunta en un tono desafiante. Pero… ¿Acaso no me escucho lo que le acabo de decir? - ¡Contéstame! – me exige – ¿Me vas a matar para vengarte de él? - ¿Tú serias capaz de matar a quien sentiste mover en el vientre de tu madre? – le pregunto provocando que me mire sorprendida. - ¡¿Qué?! - Marcus no es tu padre. Tus verdaderos padres se llaman Michele Bianco y Danna Arianna Rossi… y yo soy tu hermano mayor. 20 años antes - Adelante – digo nada más sentir unos toquecitos en la puerta. Al abrirse la puerta veo entrar a mi madre, la cual está más guapa que nunca con ese vestido de lentejuelas con la espalda al descubierto en color n***o que se ajusta a su cuerpo y su largo cabello n***o suelto. - ¿Ya estás listo, mi amor? – me pregunta acercándose a mí. - No, madre. Me falta esto, pero no sé cómo se hace – le digo refiriéndome a la corbata. - ¡A ver! Déjame a mí. Se pone de cuclillas delante de mí y comienza a hacerme el nudo de la corbata. - Ya está – me dice con una sonrisa antes de darme un beso en la mejilla – Estás igual de guapo que tu padre. - Tú también estás muy guapa, pero te falta algo – le digo provocando que me mire confundida. - ¡¿Qué cosa?! - Esto – le digo entregándole la cajita de terciopelo en color rojo que tenía guardada en el bolsillo de la americana de mi traje azul royal. Al abrir la caja y ver lo que hay dentro me mira con esos ojos azules llenos de amor, como solo una madre puede mirar a un hijo. - ¿Y esto? – me pregunta. - Es tu regalo de cumpleaños de parte de Danna y mío. Hace unos días le pedí a padre que me llevara a una joyería para comprarle algo a madre por su cumpleaños con mis ahorros y termine comprándole un collar de oro en forma de corazón, el cual le mande a grabar lo siguiente: “Dicen que todas las madres son especiales, pero a nosotros nos tocó la mejor de todas. Tú. Por eso nuestra deuda contigo siempre será eterna. Te amamos.” Y junto a la frase hay una foto donde aparecemos los tres juntos con padre. - ¿Te gusta? – le pregunto con curiosidad. - Me encanta, pero… tu hermana y tú son mi mejor regalo – me dice con una sonrisa – ¡A ver! ¿Me ayudas a ponérmelo? - Sí – le digo antes de agarrar el collar y ponérselo. … La casa está llena de nuestra familia, amigos y altos cargos del gobierno que vinieron a festejar el cumpleaños de mi madre. - Santi agua – me pide Danna. Agarro su biberón y le doy agua. - Despacio – le digo al verla beber tan deprisa. - ¡Primo! Vamos a jugar – me dice Mario. - Es de mala educación levantarse cuando los demás aún están comiendo – les digo. - No seas amargado y ven a jugar con nosotros – me vuelve a decir Mario. - Cuando terminemos de comer. - Si no quiere venir déjalo – le dice Martín a su hermano. Estos salen corriendo a jugar al jardín. - ¿No quieres más? – le pregunto a Danna una vez me devuelve el biberón. - No. De repente se escuchan disparos y estallidos de granadas que hacen que todos nos alarmemos mientras entra Andrea, el jefe de seguridad de mi padre corriendo a la casa junto con Mario y Martín. - Señor. Marcus nos está atacando – le dice provocando que mi padre lo mire sorprendido. - ¡¿Qué?! - Son muchos hombres, Señor. Además, tienen armamento militar. No creo que resistamos por mucho tiempo. - Llévate a los niños y a las mujeres al búnker y no te separes de ellos por ningún motivo. ¿Me escuchaste? – este asiente en respuesta. - Michele, ¿Qué vas a hacer? – le pregunta mi madre preocupada mientras carga en brazos a Danna, la cual está llorando. - Enfrentarlo. No voy a permitir que les haga daño primero va a tener que matarme – le dice acariciándole la mejilla antes de hace lo mismo con Danna y conmigo – Toma – le dice entregándole una de sus pistolas a mi madre. - Ten mucho cuidado, por favor – le pide nuestra madre angustiada – Te quiero. - Y yo más a ustedes. … - Mi amor, ven aquí, cálmate – me dice mi madre atrayéndome a sus brazos. Llevamos mucho tiempo metidos en el búnker y yo no he dejado de dar vueltas pensando en mi padre y en mi tío, pero no soy el único que está preocupado porque tanto mi madre, mi tía y mis primos están igual que yo. Ahora mismo me gustaría ser grande para poder ir y ayudarlos a defender a la familia. - Tu padre y tu tío están bien – me dice abrazándonos a Danna y a mí. Ojalá sea así porque si no yo mismo mato al tal Marcus. - Padre – digo con alegría al sentir que se abre la puerta, pero esa alegría se esfumó cuando escuche un disparo. Veo como Andrea cae al suelo e inmediatamente entran cuatro hombres vestidos de n***o y uno de ellos remata a Andrea en el suelo de un disparo en la cabeza. - Ya saben qué hacer – dice el hombre que le disparo a Andrea en la cabeza a sus compañeros. Al escuchar eso, mi madre nos puso a Danna y a mí detrás de su espalda para protegernos antes de que los hombres empezaran a disparar contra todos los que estábamos allí. No pude evitar cerrar los ojos hasta que escuché a mi madre hablar. - Baja el arma. ¿O quieres terminar como tus compañeros? Al abrir los ojos lo primero que veo es a mi tía y a mis primos en el suelo llenos de sangre, al igual que todos los demás. - ¿No me escuchaste? – le pregunta mi madre al único hombre que seguía vivo mientras lo apunta con la pistola que mi padre le dio. Tres segundos después mi madre le dispara en la cabeza y este cae al suelo. - ¿Están bien? – nos pregunta preocupada. - Sí, pero la tía y los primos… - ¡Qué tierno! La leona defendiendo a sus cachorros – dice una voz grave provocando que miremos hacia la puerta. Es un hombre grande, fuerte de ojos negros igual que su cabello. - Ni te atrevas, Marcus – le dice mi madre apuntándolo con la pistola mientras este se acerca a nosotros. - Entrégamela – le dice mientras se acerca a nosotros. - Primero te mato antes de entregártela. - Si no escuche mal disparaste nueve veces eso quiere decir que no tienes balas, así que deja de jugar y entrégamela – le dice Marcus a mi madre mientras yo busco con la mirada la pistola más cercana hasta que la veo. - ¿Qué le hiciste a mi padre? – le pregunto preocupado. - Lo mate – me contesta con una sonrisa macabra – Pero no estén tristes que muy pronto lo van a ver en el infierno. - ¡Maldito! Me lo mataste – le dice mi madre llorando mientras lo golpea en el pecho con sus puños. Yo aprovecho que está distraído y agarro la pistola con mis manos. “Recuerda hijo. Cuando uno saca un arma es para usarla, no para amenazar” - ¡SUELTA A MI MADRE! – le grito furioso cuando veo que la tiene agarrada por el cuello. - ¿Si no lo hago qué? ¿Me vas a disparar? – me pregunta con cierto sarcasmo mientras lo apunto con la pistola. “Extiende los brazos e inclínate un poco hacia adelante. Bien. Ahora alinea las mirillas, respira hondo y cuando sueltes el aire aprietas el gatillo”. Respiro hondo y tal como padre me explico aprieto el gatillo cuando suelto el aire, la bala sale a gran velocidad e impacta contra el hombro del desgraciado de Marcus provocando que suelte a mi madre y que me mire furioso. - ¡MALDITO MOCOSO! ¡VAS A VER! – me dice y veo como lleva su mano hacia su espalda, pero antes de que pueda sacar su pistola le vuelvo a disparar dándole esta vez en el pecho Cuando veo que Marcus cae al suelo bajo el arma. - Madre. ¿Estás bien? – le pregunto preocupado soltando la pistola. - Sí, mi amor – me dice acercándose a Danna y a mí. - Madre, tenemos que ir a buscar a padre. - Sí, pero no te separes de mí – me dice cargando a Danna en sus brazos. Cuando estábamos a punto de salir del búnker… - No tan rápido. Me volteo y veo a Marcus de pie apuntándonos con su pistola. - Al parecer el hijo de puta de tu padre te ha enseñado bien, si no llego a tener el chaleco antibalas me habrías matado – me dice con su sonrisa macabra. - Te aseguro que la próxima vez voy a tenerlo en cuenta y te voy a disparar en la cabeza – le digo serio provocando que se ría. - Lástima que no vas a tener otra oportunidad para hacerlo – me dice y aprieta el gatillo, pero la bala no me da a mí sino a mi madre que se puso en medio. Esta cae al suelo y veo que la bala le dio en el vientre. - ¡Madre! ¡Aguanta! – le digo arrodillándome y taponándole la herida con mi americana. - Prométeme que cuidaras de tu hermana – me pide agarrándome la mano. - Te lo prometo. ¡Madre! ¡No! ¡Madre! – digo cuando cierra los ojos y deja de apretarme la mano – ¡AH! ¡AH! – grito furioso mientras me le voy encima a Marcus. Lo golpeo con todas mis fuerzas, pero este ni se inmuta, al contrario, se echa a reír mientras yo comienzo a llorar. - Ya no llores más que te voy a mandar con tus padres al infierno – me dice en un tono burlón empujándome – Buen viaje – me dice antes de dispararme. La bala impacta contra mi pecho provocando que caiga al suelo, pero no me desmayo. Veo como Marcus se acerca a Danna que está llorando y la carga en brazos antes de salir del búnker. “Prométeme que cuidaras de tu hermana” Al recordar la promesa que le hice a mi madre, no sé cómo me levanté del suelo y salí detrás de Marcus dando tumbos, ya que apenas me podía mantener en pie. Cuando por fin logre alcanzar a Marcus este estaba colocando a Danna en la parte de atrás de una camioneta mientras sus hombres seguían disparándole a los de mi padre. - ¡No lo puedo creer! – dice sorprendido al verme antes de dispararme en la pierna derecha – Pero… ¿Por qué no te rindes? – me pregunta al ver que me arrastro por el suelo y me pongo delante de la camioneta. - Devuélveme a mi hermana – le digo en un susurro. - Ya que las balas no te detienen, no me dejas de otra – me dice antes de subirse a la camioneta. Ayudándome del morro de la camioneta me levanto del suelo mientras Marcus hace que la camioneta ruja pisando el acelerador. - ¡SANTINO! Al mirar quién me está llamando veo que es mi padre, el cual viene corriendo hacia mí, pero antes de que llegue Marcus me atropella y todo se vuelve negro.
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