Cuando llegó la noche me alisté para ir al club, dado que hoy me toca trabajar allí. Por suerte. Mis noches se me hacen más llevaderas cuando me tengo que ir. Además del plus, de que siempre me vuelvo acompañado por una hermosa mujer. Y siendo honestos, eso es lo unico que hace que la vida sea un poco más soportable. Eso y descargar mi ira matando a personas hijas de puta.
El lugar se encuentra repleto, como todo fin de semana. Desde que Izan lo abrió para todo público, cambió mucho el aire aquí. En el buen sentido. Se volvió uno de los clubes más populares y concurridos de la ciudad.
La música movida suena alto. El DJ pone los temas que están de moda, así que no hay nadie que no esté bailando. Yo, por otro lado, estoy detrás de la barra, ayudando a reponer las bebidas. En un momento aparto la mirada y distingo entre la gente a una muchacha de largos rizos oscuros, abrirse paso en mi dirección, sin apartarme la mirada de encima. Me resulta vagamente familiar, por lo que deduzco que debe ser una de las tantas mujeres con la que he pasado mis noches.
Al quedar frente a la barra, junto a mí, se inclina hacia adelante para de ese modo quedar más cerca. - Hola Astor. - me saluda dedicándome una sonrisa seductora. - Hacia unas noches que no te veíamos por acá. Se te extrañaba.
¿Se me extrañaba? Ja. Esa es la ridiculez más grande que he oído. Se bien que solo lo dice porque quiere que la lleve devuelta a mi cama. Pero eso no va a suceder. Y lo sabe. Aun así no la culpo por intentarlo, por más que la haga fastidiosa.
- Mis turnos de la semana se habían acabado. - respondo, sin darle mucha importancia, continuando con mi atención en lo que estoy haciendo.
- ¿Qué dices si hoy repetimos aquella noche que ambos la pasamos tan bien?
Enseguida poso mi mirada firme en ella. - No. - niego tajante. - Como digo siempre, "Es algo de una noche". Y yo mantengo mi palabra. Además, habiendo tantas mujeres, ¿por qué voy a desperdiciar y pasarla dos veces con la misma?
Con la yema de su dedo acaricia mi brazo en movimientos lentos y provocadores, sin dejar de lado esa sonrisa pícara.
- Anda Astor, puedes romper esa regla por mí. No soy una de las tantas. - sigue. - De igual forma, no es que pretendo una cita, o que me compres flores. Solo será follar como conejos en tú habitación. - acerca sus labios a mi oído. - No suelo decirlo, pero... me has hecho ver las estrellas. - vuelve a mirarme, expectante. Se muerde el labio inferior.
- Lo máximo que puedo ofrecer es una noche. - sentencio con mi semblante serio. - Ten algo de amor propio, y busca a alguien que te merezca. - agrego con fastidio y rodeo la barra para largarme de allí.
- ¡Eres un idiota arrogante, Astor! - oigo que grita a mis espaldas.
- Si, si, ya lo he oído, nada nuevo. - sigo sin detenerme.
Voy avanzando por el club, mientras voy mirando en cada dirección para asegurarme de que todo está en orden y que no hay ninguna clase de inconveniente. La gente sigue bailando animada la música que suena, otros están pidiendo tragos en las distintas barras, hay quienes charlan en las áreas vips dónde pusimos alguno que otro sillón o banqueta, también los que fuman a un costado para no molestar a quienes no lo hacen.
Todo parece indicar que será una noche tranquila y sin inconvenientes.
O eso es lo que creo. Sin embargo, el universo me odia...
La cosa iba bien al visualizar la cabellera roja de Larissa, destacándose entre la multitud con intensidad; incluso cuando vi a Axel a su lado mantuve la serenidad. Sin embargo, al ver la mirada perdida del niño, enseguida se apoderó de mi esa irritación que solo él consigue provocar.
Voy hacia ellos, y me freno al quedar frente suyo. Miro a la ocasionante de todo, quien está en medio de ambos.
- Tú te estas buscando una lobotomía. - sentencio.
- ¿Qué? En mi noche libre. - se excusa. - Y el tío Mason me pago para que separé por unas horas a su hijo de su novia la computadora. Teme que comience a orinar en los vasos que tiene acumulados en su habitación.
- ¡Ey! ¡Eso no es cierto, zanahoria! - exclama el rubio, indignado.
Ella lo mira fulminante. - Cierra la boca, cara de moco.
- ¿Por qué has traído al niño al club? - inquiero molesto.
- Porque nunca ha venido de fiesta, y teníamos que celebrar a Rain. - responde la pelirroja sonriente.
- Tú eres responsable de lo que le pase. - la apunto con el dedo. - Si algo llega a sucederle, lo que me haga Izan, yo te lo haré a ti luego.
Pone los ojos en blanco. - Tranquilo, solo bailaremos y tomaremos unos tragos. No terminaremos desnudos en la ruta, haciendo dedo para regresar a casa.
Frunzo en ceño. - No quiero a nadie ebrio por la mañana. - hablo firme.
- Deja que Rain se divierta por una noche. - continúa Lari. - Si quiere terminar ebrio, bueno, es su elección, no tuya. Es un muchacho independiente.
- No hablen como si no estuviera aquí. - dice el niño con fastidio, haciendo que pose mis ojos en los suyos, los cuales me miran fijo.
Suspiro hastiado. - Bien, hagan lo que quieran, pero luego no vengan a mí con quejas o problemas. Que no soy el padre de ninguno.
- Tranquilo, no lo haremos. - Lari palmea mi brazo.
- Deja de decirme "tranquilo". - hablo entre dientes, irritado. - Solo ocasionas el efecto contario.
- Es que a ver si te tomas un té de tilo, Astor. Hoy estás más cascarrabias que lo usual. - se queja la pelirroja. - Y yo que creía que nadie iba a destronar al tío Cass de su título de malhumorado, y llegaste tú.
- Váyanse lejos de aquí, no quiero verlos en mi campo de visión. Por lo que no anden cerca mío.
Lari mira a Axel. - Ven, vamos a la barra por unos tragos. - le dice. - Podemos preguntar si te pueden hacer un batido de chocolate, ya que no tienes tolerancia para las cosas fuertes. - agrega burlona y se encamina hacia allí.
El rubio chasquea la lengua. - ¡Solo fue una vez la que vomite! - exclama enfadado. - ¡Y porque antes me obligaste a comer ese perrito caliente de procedencia dudosa! - va detrás suyo dando grandes zancadas para seguirle el paso.
Al volver mi vista al niño, veo que él también tiene la suya puesta en mí. Solo se escucha la música estruendosa de fondo.
Por lo menos no es uno de esos silencios que solemos tener.
- Llevan peleando desde que dejamos la casa. - menciona, luego de un momento en el que tan solo nos miramos.
- Si, tienden a hacerlo. - digo. - Literalmente se criaron juntos. De bebes los metían en el mismo corral, y Lari siempre le estaba tironeando los dos cabellos rubios que tenía el otro en la cabeza.
Ríe. - Así que se remonta desde entonces.
- Si, y no va a culminar nunca. - continúo. - Ni aunque lleven 10 años de casados.
Me mira alzando las cejas. - ¿Cómo? - pregunta confundido.
- Si, es obvio que van a terminar así.
- ¿Se... se gustan? - pregunta extrañado.
Ahora soy yo quien no puede evitar reír al ver esa expresión de confusión en su rostro.
- Si. - respondo. - Todos lo sabemos, menos ellos dos.
- Pero... todo el tiempo están peleando.
- ¿Nunca has oído el dicho "Los que se pelean se aman"?
Menea la cabeza. - Creo que sí. - afirma, pero no muy convencido.
- Bueno, va por ahí la cuestión.
- Ah... - susurra. Queda pensativo.
- ¿Qué? - pregunto con fastidio, al ver esa indecisión en su rostro.
Ahora sonríe divertido. - Es que tú y yo también solemos pelear.
Frunzo en ceño, enojado. - No te atrevas a insinuar algo como eso. - digo tajante, muy irritado. - O tú vida como Rain va a acabar mucho antes de siquiera haberla empezado.
Ríe. - Si que es divertido fastidiarte. - dice sonriendo. - Solo bromeaba.
- Ya no lo verás tan divertido cuando en verdad saques mi lado malo. - hablo amenazante.
La sonrisa se borra de su rostro y queda con una expresión neutra. - No entiendo porque te lo tomas tan así, a la defensiva. De haber dicho eso alguna mujer, probablemente te hubieras reído.
- Si, porque lo habría dicho una mujer.
- ¿Y qué más da quien lo diga? Si solo fue una broma. Hasta yo sé que no hay que tomarse enserio esas cosas.
- Pues a mí no me hacen gracia, porque insinúan algo que no soy. - digo. - YO NO SOY GAY. - agrego tajante.
- ¿Enserio tienes ese pensamiento? - inquiere. - Siendo que tienes dos hermanos que son felices con otros hombres. - Puedo ver la decepción en su mirada. - Vaya, te creía diferente...
- ¿¡Y a mí que más me da lo que tú creas de mí!? - exclamo molesto. - Nunca me ha importado la opinión de nadie, mucho menos me va a venir a importar la tuya.
Asiente con lentitud, como si estuviera algo conmocionado. Traga. Después sonríe con algo de tristeza. - Ten buena noche, Astor.
Y dicho eso, me pasa de largo y comienza a caminar lejos de mí, en dirección a dónde fueron Lari y Axel.
Quedo allí parado, sin poder moverme. No puedo hacer reaccionar a mis piernas. Siento como si tuviera un nudo en mi garganta, y me forma una sensación de malestar en el estómago. Pareciera que me hubieran dado una paliza.
Ese niño sí que consigue irritarme hasta en lo más profundo. Es tan insoportable a un extremo que consigue traspasar aquella coraza que me forje a mí mismo. Dónde nadie suele llegar a ese punto, todos se quedan en la superficie. Sin embargo está consiguiendo adentrarse, y no va a terminar bien para él. Va a conseguir que en verdad le termine disparando.
¿Cómo se atreve a juzgarme? No sabe una mierda sobre mí.
¿Y qué demonios me importa lo que ese niño tonto e ingenuo piense de mí? Solo me interesa la percepción que tengo de mí mismo. No le debo nada a nadie. No estoy para complacer a las personas, o para ser de la forma que ellos crean que debo ser.
¿Lo decepcione? Bueno, que se una al club.