Pasaron tres días.
Izan me llamó para informarme que hoy llegarían Miss Corea y Miss Coreita, de Seúl, por lo que los tres estarían por la tarde en la casa.
Para sorpresa de nadie, a Milo, Dexter y Lari les emociono la idea de tener a Jun con nosotros por un tiempo. El dúo dinámico porque les entretiene todo lo que altere la rutina. Y a la pelirroja porque de ese modo dejaría de ser la más pequeña del clan, además de la más nueva.
Todavía ni llego el niño, y ya me estoy arrepintiendo de haber accedido. Va a perturbar todo aquí.
Siento como si me hubieran dado para cuidar al hermanito menor que nadie quiere. El molesto, castroso y fastidioso, que tú madre te obliga de que vigiles que no sé meta una crayola por la nariz.
¿Así lo habrán sentido mis hermanos cuando nuestros padres los obligaban a llevarme a algún lado?
Siempre estuve celoso de que ellos fueran más seguidos en cuanto a edad. En parte me sentía excluido. Novak tenía a Kirian, y viceversa. E Izan tenía a Kai, y viceversa. Yo, por otro lado, era el hermanito menor irritante. Y luego, el problemático. Nunca una cualidad positiva. Supongo que lo que dicen es cierto, toda familia tiene que tener una oveja negra. Y me toco a mi cubrir esa vacante disponible.
Después de que tuviéramos la reunión semanal, y de entrenar por algunas horas, salgo de la morada camino a mi habitación para ducharme y cambiarme de ropa, ya que por la noche tengo que ir al club.
Me freno en seco cuando oigo que suena el timbre de la puerta. Extrañado me acerco hasta allí y abro. Por más que sabía que venían, no puedo evitar sorprenderme al ver a los tres del otro lado. Izan y Miss Corea están uno al lado del otro, el primero con una sonrisa y el segundo con una expresión más neutra. Detrás de ellos, entremedio está el niño que lleva puesta una sudadera con la capucha cubriéndole la cabeza.
- ¿Por qué demonios tocas? - inquiero con fastidio, dándome la vuelta y alejándome. - Creí que eras alguien vendiendo biblias, ya estaba por correrte de aquí a los tiros. - vuelvo a girarme para verlos. Los tres entraron. - Me haces venir hasta la puerta, no tenemos mayordomo.
- Ya no vivo aquí, se siente raro entrar así nomás. - responde mi hermano.
- Viviste aquí la mayor parte de tú vida. No digas idioteces. - digo tajante.
Izan me señala con la mirada a quien tiene a su lado, y se perfectamente que es lo que quiere.
Así que reúno toda mi fuerza y paciencia, y poso mi atención en Miss Corea.
- ¿Qué tal el viaje? - pregunto formal, tratando de no sonar muy odioso.
- Bien. - responde él, también intentando ser formal por Izan.
Esa arrogancia y altanería, junto a esa sonrisa presumida que lo ha caracterizado este tiempo que estuvo aquí parece haber desaparecido. Su rostro refleja cansancio, además de unas pronunciadas ojeras que lo acompañan.
Dirijo mi vista atrás y al posarla en el Hyun menor me llevo la impresión de que este no parece estar mejor. No puedo evitar sorprenderme. Toda esa aura de felicidad e imperatividad que desprendía parece haberse apagado.
Me muerdo la lengua para no hacer un comentario ofensivo al respecto. Mi hermano me observa agradecido.
Se forma un silencio bastante incomodo y tenso.
- Ven, se mostraré la habitación que yo solía usar. - dice Miss Corea, y se encamina hacia las escaleras, a lo que su hermano lo sigue, subiendo a la par.
Vuelvo a sorprenderme al ver en la parte trasera del cuello del menor el tatuaje de una mariposa.
¿Siempre lo tuvo? - no puedo evitar pensar.
Regreso la vista a mi hermano, quien me observa con atención.
- ¿Qué le hicieron? - pregunto extrañado. - ¿Lo traumaron con sus tenidas de sexo por toda la casa? Parece bastante trastornado, más que aquí yo lo llevaría a un psiquiátrico.
Lanza un suspiro pesado. - Como te he dicho, no anda muy bien. - susurra.
- Siendo honesto, creí que exagerabas, ya que tiendes a hacerlo.
Pone los ojos en blanco. Su semblante se pone serio. - Solía ser más elocuente y bocón que Atlas, pero últimamente apenas si dice palabra. - menciona con preocupación. - Atlas no quería dejarlo aquí, pero sé que será lo mejor para Jun. - sonríe de costado. - Los Marshall somos irritantes.
Frunzo el ceño. - ¿Esa es la verdadera razón por la que lo has traído aquí?
Se le forma una sonrisa divertida y triunfante. - Si. - responde sin titubear. - Porque eres un fastidio, y es imposible que alguien pueda quedarse callado y no ponerte en tú lugar. Jun no podrá contenerse de darte pelea, eres irritante.
- Y tú eres un hijo de puta. - sentencio molesto.
- Anda, será divertido. - palmea mi brazo.
- Vaya concepto tienes tú de diversión.
Me observa con suavidad. - Escucha... - hace una pausa. - Cuando yo lo necesite, que me encontraba mal y sin rumbo, Arwen estuvo ahí para mí. - vuelve a quedar callado por unos segundos, pero ya sé lo que sigue. - Cuando tú pasaste por un momento similar, yo estuve ahí para ti. Ahora es Jun quien necesita alguien.
No puedo argumentar nada contra eso.
- Bueno... - digo de mala gana.
- Solo se tú mismo. - hace una pausa, meneando la cabeza. - Pero un poco más amable.
- Decídete por uno, no puedo ser ambos. - hablo entre dientes, irritado.
- Sabes a que me refiero... procura no espantarlo.
- ¿Cuánto te apuesto a que a la semana los llama llorando para que vengan a por él? - comento sonriendo malicioso. Izan me mira molesto. - ¿Qué? ¡Te la devolvería por lo que tú y los otros tres idiotas me hicieron llorar de niño!
- Créeme, Jun no es tan blandito como aparenta. - señala con voz firme y segura. - Hasta me atrevería a decir que es el más fuerte de los Hyun.
- ¿El niño? ¿Rayito de sol? ¿El más fuerte? - cuestiono incrédulo.
- Astor. Es un muchacho que no ha tenido una vida. Ten en cuenta eso ¿sí?
No llego a responder que Miss Corea baja por las escaleras. Me mira con su semblante serio, yo le devuelvo la misma mirada.
- Gracias. - dice. Yo tan solo asiento. Mira a Izan y deja un beso en su mejilla. - Te espero afuera. - se encamina a la salida, dejándonos solos.
- Sabes, me gustaría que mi hermano favorito y mi novio se llevaran bien.
- Y a mí me gustaría que Dua Lipa me respondiera los mensajes de i********:.
Izan lanza una carcajada. Me abraza, a lo que yo se lo sigo, mientras él palmea mi espalda. Deja un beso en mi mejilla.
- Gracias por esto. - susurra. Me mira. - Cuida de Jun, ¿sí? Es alguien especial.
- Bien.
Sonríe suavemente. - Tú siempre tan expresivo.
- Ya vete.
Vuelve a reír y se dirige hacia la puerta. - Si estás con ganas de conocer Corea, ya tienes dónde quedarte. - y sale.
Suspiro.
Milo y Lari se encaminan hacia mí, luego de salir de la morada.
- ¿Y Jun? - pregunta el pelinegro.
- Creo que arriba. - respondo con desinterés.
- ¿Primer día y ya lo perdiste? - inquiere Lari con reproche.
- ¡No soy su puta niñera! - me quejo. - Esa es la primera regla que establecí cuando accedí a esto.
- Le hicimos una fiesta de bienvenida en la morada. - anuncia Milo. - Ve por él.
- Vayan ustedes, tampoco soy su secretario.
- Queremos gritarle "¡Sorpresa!". - sigue la pelirroja. - Y estoy seguro que a ti te vale v***a participar de eso.
- ¿Por qué una fiesta sorpresa? No es su maldito cumpleaños, solo se va a quedar aquí por un año. Es temporal.
Por suerte. No puedo lidiar con un Hyun de forma permanente. Antes lo empujo de un risco.
- ¿Y eso que? Se merece una dado que fue él quien acabo con el suegrito malvado. - comenta Milo. - Hasta convencimos a Stellan de que escriba el cartel, ya que es el unico con una letra decente y legible.
- Y hay cervezas. - acota Lari.
- Es lo unico que me interesa. - me encamino hacia las escaleras.
- Creí que lo habías dejado. - menciona Milo extrañado.
- Si, yo también. - digo subiendo.
Voy hacia mi habitación para ducharme, cuando al pasar por la que solía ser de Vitto noto que está se encuentra abierta y lo distingo a él sentado en el borde de la cama.
Tiene su mirada fija en un punto, pero parece muy metido en sus pensamientos, como si estuviera en otro plano astral.
- ¿Este es el momento en la película de terror en el que hay una especie de clic en tú cabeza y nos degollas a todos la garganta con tú sable? - observo, apoyándome en el marco de la puerta, cruzado de brazos.
Da un leve respingo en el lugar y posa esos ojos rasgados en mí, observándome con algo de sorpresa. Queda así por un momento, petrificado.
- Hwando... - reacciona, hablando en voz baja, casi balbuceando.
- ¿Qué? - pregunto confundido.
- En Corea no es el sable, es hwando. - me explica con más seguridad y firmeza. - Es la espada que se usa para hacer Haidong Gumdo. El arte marcial coreano dedicado al manejo de la espada.
- Como sea... los chicos te están esperando abajo, en la morada. - sigo. - Quieren darte la bienvenida.
Alza las cejas. - ¿Bienvenida? - susurra como para sí mismo, asombrado e incrédulo.
Estoy comenzando a creer que Izan me está gastando una broma y me dejó a un muchacho que no es el hermano de Miss Corea. Digo, al fin y al cabo son todos iguales. Porque no se parece en nada al infantil y fastidioso que se estuvo quedando aquí hasta no hace mucho.
- Escucha, vamos a establecer algunas reglas para que yo no tenga problemas con mi hermano. - comienzo a decir con firmeza. - Haz lo que te venga en gana, siempre y cuando no dañe tú cuerpo físicamente ni pongas en riesgo tú vida. Me basta con que aparentes estar entero. Y nota que dije "aparentes". Tus crisis existenciales, me la sudan. Y si sales de la propiedad le avisas a alguno de los chicos. A mí no me fastidies, a menos que estes al borde de la muerte. Lo que dado el caso, yo voy a terminar de matarte por ponerte en esa situación. ¿Está claro?
- Si.
- Mientras sigas esas reglas todos podremos coexistir en el mismo espacio con armonía... - hago una pausa, meneando la cabeza. - Claro dentro de lo que es nuestro mundo. Izan fijo tú estadía aquí por un año, así que luego de eso podrás ir dónde te venga en gana. Que supongo es eso lo que quieres.
Él me sigue observando bastante desorientado, como si le estuviera hablando el alemán.
¿Está drogado? ¿Qué rayos le sucede?
Chasqueo los dedos para llamar su atención. - ¿Me has oído, Jun? - inquiero con severidad y molestia.
Ahora sí parece hacer un clic, y reacciona. Frunce el ceño.
- No... no me llames así... - murmura.
- Es tú nombre. - digo obviando.
- Preferiría que no, así que...
- ¿Y qué rayos tiene de malo?
Traga. - Así se llamaba mi padre. - responde cortante. - No quiero nada que me relacione a él.
Suspiro. - ¿Y cómo te digo? ¿Niño?
Se encoje de hombros. - Si quieres.
Arqueo una ceja. - ¿No te molesta? - no puedo evitar preguntar con sorpresa.
- ¿Qué tiene de malo?
- No lo sé... - contesto. - A mi solía irritarme un montón que me dijeran así.
- ¿Qué más da como los otros te llamen? Si tuviera que guiarme por cada mote que me han puesto, estaría más jodido de lo que ya estoy.
- ¿Y cómo te quieres llamar tú? - pregunto luego de un momento.
Parece que mi pregunta lo toma con sorpresa, porque me observa como si eso lo hubiera maravillado. Lleva la cara de alguien a quien le han ofrecido un premio de un millón de dólares.
Nos quedamos observando en un prolongado silencio.
- Baja. - digo tajante y me voy la vuelta para ir a mi habitación.
- Gracias por dejarme quedar aquí. - llego a oír que dice, pero yo sigo con mi camino.
Solo un año.