Capítulo 3

2164 Palabras
Temprano en la mañana suena la alarma, como todos los días. Estiro mí brazo y la apago. No tardo en levantarme de un tirón. A diferencia del común de la gente, yo suelo despertarme con bastante facilidad. No soy de los que se quedan dando vueltas en la cama, intentado conseguir la fuerza para levantarse y arrancar el día. Siempre me ha costado mucho dormir, por lo que no disfruto para nada cuando llega ese momento. Gracias a terapias de sueño que me han llevado mis padres, y las pastillas que me han recetado, ahora consigo dormir de corrido a lo sumo unas cinco horas. Antes, apenas llegaba a las tres horas. Lo que no me hacia el más lucido en la escuela. O en cualquier ámbito. Sin embargo, gracias a Izan conseguí un nuevo enfoque en mi vida. Y eso consigue mantenerme más centrado. Corro las cortinas y la habitación se ilumina con la luz solar que entra por la ventana. Me giro al oír los quejidos provenientes del otro lado de la cama. La veo desperezándose, con sus ojos entreabiertos y su cabello castaño revuelto. - Que buena vista. - comenta observando de arriba a abajo mi cuerpo, el cual se encuentra completamente desnudo. - Tienes que irte. - digo comenzando a vestirme con la ropa que se encuentra esparcida por el suelo. - Buenos días para ti también. - se incorpora, y me sigue observando sentada en la cama. Parece bastante desorientada. - ¿Qué hora es? - pregunta con voz somnolienta. - Las 8. - respondo. - ¿Eres un robot? ¿Quién se levanta un sábado a las 8 de la mañana, después de acostarse a las 5? - pregunta extrañada, tratando de sonar divertida, pero no lo es. - Alguien que tiene mucho trabajo de hacer. - respondo cortante. Nada me fastidia más que las personas que hacen tantas preguntas, en especial a las 8 de la mañana de un sábado. - Ok... - susurra arrastrando la o y apartando la vista. - ¿Tienes como volver a tú casa? - pregunto una vez que termino de vestirme. - Sino afuera encontraras alguno de nuestros choferes, y te llevara a dónde quieras. Se para y junta su ropa del suelo. - Puedo pedirme un taxi no necesito que alguno de tus choferes me lleve, gracias. - dice con una sonrisa, claramente sarcástica y de fastidio. Una vez que termina de ponerse el vestido brilloso y colgarse su cartera al hombro, toma sus zapatos de tacón entre sus manos y se dirige a la puerta. - Espero no volver a verte. - es lo último que dice antes de salir azotando la puerta. Pongo los ojos en blanco. ¿Qué esperaba? ¿Un desayuno en la cama? Abro las ventanas para que entre el aire y se lleve consigo el olor catingudo a perfume que dejo. También necesito sacármelo de encima, lo siento impregnando en mí y eso me revuelve el estómago. Me dirijo a mi baño y me desprendo de toda la ropa. Abro la regadera y me meto bajo el agua caliente. Me jabono el cuerpo, y me lavo el cabello. Una vez que termino, me seco y me pongo ropa limpia. Enciendo un cigarrillo y me encamino hacia la morada. Apenas entro me aturde el sonido de unas voces chillonas hablando a la par, animadas y eufóricas. Al ir adentrándome más, me percato que vienen de nuestra sala de reunión, dónde nos juntamos cada mañana. Al entrar, veo que todos ya están allí, sentados en sus respectivas sillas. Y no me sorprendo al darme cuenta de que el dúo dinámico son los originarios del alboroto. - ¿Por qué tanto bullicio? - me quejo irritado, sentándome en mi silla, la cual está en la punta de la larga mesa. - Es temprano. - Estamos ayudando a Juanito con la idea que tú le propusiste. - responde Milo, posando sus ojos celestes en mí. La primera vez que lo vi, y que me observo con esos ojos brillosos, pensé que era muy inocente como para formar parte de un clan mafioso. Sin embargo no tarde en refutar mi pensamiento cuando lo vi en acción. - ¿Qué idea? - inquiero confundido. - Si lo dije luego de unas cervezas era sarcasmo. - ¡Qué va! ¿Tú usando el sarcasmo? - menciona Dexter divertido. En su mano tiene una lapicera, la cual usa para anotar en la agenda que tiene frente a él y que está llena de garabatos. Algo similar me paso con Dexter. Lo prejuzgue antes de tiempo. Supuse que era un niño bonito aburrido, y que solo se preocuparía de que su cabello se encuentre bien peinado, y su sonrisa encantadora perfecta. Pero nada de eso le importa cuando estamos en el trabajo y debe ensuciarse. - No me lo imagino a Astor siendo sarcástico. - agrega Lari con una sonrisita burlona. - Ni ha empezado el día. No me toquen los huevos. - sentencio. - Lo están ayudando a buscar un nombre. - me informa Stellan. - ¿Alguna sugerencia? - me pregunta el niño con una sonrisa suave. Parece un poco más animado que ayer. Al menos ya no lleva esa cara de que está a un paso de saltar de un puente. - Juanito suena bien. - respondo cortante. Aparto mi vista de la suya y se posa en el libro que Milo sostiene entre sus manos. "El libro de los nombres para tú bebé". Pongo los ojos en blanco. Llevan la idiotez al extremo. Sigo fumando, sin prestar atención a sus tonterías. Les voy a conceder 15 minutos y luego voy a dar por cerrado la conversación del recreo. - Tienes que pensártelo bien, porque no puedes cambiártelo a cada rato. - sigue Milo. - Pierde credibilidad. Levanto la cabeza de un tirón y vuelvo a enfocar mi atención en sus palabras. ¿Cómo? ¿Cambiártelo? ¿Qué demonios quiso decir? - Aguarda, ¿Qué? - menciono confundido por el comentario. Dexter me mira. - Ah si, una vez que lo decida lo acompañaremos a la ciudad para que se lo cambie legalmente, así le hacen una nueva identificación. - comenta como si nada. - ¿¡Qué!? - exclamo. - ¡Ni de coña! - ¿Por qué no? Tú lo sugeriste. - menciona el niño obviando. Frunzo el ceño, cabreado. - Me refería a que te buscaras un maldito apodo, como "Juanito". ¡No que te lo cambiaras legalmente! - No quiero un apodo, quiero un nombre que sea mío. - habla tajante, con su mirada firme. No lleva aquí ni 24 horas y ya me va a meter en problemas. Ya sabía yo que iba a ser un maldito dolor de cabeza. - ¿Le has preguntado a tú hermano? - Atlas no es mi padre, y ya estoy mayorcito como para empezar a tomar mis propias decisiones. - sentencia. - Así que por primera vez en mi vida me gustaría elegir algo para mí. Empezando con el nombre. Por lo que ni mi hermano, ni tú, ni nadie, me va a venir a decir que puedo o no hacer. Alazo las cejas con sorpresa, entre tanto él no me quita la mirada firme. Oh vaya. Quien diría que rayito de sol tiene caracter. Pensé que era sumiso y dócil. ¿Será otro al que estoy subestimando? - En teoría, Astor, el que está a cargo eres tú. - señala Dexter, rompiendo el silencio tenso que se formó. - No estoy a cargo de nadie. - replico, apartando mis ojos del niño. - ¿Ah no? - inquieren a coro. - Solo laboralmente... - digo. - Gracias a Dios. - agrego en un susurro. - Anda Astor, admite que somos como tus hermanitos menores. - menciona Milo divertido. - ¿Hermanitos menores? Tenemos la misma edad, ¿de qué rayos hablas? - inquiero ya irritado. - Por cierto, nos cruzamos con tú amiga hace un rato, mientras se marchaba. - comenta Dexter pícaro. - Era bonita. A Larissa se le escapa una carcajada. - Ste quiso ser caballero y le ofreció una taza de café, y ella lo mando a la mierda mientras se iba cabreada. - Gracias por mencionarlo, Lari. - hable Stellan entre dientes. - Si, ese es el efecto que ocasiono en las mujeres. - digo. - Que se vayan cabreadas. - El príncipe de Disney con el que toda chica sueña. - acota Emiko. - Curioso que tú lo digas, no eres más simpática que yo. - menciono con fastidio. - Si, pero yo evito relacionarme con otros. - Yo no me relaciono con otras, tengo sexo. - Huele a competencia. - susurra Dexter a su amigo. - ¿A quién le apuestas que se lleva el título como el más gruñón? - A Astor. - responde Milo sin titubear. - Cuando apenas llegué tenía pesadillas con él. - hace una pausa. - Las sigo teniendo de hecho. - Si, yo también. - lo segunda el rubio. - Yo le apuesto a mi hermana. - agrega Lari. - Yo igual. - dice Ross. - ¿Y tú, Ste? - le pregunta el pelinegro. - Astor. - responde. - Juanito, todo depende de ti. - sigue Milo. - O empatas la cuestión, o la terminas de definir. - ¿Y él que sabe? No lleva ni 24 horas aquí. - habla tajante, frunciendo el ceño. - No necesita 24 horas. - dice la pelirroja. Pongo los ojos en blanco. - Quien pierda invitara los tragos de esta noche. - agrega Dexter. - ¿Otra fiesta? ¿Enserio? - pregunto con fastidio. - Es por el bautismo de Juanito. - se excusa el rubio. - Ya, sí, claro. - digo con sarcasmo. - Es sábado, y no hay una misión designada, no molestes. - se queja Lari. Miro mi reloj para ver la hora. Me paro. - Basta de chachara, pasaron los 15 minutos. Vuelva cada uno con su tarea de la semana. - ordeno. - Sino la terminan no habrá sábado de parranda para ninguno. Los de siempre lanzan un quejido, mientras que los demás asienten. - Si jefe. - corean con desgano. - Ross, Dexter, vamos, que tenemos la reunión con el nuevo proveedor de los explosivos. - anuncio. Ambos se paran y se colocan sus chaquetas. - ¿Dexter y explosivos? - inquiere Emiko. - ¿Crees que es buena idea? Tiene tendencia a hacer que todo estalle. El rubio le muestra el dedo medio. - Por algo soy el experto en explosivos. - comenta obviando. - ¿Qué acaso no te echaron del ejercito por qué hiciste explotar la zona de los dormitorios? - pregunta Lari. - Mis compañeros apostaron que mi bomba casera no tendría impacto. - habla ofendido. - Así que ahí les di su impacto. Por suerte ya había subido mis pertenecías a mi auto. - se encamina hacia la puerta y sale. Ross va detrás suyo. - Recuérdenme tener presente el no subestimarlo. - menciono. - Arwen me va a desheredar si quemo su casa. - Eso me recuerda porque lo dejamos ganar en el póker. - agrega Milo. Desvío mi mirada, y por un momento se posa en el niño. Este tiene una suave sonrisa divertida, mientras nos observa a todos con atención, en silencio. Chasqueo los dedos para que pose sus ojos en mí, y lo hace con algo de sorpresa, como si le hubiera pinchado la burbuja. - Empieza el día 1 de 365. - digo con mi voz firme. - Recuerda lo que acordamos, y no te metas en líos. ¿Está claro? - asiente. - Y no tomes ninguna decisión trascendental en lo que tardo en volver. ¿Quieres? No me compliques la vida mientras estás aquí. - Está bien... Lo observo por un momento más en silencio, en el que él no me corre la mirada y me sigue observando con esos ojos rasgados tan oscuros y brillosos. Lanzo un quejido y salgo de allí. - Eres muy malo con Juanito. - comenta Dexter, cuando me uno a ellos. Los tres caminamos a la par, conmigo en medio. - El mundo es duro y malo, es mejor lo aprenda cuanto antes. - sentencio, encendiéndome otro cigarrillo. - ¿Tú crees que no lo sabe ya? - A ver si lo entiendes, Dexter. - digo con brusquedad. - No es una mascota, así que no se encariñen con él. Ni siquiera es un m*****o de nuestro clan. Tan solo es alguien que está de paso. - Si, pero podría gustarle aquí y querer quedarse. - sigue. - Es lo que nos pasó a cada uno de nosotros. Estábamos solos en el mundo, y encontramos nuestro lugar acá. Juanito podría encontrar lo que está buscando también aquí, en nuestra clan. - Eso es algo que no voy a permitir. - sentencio tajante. Dexter resopla con fastidio, y el tema queda concluido ahí.
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