Capitulo 7

1079 Palabras
Cuando reparo en que me he lanzado a besarlo, me separo casi al instante y lo miro. Por los mil demonios, Lina, ¿Qué mierda has hecho? Me digo a mi misma. Colin me observa, tan sorprendido como yo de mí actuar. Quiero salir corriendo, pero creo que es algo difícil tomando en cuenta que estoy en un avión y con mi pierna alcanzo a saltar tres pasos antes de caerme. Abro la boca para disculparme, pero nada sale de mi garganta. Me siento tan roja como un tomate. Tal vez podría fingir un desmayo, esos siempre te sacan de apuros. Me había preparado millones de veces para un momento como este, en mi cabeza claramente. Encontrarme con aquel amor platónico, tener una química y conexión increíble, y luego, un beso mágico. Había incluso soñado en qué lugar. Claramente, en la lista de aquellos sueños no estaba el hecho de que me golpeara este amor platónico, ni que fuese en un avión. Pero para lo que no me había preparado era su respuesta. Como si todo ocurriese en cámara lenta, sus ojos dejan los míos para fijarse en mi boca, y en menos de un segundo, se inclina y me besa. Abro los ojos como platos, mientras siento como su boca exige una respuesta de la mía. Tardo tres segundos en reaccionar. Cierro mis ojos y me pego a su cuerpo, mientras entreabro mi boca, dando paso a su lengua, que roza la mía, provocándola. Cabe destacar que en circunstancias normales no sería así, pero supongo que la oscuridad del avión me ha dado algo más de confianza. Sus manos me estrechan contra él, y las mías se afirman al cuello de su camisa. Siento como si estuviese besando un ángel. Sus labios, suaves y húmedos, forman una corriente eléctrica en mi boca, que se esparce por todo mi cuerpo. Aquello no podía ser normal, realmente este hombre era una especie de semidiós, que había bajado a la tierra para descontrolarme. Por un momento, me olvido de que estoy en un avión, con decenas pasajeros, fuera de los baños. Sin embargo, como ya he dicho antes, a Dios no le agrado ni un poquito, por lo que basta con una turbulencia para hacerme recordar en donde estoy. Caigo de espaldas, con Colin encima de mí golpeándome nuevamente la pierna. —Auch. Por el altoparlante, el piloto del avión dice algo, pero no le presto ni la más mínima atención. Las luces se encienden. Siento como si Dios me hubiese abofeteado en la cara, devolviéndome a la realidad. —Oh por Dios, Lina, lo siento—dice Colin. Siento como se aligera su peso sobre mí y pasa sus manos bajo mi cintura y mi cuello, ayudándome a sentarme. Abro los ojos, definitivamente algo muy malo debí haber hecho en una vida pasada para que el karma me haga esto ahora. —¿Estas bien?—pregunta preocupado. Suspiro y sonrío, me he llevado más golpes en un avión, que en toda mi vida. Volteo a mirarlo para responderle, pero al ver sus ojos, me quedo embobada. ¿Yo bese a esta escultura griega? Algunas veces tengo demasiada suerte pienso. El rubor comienza a formarse en mis mejillas. —¿Lina?—pregunta. —¿Si?—pregunto. Una escultura griega muy, muy sexy pienso. —Que si estás bien—dice Colin, mirándome preocupado. Parpadeo, no puedo estar un minuto sin avergonzarme. —Ah, sí, me he golpeado un poco la pierna, pero estoy bien—respondo. Desvío la mirada. Nota mental: no debo mirarlo a los ojos, mi cerebro se va de vacaciones si lo hago. —Vamos a sentarnos, las turbulencias han estado algo fuertes—dice sonriendo. Me ayuda a levantarme, pasa su brazo por mi cintura y camino cojeando con su ayuda hasta nuestros asientos. Nos sentamos, Colin le pide a una azafata una bolsa de hielo para pierna, y nos quedamos en silencio. Esto no es raro ni incomodo, para nada. Solo tengo al lado a Colin Earls, un actor que me gusta desde mi adolescencia e incluso antes, que es guapo (que va, guapísimo), amable, tiene una sonrisa que detiene el corazón y además de todo eso, es amable. Y por si fuera poco, le has besado a las puertas del baño de un avión. Nada incómodo. No lo mires me digo a mi misma, cuando noto que estoy a punto de mirarlo de reojo. La azafata llega con la bolsa de hielo y me la entrega. —Gracias—le digo. Me la coloca en la pierna con cuidado. —Creo que no te he traído mucha suerte en tu viaje—dice de pronto. Me volteo a mirarlo (mierda Lina, ¿Qué habíamos acordado?). —¿Qué?—pregunto. Sus ojos son realmente hermosos, azules, casi como si fuese un océano… ¡Lina! Me regaño a mí misma. —Te golpee al subir al avión, y ahora he hecho que te golpees de nuevo—dice, con una sonrisa de película. Mi corazón se detiene por enésima vez. —Han sido accidentes—digo, esbozando una sonrisa nerviosa. —La mayoría si, otras cosas… no tanto—dice, levantando las cejas. ¿Hace calor aquí? Porque juraría que después de esa miradita, la temperatura subió unos veinte grados. Me rio nerviosa y desvío la mirada. Parece que toda esa valentía que tenía cuando me decidí a besarlo, se ha desvanecido. ¿Lina?—me llama Colin. —¿Mmm?—musito, sin atreverme a mirarlo, haciendo como que estoy concentrada buscando algo en el bolsillo delante de mí. —¿Puedes mirarme a la cara, o es que eres de las que besa y se va? Mis mejillas van a explotar de los rojas que están. Me volteo a mirarlo, avergonzada. Aprieta sus labios, intentando ocultar una sonrisa, y me mira intensamente. —Lamento haberte besado—susurro con voz apretada, me siento como cuando tenía cinco años y me obligaban a presentar frente a una multitud. Colin se ríe y se inclina hacia mí. Este hombre va a matarme. —¿Qué pasaría si yo te dijera que no lo lamento en absoluto?—pregunta con voz profunda. Ay mamá, santa virgen de la seducción, me va a dar algo. Hasta su voz es sexy. Trago saliva, sintiendo de pronto mi garganta apretada. Como la torpeza parece ser una de mis cualidades más finas, me atoro con mi propia saliva y comienzo a toser. Colin me ofrece una servilleta y yo miro hacia el pasillo. Por supuesto que no lamento haberlo besado, pero que él lo diga es casi para que me dé un patatús ahí mismo y muera. Me aclaro la garganta, apoyo mi cabeza en el respaldo y lo miro de reojo. Colin sonríe, cero que a propósito hace esa sonrisa de película. —Te ves adorable cuando te sonrojas—susurra. Volteo a mirarlo. Este hombre quiere que yo muera, definitivamente. Me guiña un ojo y yo vuelvo la cabeza al frente. Santa virgen de la seducción, ¿Por qué me has hecho esto?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR