Capitulo 8

1019 Palabras
—Yo no… no puedes decir eso—digo, sacudiendo la cabeza. —¿Por qué no?—pregunta, levantando una ceja. Abro la boca, desconcertada ante su actitud. —Voy a dormir—digo luego de unos minutos. El ríe por lo bajo. —Dulces sueños—susurra. Sí que los tendré, pensando en ti pienso. Demonios Lina, eres terrible me digo a mi misma. Mientras intento dormir, por mi cabeza se repite una y otra vez aquel beso. La sensación de todo mi cuerpo electrificado, sus labios suaves moviéndose sobre los míos, su lengua rozando la mía… ¿Cómo puedo apagar mi cerebro? Realmente no necesito aquellos recuerdos en este momento. Tras lo que me parece una infinidad de tiempo abro los ojos, dándome por vencida. Mi cerebro no quiere dejarme en paz, así que mejor me concentro en otra cosa. Observo la hora en la pantalla frente a mí, tan solo ha pasado una hora. Volteo a mirar a Colin, yace profundamente dormido, con su boca ligeramente entreabierta, sus labios se ven suaves y bastante apetecibles, su expresión de paz… hasta este momento en mi vida, no me había puesto a pensar en lo mucho que alguien puede llegar a gustarte, pero verlo así, me pone de sobremanera. Contrólate Lina dice aquella pequeña parte cuerda de mi cerebro. Sacudo la cabeza, soy una completa pervertida, no soy mejor que el acosador que se cuela a los jardines para mirar por las ventanas. Saco mi bolso de debajo del asiento y busco mi estuche y croqueta. Enciendo la pequeña luz que ilumina mi asiento y comienzo a dibujar. Al principio, me concentro en las manos, dibujar cada detalle, y luego me detengo cuando noto que he estado usando las manos de mi acompañante para dibujar. Resoplo. Cambio de hoja y comienzo a trazar líneas. No me doy cuenta de que estoy dibujando su rostro hasta que comienzo a difuminar el brillo de sus labios. Los psicópatas se han quedado cortos a mi lado. No me detengo. Miro su apacible expresión y continuo, dibujando con detalle su nariz, la distribución de su vello por sobre las mejillas, sus pestañas…   El sol ilumina mi rostro. Me cubro con la mano, mientras dejo que broncee el resto de mi cuerpo. Cierro los ojos y disfruto de los rayos, se siente como si acariciaran mi piel. —¿Quieres crema?—pregunta una voz profunda a mi lado. Levanto la cabeza y miro en la dirección de aquella misteriosa y atrayente voz. Colin Earls, en bermudas, con su magnífico torso al descubierto, me observa con una sonrisa ladeada. Sus ojos se ven tan azules como el mar que hay frente a nosotros. Sonrío, coqueteándole un poco, humedezco mis labios y me inclino un poco. —Si, por favor—digo. Colin coloca sus manos sobre mi pierna, y el calor se hace más potente. Me acuesto en la reposera, disfrutando de sus manos, los pequeños masajes que me da, sintiendo como de a poco sube por mi pierna hasta mi muslo…   —…Con leche—susurra aquella misma voz profunda de mi sueño. ¿Por qué tenía que despertar? ¿Por qué no me dejaste ser feliz, virgen santa? De acuerdo, era un sueño bastante erótico, pero, no hay pecado en soñar. Me acomodo en mi almohada e intento con todas mis fuerzas continuar con mi sueño. — ¿Lina?—pregunta Colin. —Mmm—musito, no pienso abandonar aquella fantasía. —Están sirviendo el desayuno—susurra. Abro los ojos lentamente, con la intención de darme vuelta y volver a dormir, y entonces noto que mi mundo esta ladeado. Frunzo el ceño. Miro hacia abajo, y es ahí que me doy cuenta que no estoy apoyada sobre mi almohada, sino en el hombro de Colin, completamente reclinada sobre su cuerpo. Santa virgen de la seducción, ¿Qué coño hice? Me levanto de golpe, mareándome un poco, y lo miro horrorizada. Colin se ríe. La azafata despliega la mesita de mi asiento y me coloca un omelette con queso y tomate, un café con leche, jugo de naranja, y una pequeña baguette con mermelada y mantequilla para untar. Cuando se va, vuelvo a mirar a Colin avergonzada. —Lo siento—susurro. El vuelve a reírse. —Te has quedado dormida Lina, descuida—dice el como si nada. Desvío la mirada, porque siento mis mejillas demasiado rojas y recuerdo perfectamente sus palabras de anoche. Miro la comida, tengo hambre, pero quiero cepillarme los dientes primero. Cojo mi bolso y saco un pequeño estuche. Me levanto con cuidado, mi pierna duele mucho menos que el día anterior. — ¿Necesitas ayuda? —pregunta con tono travieso. Volteo a mirarlo. —No, estoy bien—afirmo, y comienzo a caminar. Cierro la puerta del baño, aliviada de haber logrado realizar aquella travesía sin ayuda. Hago mis necesidades, lavo mis manos, cepillo mis dientes, peino mi cabello rebelde logrando que las ondas quedes ordenadas y mojo mi cara. Con cuidado, utilizo un pequeño cepillo para ordenar mis pestañas, y luego me coloco mascara. Guardo todo en mi estuche y salgo. Camino con la mayor rapidez posible, ya que no quiero que mi comida se haya enfriado demasiado. Me siento, procurando no mirar a mi acompañante, y comenzó a revolver mi café. —Realmente dibujas bien—comenta Colin de pronto. Volteo a mirarlo, sin entender. — ¿Qué? —pregunto. Me mira con aquella sonrisa suya y levanta su mano, mostrándome mi croquera, que está justo abierta en la página que dibuje su rostro. Mis mejillas están por explotar de lo sonrojadas que están. Le quito la libreta de inmediato. — ¿Por qué la tienes? —pregunta molesta. —Se te debió haber caído mientras dormías. La encontré cuando te paraste—replica el. Excelente, Lina, ahora ya no debe tener dudas de que eres una acosadora dice la molesta vocecilla en mi cabeza. Guardo la croquera en mi bolso, completamente avergonzada. —Te olvidas de tu estuche—dice. Volteo a mirarlo. En su mano tiene mi viejo estuche con mis lápices y carboncillos. Estiro mi mano para que me lo entregue y él, con lentitud, lo deposita en mi mano, sin dejar de mirarme. Cuando tengo mi estuche en la mano, comienzo a alejarla, pero el atrapa mi muñeca con su mano, impidiendo que mire hacia otro lado. —Si algún día quieres que sea tu modelo, no dudes en pedirlo—susurra con una voz tan sensual y provocativa, que hasta mi alma se estremece. —Gracias—susurro, con voz apretada. Esboza su sonrisa de película y suelta mi muñeca. En que lio me he metido, virgen santa.   
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR