Me siento en la cómoda silla. La noche se ha instalado, pero no hace frío. El sonido del mar chocando contra las rocas es relajante. Tenemos una vista panorámica de la costa. Nos traen unos mojitos royal, propios del hotel. El sabor es maravilloso, con frambuesas, menta y lima. —¿A dónde iremos mañana? —pregunto, dejando mi vaso en la mesa. Él bebe un negroni di será. —¿Por qué siempre tan ansiosa, Lina? —pregunta. Me rio. —No es de ansiosa. Es solo que leí sobre el Monte Solaro y me apetece ir. Hay esculturas, y se puede ver todo Capri desde allí —explico. Sonríe. —Podemos ir pasado mañana, ya tengo reservado lo que haremos mañana —replica. Asiento. —¿Y si hacemos un trato? —sugiero. Bebe un sorbo de su trago, arquea una ceja. —¿Un trato de qué? Me inclino hacia delante, dándole un

