Mis ojos fijos en los suyos. Sus dedos rozando la piel descubierta de mi espalda. El aire pesa, el ambiente chispea. En el momento en que entramos a la habitación, la locura se desata. Avanzo hasta la sala, sé que él me mira. Bajo la cremallera del vestido y dejo que se deslice por mi cuerpo, cayendo al suelo. La luz de la luna ilumina mi piel. Volteo lentamente y lo miro. Sus ojos me comen con la mirada. Llevo la lencería que escogió para mí. Sin decir nada, se acerca a mí, mientras desabotona su camisa. Se detiene frente a mí, su mejilla se posa en mi mejilla, y con su pulgar roza mi labio inferior. Entreabro la boca y le doy un húmedo beso en la yema de su dedo. —Hicimos un trato abajo —susurra con voz ronca. Yo asiento—. ¿Vas a hacer lo que te pida? —pregunta. —Sí —musito. Sonríe

