La punta de los dedos y las palmas de las manos estaban arañadas y un poco ensangrentadas. El último trecho que debería recorrer para llegar a la cumbre resultó ser un montón de piedras y tierra superpuestas colocadas de una forma tan empinada que casi era imposible subir. Sus manos se encuentra resbalado más de una vez sobre la húmeda superficie rocosa o he pasado por el filo de una piedra, cortándola. Al salir de la cabaña había corrido como si el mismo diablo la persiguiera, no se detuvo en ningún momento pero se había quedado sin aliento varias veces, incluso por momentos había pensado que se desmayaría, y se veía obligada a tener que reducir la velocidad de sus propios pasos. Para ese entonces estaba bien de tiempo, pero lo que le quedaba por recorrer no se veía como una tarea fácil

