Terror, eso sentía. Sin ninguna duda. La escena no era prometedora, Anael había perdido demasiada sangre, las quemaduras en su piel eran monstruosas y de ellas emanaba ese asqueroso aroma a demonio putrefacto, ¡Maldición! ¿¡Dónde rayos está ese pollo cuando lo necesitan!? No tenía más remedio que hacer algo yo, no podíamos esperar a que el princeso llegara, podría ser demasiado tarde para la joven, soy muy fuerte y podría ayudarla sin ningún problema; la tomé en mis brazos, despacio y con cuidado la coloqué sobre la alfombra del suelo, con su cabeza apoyada en mi hombro. Dios, esto era realmente cruel, quién sea que mandó a Katanna a asesinar a la chica quería que sufriera y de la peor manera. Me encargaría de averiguar, luego.
─ “Mors tibi dat fortitudinem, dat tenebris vos sumo permission est postulo quod tibi propter redemptionem, sed libera ese aliquid in reditu ad consummationem saeculi, Anael. “─ susurré a la nada y al mismo tiempo a un todo, las energías estaban allí, el universo oía atento a mis órdenes.
La bruma oscura invadió la sala, cada rincón, cada pared, cada mueble de la misma fue cubierta por la misma, para mí era cosa de todos los días tenerla presente al igual que para Canon, pero el mocoso, Patrick tuvo que acuclillarse para poder respirar mejor; Anael comenzaba a sanar de a poco, podía ver cómo su cuerpo, su parte angelical tomaba fuerza de mí, de la oscuridad que residía en mis manos, de las penumbras que se encargaban de las tareas más difíciles que habían en el mundo. Finos hilos de poder atravesaban la estancia, convirtiéndose en vida, por doquier, no podía siquiera contar cuantos eran, de oscuros y brumosos parecían transmutar y volverse dorados como el sol y llenos de una energía cálida; esto último se sintió tan bien para mí, que me asustó, lo admito, tal acción ha causado ciertas sensaciones extrañas en mi desolado ser. Su respiración se volvió constante y regular, sólo quedaban algunas marcas muy poco visibles, seguía estando pálida por la pérdida de sangre pero al menos estaba fuera de peligro; caí exhausto al sofá, Canon seguía observando por la ventana, algo lo tenía mal pero decidí no preguntar, por ahora.
Patrick llevó a Anael a su habitación y todos, absolutamente todos, nos mantuvimos en silencio esperando al idiota de Merth.
Patrick pov
Me encuentro aquí, al pie de su cama sentado y observando, mi madre va a matarme en cuanto llegue, no sólo porque su sobrina está en estas condiciones, sino que además, un demonio y el príncipe de los demonios está en la sala principal; ni hablar de Merth, tendrá serios problemas con mi madre. Sabía que algo ocurriría pronto. El día que la llevé al museo lo presentí, es que verla tan feliz como si fuera una persona normal me dio tanto miedo, definitivamente ella nunca lo será, mucho menos si un demonio la busca para matarla.
Recuerdo el día que murió mi tía Vanessa, había un revuelo enorme en la casa, me dejaron en mi habitación, sobre mi cama se encontraba Anael envuelta en una manta rosa con dibujos de conejos, la curiosidad me llevó a trepar hasta ella y observarla; estaba despierta, me vio con sus ojos, brillosos, tiernos, inocentes… Con mis dos años yo ya era bastante inteligente e independiente, claro que debido a mis habilidades de nefilim, tenía dos años pero actuaba como un niño de cinco o seis años, tomé asiento junto a ella, aún me observaba; suspiré y observé por la ventana, la acuné en mis brazos y comencé a mecerla hasta que ambos nos dormimos. Qué tiempos aquellos, regresé a la actualidad, no podía vivir en viejas memorias, ya no podía… Rememorando todo lo que había acontecido en la sala principal, algo llamó mi atención, Kaia había sanado a mi prima con su propia energía, eso lo ha dejado agotado, pero, ¿Por qué lo hizo? ¿Qué planes tiene? ¿Qué quiere? ¿Hay algo detrás de su repentino interés en ella? ¿Cuándo se conocieron? Todas esas preguntas me llevan a una sola conclusión, he estado demasiado distraído y alejado de Any, debería haberla cuidado mejor, ¡Mierda! ¡Soy su primo! No puede un demonio venir a pedirme ayuda para salvarla, soy un idiota. Un tremendo idiota. Todo esto no habría ocurrido si hubiera aceptado el entrenamiento que mamá quiso darme, ahora veo cuánta razón tenía ella y lo muy pendejo que fui; Any se remueve en la cama pero sigue durmiendo, una lágrima de desliza por su mejilla, la limpio inmediatamente y me recuesto con ella, la abrazo y ambos nos dormimos, como cuando éramos pequeños.
Kaia pov
Abrí mis ojos de repente, él había llegado. Me puse de pie como alma que lleva el diablo y lo esperé, Canon transformó su cuerpo, de un simple niño al demonio alado y con cuernos que me servía, esperaba agazapado como animal salvaje que espera paciente a su presa, en cuanto cruzó el umbral de la puerta me abalancé sobre él y tomándolo por el cuello lo estrellé contra la pared preso de la ira que sentía en ese preciso momento.
─ ¡Tú! ¡Grandísimo idiota! ─ dije furioso ─ ¿Dónde demonios has estado?
─ ¿Qué te sucede? ¡Suéltame! ─ forcejeó.
Canon dejó escapar un gruñido mostrando sus colmillos, este niño a veces parece una bestia, me gusta. Merth me empujó un par de pasos hacia atrás pero hace falta más que eso para que tenga miedo.
─ Por tu culpa Anael casi muere ─ sentenció Canon dando unos pasos hacia él. ─ ¿No se supone que eres tú su custodio?
─ ¿Qué? ¿Dónde está? ─ preguntó, su cara se había descompuesto de horror y preocupación.
─ ¿Ahora te importa? ¿Dónde estabas cuando Katanna la quemaba viva? ¿Dónde estabas cuando sangraba sin parar? ¿¡Dónde!? ─ gritó Canon haciendo que todo el lugar tiemble.
Yo mantenía mi rostro serio y furioso, no tenía la mínima intención de detener al pequeño demonio, el alado no podía creer lo que escuchaba, hasta llegué a pensar que colapsaría su cerebro de pollo.
─ Anael, ¿está viva? ─ preguntó de repente.
─ Lo está, gracias a mí, obviamente ─ respondí mientras me observaba confundido ─ Verás, como tú trasero de muñeca no estaba aquí, yo le di fuerza. Le di poder. Y logró salvarse. Es una chica fuerte. No tanto como yo, es difícil igualarme pero le concedo ese beneficio.
─ ¿Cómo puedes haber hecho eso? ¡Eso es un crimen! ─ gritó extendiendo sus alas y empuñando su tan adorada espada.
Al verme amenazado, por instinto dejé mi atractiva forma humana y me transforme en lo que realmente soy, mis alas se extendieron, iguales a las de los ángeles, sólo que en un color azabache intenso, mis facciones se marcaron, mis huesos igual dejando sobre mi piel una especie de dibujado de estilo arcaico que pocos podrían entender en la actualidad; mi piel seguía siendo pálida, pero mi cabello antes rubio ahora era plateado con las puntas negras, mis ojos, uno azul y el otro verde brillaban a más no poder. Canon y Merth conocían mi verdadera apariencia, el enano ha vivido siglos bajo mi tutela y el príncipe encantador, solía ser uno de mis mejores amigos tiempo atrás.
Escuché pasos detenerse, voltee rápidamente y la persona que menos deseaba que me conociera en ésta forma, estaba de pie en lo alto de las escaleras, descalza y en pijama, con los ojos abiertos de par en par con peligro de que sus cuencas dejaran de poder contenerlos, con una enorme mueca de sorpresa.