Canon pov
Regresé a casa de Anael sin que mi amo lo supiera, estaba ansioso por verla, ¿Qué pasa? ¿Por qué esta emoción hacia ella? ¿Cariño? No lo sé, jamás he sentido algo así y no sabría si es así como se siente, pero estaba seguro de que no me atraía de una forma mundana, no puedo explicarlo.
Mi señor Kaia se mantuvo ocupado con unos demonios que fueron a verlo con información valiosa por lo tanto, me dio el tiempo suficiente para marcharme. Apenas llegué a la casa de los suburbios note que nadie estaba allí, ¿Dónde se metían la familia de la chica? Trepé el árbol, observé su habitación, no había rastro de su paradero, pero, ¿Qué podía esperar de una joven como ella? Dudo que un viernes se quedara en casa, merodeé el jardín delantero, había un ligero aroma al Arcángel Merth, había estado aquí hacía bastante; sobrevolé el vecindario, todos dormían, la calma reinaba en la noche. No estoy acostumbrado a esto, sinceramente prefiero una buena pelea antes que perder el tiempo ociosamente por ahí, de pronto, el olor a sangre inundó mis fosas nasales a gran escala, fruncí el ceño pues no era sangre humana, ¿Cómo lo sé? Para nosotros la sangre humana es asquerosa, tiene un aroma horrendo, algo parecido a la putrefacción pero esta era en verdad dulce; sangre nefilim, ¿Había una pelea cerca? ¿Un nefilim herido? ¿Anael? Volé aún más rápido de lo que mis alas podían con la alarma activada en mi sistema, que mala imagen daría si alguien se enterara de que la seguridad de la humana me importaba tanto, que más podía hacer… Llegué a una casa repleta de adolescentes y jóvenes con las hormonas al tope, era un verdadero caos, la música, los gritos, el baile, la diversión, las luces, todo era como un mar de tentación allí abajo pero por suerte, mi vista me permitía ponerle atención a todo lo que ellos no lograban percibir ni divisar. Alguien más llamaba mi atención, desde lo alto logré identificarla, un demonio y no uno cualquiera, uno realmente sádico y asesino, su nombre era Katanna; conocida entre todos los de mi especie por ser irremediablemente cruel y despiadada, una psicópata sin duda.
─ ¿Qué haces aquí, Katanna? ─ dije aterrizando rápidamente.
─ Vine a cumplir una misión que el mismo Lucifer me confió ─ respondió riendo. Cómo me desagradaba.
Observé un poco el lugar, no había nada fuera de lugar, tal vez estaba paranoico, estaba a punto de irme cuando algo dentro de mi pecho jaló de mí obligándome a regresar la vista al lugar, a barrer una vez más el territorio y es entonces cuando lo noté, mis ojos casi salen disparados de sus cuencas puesto que a un lado del jardín, el cuerpo de Anael se encontraba totalmente quemado, herido, sangrando y cubierto por las hojas y matorrales más cercanos; mi corazón, sí es que tengo uno, latió de manera irreconocible, el terror inundó mi cuerpo, la ira hacia la mujer frente a mí me descolocó. Mis alas se expandieron, mis cuernos aparecieron y yo me lancé contra ella mostrando mis colmillos.
─ ¿¡Qué has hecho!? ─ grité furioso, la tomé desprevenida, con toda la fuerza de mi cuerpo arremetí contra ella lanzándola por los aires hasta verla estrellarse estruendosamente contra un árbol, me veía sorprendida, no esperaba nada de mí.
─ ¿Qué es lo que te sucede, Canon? ─ dijo mirándome cautelosa ─ ¿Ahora vas a decirme que te caen bien los nefilim?
─ Eso no te interesa ─ masculle apretando los puños.
─ Voy a dejar pasar ésta actitud tuya, pero Lucifer se enterará de esto. ─ susurró ─ A nuestro señor no le gustará nada tu comportamiento ─ espetó molesta.
─ Él no es mi señor ─ dije levantando la mirada.
Las alas de aquella mujer se expandieron, con un ágil salto desapareció de mi vista y no dudé en correr hasta la muchacha tendida en el suelo, mis ojos comenzaron a picar en cuanto vi el estado en el que se encontraba; tal reacción era algo muy nuevo para mí pues de repente, una extraña humedad caía por mis mejillas; observé el cielo, despejado, sin una sola nube por lo tanto lluvia no era, toqué mi rostro y mi mano se cubrió de agua, agua cálida debo decir. Lágrimas, ¡Eran lágrimas! ¿Estaba llorando? Jamás me había pasado, mi pecho subía y bajaba con dificultad, todo eso me lo causó Anael. La observé nuevamente, su pecho se movía, respiraba aún, con dificultad pero lo hacía.
Sonreí y me puse de pie, yo era cien veces más fuerte de lo normal pero me daba cierta preocupación cargarla hasta su casa, no quedaba otra opción más que alertar a su primo, seguro estaría por aquí, ya que él también es nefilim podía olerlo a kilómetros de distancia; no me engañaría, no a mí.
Patrick pov
Terminé de beber una cerveza, corrí hasta llegar al baño a devolver todo lo que había ingerido, la mezcla de bebidas alcohólicas no era buena pero cuando la fiesta llama hay que responder. Salgo del cubículo, camino hasta la bacha y abro el grifo, el agua helada hace que mi cara se recomponga un poco, alzo la mirada, por el espejo pude ver la silueta de un niño que me observaba; voltee lentamente, no, no era un niño, claro que no, un demonio y no uno cualquiera sino que uno de segunda categoría. Lo observé un poco, estaba desaliñado y podía ver algunas manchas de sangre, intentó acercarse pero empuñe mi daga hacia él esperando cualquier tipo de movimiento.
─ ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ─ pregunté en voz baja, no podía armar un escándalo en un lugar tan concurrido.
─ Vengo a buscarte, te necesito, más bien Anael te necesita ─ habló desesperado.
─ ¿Anael? ¿Qué le ha sucedido? ¿Cómo la conoces? ¿Qué le has hecho? ─ dije golpeándolo.
─ ¡Nada! ¡La he salvado estúpido mocoso! ─ me gritó empujándome.
─ ¿Mocoso? Yo no parezco un niño ─ lo observé exasperado.
─ Eso no importa, tu prima necesita ayuda, no puedo cargarla pero tú sí. Está herida y debemos sacarla de aquí cuánto antes ─ habló saliendo del baño.
Corrí tras él hasta el jardín principal, la hierba estaba rasgada, había indicios de una pelea y en un costado el cuerpo de mi prima, sin movimiento, parecía haber muerto hasta que su pecho subió lentamente; me acerqué con cuidado, la cargué en silencio y con el mayor cuidado posible, subí al auto y la recosté en los asientos traseros, el enano endemoniado tomó asiento en la parte del copiloto y emprendí la marcha. Debíamos llegar pronto a casa para sanar su cuerpo, muchas preguntas pasaban por mi mente, ¿De dónde conocía el chico a mi prima? ¿Qué había pasado? ¿Dónde demonios estaba Merth? Ese malnacido, arreglaría cuentas con él al verlo, llegamos finalmente, ella seguía inconsciente pero por lo menos había dejado de sangrar, ¿Heridas? Por doquier, no tenía idea por dónde comenzar a curar ni cómo, estaba a punto de entrar en pánico. Entramos directamente a la sala principal, recosté a Any en el sofá más grande y acomodé su cabeza con cuidado, el chico detrás de mí, cerró las ventanas y buscó algodón y utensilios para limpiar las heridas., observaba tales utensilios sin saber bien qué hacer o si serian de ayuda, cerró los ojos, me dio la impresión de que estaba orando pero eso era imposible, los demonios no hacen eso… Tras pasar algunos minutos que se volvieron una condena el aire se sintió pesado, como si ya no estuviéramos en el suelo sino que a una gran altura, volteé para hablarle al niño y vislumbré a un joven que nos observaba perplejo.
─ ¿¡Qué demonios paso aquí!? ─ pregunta caminando hacia mí.
─ ¿Quién eres? ─ me puse de pie empuñando mi daga hacia él, las cosas se volvían más raras a cada momento.
─ Señor Kaia, un demonio atacó a Anael ─ respondió el pequeño.
─ Imposible ─ susurré perplejo ─ Tú… Tú eres… El Príncipe del Abismo ─ Si venía a enfrentarnos no podría proteger a mi prima.
─ ¡¿Qué?! ¡¿Quién? ─ espetó incrédulo y… ¿Enfadado? ─ No importa, me lo dirás luego Canon, ahora debemos ayudarla.