Capítulo Siete

1720 Palabras
La sala se había sumido en un profundo silencio, a un lado Canon saltaba sin cesar cual niño humano sobre los almohadones y sofás, frente a mí, Anael me observaba inmóvil, podía notar que ya no se encontraba tensa y estaba seguro de que había notado que iba a dañarla, me propuse bajar la intensidad de mi energía espiritual para no atosigarla, para que se sintiera cómoda y su percepción no se viera saturada, daba resultado. Seguíamos observándonos, estaba muy a gusto en el sofá, realmente hay creaciones humanas que valen la pena obtener, compraré uno para llevarlo a casa, bueno tal vez lo robe.  Canon iba y venía por la casa, a veces pienso que de verdad es un niño y no un demonio de casi tres siglos, la curiosidad en él, en ocasiones me desespera, sin mencionar que varias veces he tenido que salvarle el pellejo por culpa de ello. ─  Dime, ¿Qué quieres saber de mí? ─   Me dijo la chica un poco más calmada. ─  Pues, ¿Qué relación tienes con los ángeles? ─  pregunto desinteresadamente. ─  Soy un nefilim, ¿Eso no responde a tu pregunta? ─ Respondió recelosa. ─  Entonces, ¿Por qué tienes tanto miedo si sabes que eres una criatura no humana? ─   elevo una ceja divertido. ─  Apenas me he enterado de ellos, no tengo mucha información de la materia más que las pocas historias que se encuentran en libros o internet, algunas parecen demasiado fantasiosas ─  responde. ─  Estas asustada ─  sonrío. ─  Es lógico, toda mi vida he creído ser algo y ahora no es así, es como una gran farsa que han montado por mí bien ─  suspira. ─  Tengo miedo de lo que debo saber ahora, pero no de ti, no puedes hacerme daño. ─  ¿Por qué estás tan segura de ello? ─   elevo una ceja, sé que le he dicho que no voy a lastimarla pero, ¿de dónde salió tanta confianza? ─  Porque Merth me protege ─  soltó casi de manera orgullosa. ─  Mira, no voy a hacerte daño, niña ─  ruedo los ojos ─   Pero no tientes a un demonio ─  sonreí de lado. ─  Deja de decirme niña, soy adulta ─  me ve frunciendo el ceño ─   No pareces un demonio. ─  Camuflaje ─  solté divertido ─  Compórtate como adulto si quieres que te traten como tal. ─  Los adultos también sienten miedo, genio ─  elevó una ceja. ─  Gracias, siempre soy así ─   sonrío. Me sostuvo la mirada, casi podía ver cuánto le había enojado esas palabras pero decidió no decir nada al respecto, se puso de pie e intentó subir las escaleras hacia la planta superior pero el demonio que me acompaña se interpuso en su camino. ─  ¿Qué haces? ─   pregunté poniéndome de pie. ─  Llamaré a Merth, no voy a quedarme contigo a solas ─   respondió ─  Dijo que debía hacerle saber todo lo que sucediera. ─  ¿Por qué lo llamas así? Ese pollo alado tiene tú mismo nombre ─   farfullé enojado. ─  Yo lo conocí con ese nombre, además sería raro y confuso llamarnos igual, ¿no crees? Rueda los ojos ─  Y no le digas pollo intento de Príncipe ─   dijo retándome con la mirada. ─  No me des órdenes, mocosa ─   acorté la distancia entre nosotros. ─  ¡Oblígame! ─   me sostuvo la mirada  enfrentándome. Genial, fantástico,  ya no parecía tener miedo, o quizás, su lado nefilim la llevaba a atacarme, a oponerse a lo que representara autoridad en el momento puesto que esa era su naturaleza, una de las muchas razones por las que siempre han causado problemas enormes, no lo sé, ¿Quién sabe? Estábamos cara a cara, a unos centímetros del otro, podía sentir su agradable aroma, impregnaba mis fosas nasales de una manera arrolladora y maravillosa a la vez, no podía percibir otra esencia que no fuera la de ella ni siquiera sentía a Canon por ningún lado, y su mirada, tan expresiva y penetrante me erizaba la piel por completo, no podía causarme tanto descontrol... Observé sus labios unos segundos, se percató de mi acción y retrocediendo varios pasos los cuales yo seguí hasta terminó atrapada entre la pared y mi cuerpo. ─  ¿Qué haces? ─   lucía aún enfadada. ─  Te dije que no tentaras al demonio, Anael ─  solté en un susurro. ─  No he hecho nada para tentarte, solo te estoy diciendo lo que pienso ─  me observa. ─  Me tientas de todas maneras ─  respondo serio. ─  Tú, no eres un demonio ─   susurró. ─  ¿Por qué estás tan segura? ─   suspiré lentamente. En ese instante, algo me lanzó por los aires hasta el otro extremo de la habitación, choqué contra el mueble más cercano, caí estrepitosamente pero no me podía quedar allí, me puse de pie inmediatamente, frente a mí se erguía el arcángel con sus perfectas alas platinadas extendidas como si la casa fuese suya, la chica situada detrás de él, observaba la escena en silencio y asombrada por el cambio de ambiente tan repentino. ─  Merth... Tranquilo ─  Anael tomó su mano, ¿Por qué la tomaba? Demasiada confianza para mi gusto. ─  ¿Qué haces aquí Kaia? ─  masculla ─   Te advertí sobre estar cerca de ella. ─  Bueno, primero que nada, querido pollo, yo no sigo órdenes de princesas aladas. Segundo, a ti que te importa y tercero, ¿de dónde rayos saliste? ─   dije alzando una ceja. Ni siquiera lo oí llegar, mucho menos lo sentí cerca. ─  Deja de ser tan infantil, no soy un pollo ni una princesa ─  rueda los ojos ─   A mí sí me importa pues yo protejo a esta chica y tercero, Anael me llamó. ─   respondió gesticulando y moviendo las manos. ─  ¿Así que tienen una conexión? Bueno es propio de su relación ─  comenté meditando, tener una conexión con él debe de exigirle a la muchacha más de lo que cree pero al no ponerle atención se manifiesta de manera natural… interesante ─  Y si, eres un pollo princeso alado ─  reí con fuerza. ─  ¡¡Ya basta!! ─  exclamó ─  ¡Ambos son unos infantiles! ─   nos reprendió Anael observándonos de hito en hito. Ni que fuera mi madre. Pov Anael No comprendía porque discutían tanto, como es que dos seres de su tipo podían tener comportamientos tan humanos e infantiles, de pronto noté que a pesar de las circunstancias ambos se conocían, quizás por ser enemigos como demostraban ser pero había cierto cariño oculto. Por lo menos de parte de mi mejor amigo quien parecía ver a su oponente con tristeza y melancolía; camine por un lado de ellos, seguían enfrascados en su rivalidad, Canon ingresó en la sala, apenas observó a Merth y tomó posición de batalla. Todo pasó demasiado rápido para mí, no pude siquiera ver con claridad pero si reaccionar instintivamente, Merth lanzó una especie de plumas como cuchillas tomando por sorpresa al demonio que no le había dado importancia a su presencia, para cuando llegaron a Canon yo había volteado protegiéndolo mientras que extendía mi mano derecha a ellas, comenzaron a desintegrarse en el aire, no comprendía que sucedía, de nuevo lo hice, salvé a este ser, pero, ¿Por qué? Por alguna razón tenía la necesidad de mantenerlo a salvo, era como si algo en mi interior me gritara que lo proteja. Realmente no estaba segura, a veces mi cuerpo reaccionaba solo, como una especie de instinto, parpadeo varias veces para salir de mi sorpresa, Canon me observa sonriente, Merth confundido y Kaia, su expresión no tiene interpretación para mí. ─  Anael... ¿Por qué sigues protegiéndolo? No es un niño humano ─  Merth comentó mientras sus alas se plegaban hasta desaparecer, vaya uno a saber a dónde iban a parar. ─  Lo sé, pero mientras yo viva, no podrás hacerle daño ─   sonreí observando a la pequeña criatura. ─  Interesante... muy interesante en verdad ─   sonrió Kaia ─   Canon, debemos irnos ya. ─  ¿Tan pronto? ─   pregunto el chiquillo ─   Aún no quiero irme. ─  Descuida, volveremos a ver a ésta nefilim ─   anunció observándome. Una bruma oscura y espesa llenó cada rincón de la sala, me alejé sorprendida llegando hasta donde Merth se encontraba, Kaia desapareció envuelto en la misma sin dejar de verme, Canon lo siguió siendo absorbido y en un parpadear la sala regresó a la normalidad, la luz se encendió en toda la casa y pronto pude escuchar el sonido de la radio en la cocina; Merth seguía mirándome como si hubiera cometido el peor de los pecados, parecía molesto, asustado y a la vez aliviado, su expresión cambió y suspirando se dirigió a la cocina, tomó un vaso con jugo de naranja y lo escuché refunfuñar. ─  ¿En qué pensabas al dejarlos entrar? ─  molesto ni siquiera se dignó a voltear a verme. ─  No los dejé entrar Merth, ellos llegaron de la nada, no supe que sucedía hasta que ya era tarde ─  explico tomando asiento cerca de él. ─  Así es más difícil cuidarte, dificultas mi trabajo ─   me dijo mirándome serio. ─  No es mi culpa, dime todo sobre lo que sucede, ¿Acaso crees que no sé que me ocultas cosas? ─   masculle poniéndome de pie. ─  No puedo decirte todo, ¡Maldición! ¡¿Por qué no escuchas cuando te hablan?! ─   gritó ─   ¡Siempre haces lo que te da la bendita gana! Pero no funciona así, Anael, de todos los trabajos que tuve, tú eres el más problemático... ─   exclamó callando de repente. Un trabajo. Eso era para él. Nada más. Una punzada de dolor y decepción se instaló en mi pecho, ¿De eso se trataba? ¿Había una especie de paga o recompensa por cuidarme? No era realmente mi amigo, no, claro que no. Los ángeles no son amigos de los humanos. Mucho menos de los nefilim. Según las historias que he leído, somos lo que los ángeles odian, mis ojos picaban, mi vista se nubló por las lágrimas amontonadas y suplicantes por salir, lo observé, ¿Estaba arrepentido quizás? No me importaba, quería salir de mi casa y estar sola por lo que caminé hacia la salida, pasé por su lado sin mirarlo. ─  Anael... Espera... No te vayas... ─   lo oí decir. ─   Perdóname, Any. Intentó tomar mi mano pero la aparte como si de fuego se tratara, lo observé dolida y no hizo falta más para que bajara su cabeza, apresurada tomé el abrigo de Patrick, salí hacia la calle, el viento me recibió y mis mejillas sufrieron el impacto del frío. Iría con Patrick, mi primo me daría ese momento humano y tranquilo que necesitaba, ya era suficiente de tanta anormalidad, ya era suficiente de tener que entender tanto, ya era suficiente...
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