9. Malas decisiones.

1544 Palabras
Leigh. ─Estamos es tu oficina ─jadeo separándome de Ángel. Sigue devorando mis labios como si no hubiera dicho nada y a decir verdad se siente tan bien que a mí tampoco me preocupa mucho, solo se detiene para tomar aire y vuelve a mí con más ímpetu que antes logrando que mis bragas se mojen. Mierda. Suelta mis labios respirando fuertemente, me mira a los ojos y entonces baja dejando besos húmedos por mi cuello haciendo que un gemido salga de mí sin que yo pueda evitarlo. Cuando llega a mis senos toma una bocanada de aire como si le costara detenerse. ─Te deseo, Leigh ─susurra sobre mi piel. Escuchar su voz ronca por el deseo me excita de una manera que nunca me había pasado o al menos no que recuerde, miro sus ojos brillantes atentos a mí y entonces jala de mi blusa con brusquedad. Jadeo de la impresión pero no lo detengo sino que me remuevo en busca de más, pasa su lengua por mi piel lamiendo todo a su paso. Hace a un lado mi sostén y entonces es cuando retengo el aliento. Miro al techo nerviosa, ansiosa de su toque que no llega. Miro de nuevo y entonces veo su sonrisa ensanchándose, pasa su lengua sobre mi pezón haciéndome sonrojar pero se aleja nuevamente. No comprendo lo que hace, estoy a la expectativa sobre cuál será su siguiente movimiento pero no hace nada más que mirarme. ─Ángel... ─mi voz es irreconocible, deseosa incluso suplicante. Puedo notar el momento en que su autocontrol se desvanece, suelta mis manos al tiempo que se levanta atrayéndome hacia él. Pasa sus manos por mi cintura mientras toma mis labios nuevamente, en un instante me toma del trasero y me levanta llevándome en brazos hasta su escritorio en donde me sienta. Se aleja de mí y observa mi cuerpo completo como si se estuviera preguntando por donde empezar, siento sus manos rasgar mi blusa de nuevo pero esta vez el sostén se va con ella. Se deshace de mi ropa en cuestión de segundos volviendo a mis labios rápidamente, sus manos explorando mi piel. Siento su mano deslizarse más allá de mi cintura, llegando al vértice de mis piernas. Adentra su mano en mis bragas mientras sus labios juegan conmigo, mierda. Me remuevo ante lo frío de la madera pero más que eso no quiero que note la humedad en mí pero mi movimiento se ve obstruido por su agarre. Sostiene mi cintura con fuerza mientras sus dedos se escabullen bajo la fina tela de mis bragas. Jadeo al sentir sus dedos en mi piel sensible, lo ha sentido y el gemido que suelta me lo confirma. ─Joder ─escucho su voz en mi oído, grave─, que mojada estás. Escondo mi rostro seguramente sonrojado pero no puedo evitar sentir la tela tensa en sus pantalones. Sus dedos se aventuran más allá y no puedo evitar gemir cuando toca ese lugar sensible, tienta hasta sumergir un dedo en mi interior haciendo que mis manos se aferren a su espalda, arañándolo sobre la tela de su camisa. Saca su dedo y vuelve a meterlo, intento contener mis gemidos pero cuando añade un segundo dedo se me hace imposible seguir con la lucha. De momento se detiene sacando su mano de mis bragas así que lo miro en busca de una explicación a lo que responde con una sonrisa creída, maldito. Pienso en retirarme pero toma el fino encaje de mis bragas, lo aprieta y en un movimiento rápido rasga la tela arrancando la prenda de mí con furia. El sonido de la tela rompiéndose hizo más real el momento, trago grueso con los ojos puestos solo en él. Siempre he pensado que las oficinas son muy ruidosas, atestadas de voces fuera riendo o quejándose pero en este preciso momento solo puedo escuchar su respiración agitada y mi corazón frenético. Puedo notar la indecisión en sus ojos por unos segundos pero la brusquedad con la que me vuelve a tomar me hace jadear, toma mi cintura cargándome de nuevo, ésta vez hacia el sofá. Envuelvo mis piernas alrededor de su cintura llevada por la lujuria del momento, odio a este hombre de una forma especialmente intensa pero la forma en que me besa, en que me toca, me hace caer en un estado de demencia que nunca había sentido. Mierda, es que se le da muy bien. Con las piernas enroscadas en su cintura me lleva al sofá y una vez que allí me deja caer contra el frío cuero de éste, me mira como si fuera su siguiente comida y a decir verdad eso es lo que deseo. Observo sus movimientos a detalle, desabotona su camisa con paciencia mientras mira mi cuerpo desnudo y cuando ya se la ha quitado se encuentra conmigo. Se deja caer sobre mí, toma mis manos sobre mi cabeza y entonces sus labios encuentran mis pezones, los gemidos salen sin freno y él no hace nada por callarme sino que por el contrario, continua chupándome con fuerza, con deseo, con desenfreno. Si las personas fuera supieran lo que estamos haciendo seguro pensarían lo peor de mí pero su mirada no me deja pensar en ello y menos cuando siento su erección rozándome sin piedad. Muevo mis caderas hacia él deseosa de más y él lo nota por que cuando se ha saciado se deshace de sus pantalones en segundos, muevo mis piernas ayudándolo insaciable. Con mis pies empujo su bóxer fuera de él, mierda. Bajo la mirada a tientas y no puedo evitar asustarme ante lo larga que es, mierda. ─Eres hermosa ─susurra sobre mí. Miro sus ojos fijamente pero él se mueve, se acomoda y entonces empuja. ─Mierda... ─Sin groserías ─jadea Ángel con los ojos entrecerrados. Mierda, es que es tan grande. Siento su mano sobre mi cintura sostenerme con fuerza al tiempo que se mueve, joder. Ni siquiera me da tiempo de acostumbrarme al tamaño solo comienza a entrar y salir de mí con rápides, la brusquedad con la que me trata solo me hace humedecer más, nunca pensé sentir algo así. Nuestras miradas se encuentran y entonces una idea loca aparece, miro hacia abajo y entonces jadeo al ver su m*****o entrando y saliendo de mí sin parar. Ángel sigue mi mirada y entonces arremete con más fuerza, más rápido. Toma mi cintura empujando hasta el fondo de mí con cada estocada llevándome al clímax en cuestión de segundos, mierda. Siento como se tensa y poco después se corre en mi interior. Carajo, ninguno habló mucho pero eso fue muy bueno. ─Señor Grant, tiene una reunión en quince minutos ─escucho la voz de la rubia en el intercomunicador. Mierda. Ángel se levanta con el rostro indescifrable y se va al escritorio dejándome como tonta en el sofá, carajo ¿que pensé que pasaría? Me pongo de pie evitando su mirada y comienzo a recoger torpemente mi ropa del suelo. Falda, blusa, sostén y zapatos. ¿Dónde están mis bragas? Miro a Ángel buscando respuestas pero se gira sin emoción. ─¿Qué pasa? ─pregunta en un tono gélido. En el momento en que sus palabras llegan puedo ver imágenes de nosotros a través de los años, instantes en los que pensé que él y yo podríamos ser algo más, cada uno de ellos borrados por el hombre frente a mí. ¿Enserio creí que por que se acostó conmigo algo cambiaría? ¡Que ingenua! Me visto con lo que tengo y dejo las bragas en algún lugar de la oficina, me preparo para salir cuando su mano me toma por sorpresa, él de hecho está sorprendido. ─¿Te vas? ─sus ojos estás abiertos, confusos. ─Me voy. Suelta mi mano lentamente y entonces salgo antes de poder tomar más malas decisiones, ya ha sido mucho por hoy. Camino hasta el escritorio de la secretaria de Ángel y sonrío hipócritamente. ─Hanna, querida ¿podrías mandarme los documentos de la señora Hans? ─Lo siento señorita Leigh pero usted no trabaja aquí ─dice la rubia con sorna. Estoy a punto de mandarla a la mierda cuando la puerta de la oficina se abre y todos miran allí, incluyéndome. ─Dale lo que requiera ─ordena Ángel con su típico tono autoritario. ─Sí, señor. Hanna se mueve rápidamente haciendo lo que Ángel le ordena sin chistar, como un perrito. Sus zapatillas resuenan por toda la sala en silencio y puedo notar como le molestan al hombre frente a mí pero no dice nada mientras que yo sonrío. ─Leigh, te buscaré por la mañana ─espeta Ángel sin darme la cara. ─Lo siento Ángel, no estaré disponible ─un par de exclamaciones se escuchan al fondo, nadie le habla mal al jefe y menos lo llaman por su nombre. Puedo ver como sus músculos se tensan y sus puños se aprietan, está cabreado. ─He dicho que te buscaré. ─Y yo que no estaré disponible. Me doy la vuelta y tomo las carpetas que Hanna ha dispuesto para mí, camino con todas las miradas sobre mí y llamo al ascensor con los nervios de punta. Mierda, mi corazón apenas y puede con todo. Primero voy y me acuesto con él y luego se pone todo raro cuando le habla su secretaria. ¿Cómo pude creerle de nuevo? O casi.
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