Ángel.
Tres malditos años estuve bien, no pensé en ella demasiado y me follaba a quien quería pero han pasado veinticuatro horas desde que no la veo y necesito saber de ella, no soporto no saber. No se que me hizo la mujer pero estoy volviéndome loco.
Mierda.
No sé qué hacer.
Mientras tanto Hanna me informa una y otra vez sobre llamadas de algunos socios preguntando por Karla y clientes ansiosos por comunicarse con Leigh. Al parecer sin ellas dos todo el trabajo recae sobre mí y eso no hace más que ponerme de un humor aún peor así que me levanto de la silla encaminándome hacia el despacho de Leigh dispuesto a salir de la duda de una vez por todas.
Sandra se levanta de su asiento y camina hacia mí con temor, sus manos tiemblan mientras sus piernas se mueven lo más rápido que pueden con esas enormes zapatillas del color de su cabello.
─Disculpe señor Grand...
─¿Dónde está? ─pregunto sin rodeos pero su rostro me hace saber su confusión así que me hago a un lado buscándolo yo mismo.
Lamentablemente no encuentro al hombre con el que Leigh se estaba besando esa tarde, mierda.
─Karla ─espeto intentando ocultar la estúpides que iba a cometer, así no soy yo.
─Dijo que no vendría por problemas de salud y la señorita Leigh llamó para informar que se presentará por unos documentos pero también se ausentará debido a su accidente, no dieron más explicaciones ─habla rápidamente pero asiento para que se calle.
No le pedí que me dijera sobre Leigh pero ahora que la ha mencionado no comprendo, ¿no había renunciado?
Ah cierto, lo olvidó.
De cualquier forma no recuerda nada así que no veo ningún caso a que venga por documentos, ¿está loca? Bueno, eso ya sé que sí pero ¿no piensa en que le puede hacer daño forzarse?
Mierda, me estoy preocupando por una mujer de la que no quiero saber nada. Con un pésimo humor doy la vuelta para volver a mi oficina sin embargo mi huida es interrumpida por una mujer cuya presencia me pone peor si es que se puede.
ㅡ¿Aún sientes eso? ㅡpregunta muy cerca de mí.
Su aliento a pasta dental me causa nauseas pero no me muevo.
─¿Asco? ─cuestiono mirando las puertas del ascensor impaciente─. No, la verdad es que tiene tiempo que no lo tenía pero ahora que me estás viendo lascivamente me lo has provocado.
Su gesto se descompone por completo, me mira furiosa pero finalmente se aparta.
─Imbécil...
Pienso en darle una reprimenda pero eso significaría que me importa aunque sea un poco su opinión o algo así que decido pasarlo por alto entrando al ascensor pero al ver que también entrará pongo mi mano sobre la puerta y la miro fijamente con frialdad.
─Ni se te ocurra, espera el siguiente.
Zara aprieta sus labios con fuerza, seguramente guardando sus comentarios. Quito mi mano y la puerta se cierra sin ella dentro.
Gracias Dios.
Al llegar al piso cuarenta Hanna me intercepta a paso apresurado, sus zapatillas resuenan con cada paso dándome un dolor de cabeza extra no obstante antes de poder decirle algo me habla tan rápido como puede.
─Señor Grand tiene que ir a la sala de conferencias 4, la señora Hans está esperando muy enfadada.
Me dirijo hacia allí sin responderle a mi secretaria quién me sigue a trompicones. Si no sabe usar zapatillas para que se las pone, mañana prohibiré los tacones de por vida en el edificio sin duda. Abro la puerta de la sala sorprendido ante la escena, Alfred está al lado de la señora Hans.
─Buenas tardes ─saludo sin esperar a que alguien hable, como es costumbre se levantan al verme entrar así que me presento─. Dado que la señorita Leigh y mi hermana, Karla Grand, están ausentes llevaré este asunto yo mismo. Mi nombre es Ángel Grand, gerente general de la empresa o como yo prefiero decirlo, dueño de la compañía.
─Además de incompetente ahora es irresponsable, esa chica es mala para el negocio ─susurra la señora Hans en ruso lo suficiente fuerte para escucharla.
─La señorita Leigh ha preparado para usted un documento que requiere su firma... ─informo ignorando su comentario.
─Si piensa que yo firmaré...
─En cambio yo ─continúo con un tono más fuerte dando a entender lo mucho que odio que me interrumpan─, he preparado uno diferente. Le daré ambos contratos y usted decidirá sin que yo le diga de quién proviene cada uno.
─No tengo que pensarlo, esa mujer no me agrada...
─Que hable en ruso no significa que no la comprenda ─espeto fríamente hablando perfectamente el idioma de la mujer.
La señora Hans me mira sorprendida pero finalmente guarda silencio y toma los documentos que mi secretaria les proporciona. Ambas carpetas son del mismo color como ordené explicando a detalle mis términos y condiciones al igual que las de Leigh. Mi propuesta es simple, la señora Hans le cede las acciones a la compañía, es decir, a mí; mientras que la de Leigh es más compleja. Un contrato donde las acciones son entregadas a su hijo, aún no entiendo por qué querría cederle las acciones al hijo de esa mujer si al final aún habría que lidiar con un Hans en la empresa.
─Cuando firme alguno puede entregarlo con mi secretaria ─digo mirando expresión, está muy molesta─. Ah, algo más, Leigh es una licenciada con más de tres títulos y sabe al menos cinco idiomas a la perfección así que si quiere algo mejor puede ir a Rusia a buscarla usted misma aunque la verdad dudo que la encuentre por que ella es excelente en su trabajo y sobre todo es profesional.
Una vez que quedo satisfecho salgo de la sala mientras la señora Hans maldice en su idioma pero ni siquiera me quedo a escucharla pero como siempre no es tan sencillo ya que Alfred sale de la sala siguiéndome por el pasillo.
─Ángel necesito hablar contigo.
Pienso en mandarlo a la mierda pero tengo curiosidad así que sigo mi camino con él.
─Habla.
─En tu oficina.
Giro a ver a Hanna y ella se acerca corriendo a mí a sabiendas de que pediré algo.
─No me pases llamadas a menos que sea mi hermana o su socia ─espeto fríamente.
Hanna asiente y yo entro a mi oficina, Alfred detrás.
─Dime ─ordeno sentándome en mi lugar.
─La señora Hans está muy molesta y corremos peligro, me habló sobre venderle acciones a Spencer...
─¿Ese idiota? ─mi autocontrol se va por la borda en cuanto escucho ese nombre.
Spencer es el hijo de la señora Fátima, un estúpido en traje costoso que heredará la compañía de su padre.
Nuestra competencia.
─Tengo llamadas que hacer, sal ─ordeno respirando con dificultad.
─Ángel necesitamos que se quede con nosotros...
─¡Sal!
Alfred entiende y sale en silencio dejándome a solas con mi mal humor, no puedo creer que esa rusa se crea suficientemente inteligente como para traicionarnos. ¿Que se cree?
Mi celular suena y juro que lo voy a lanzar al otro lado de mi oficina o tal vez por la ventana pero el nombre en el reconocedor me hace detenerme por un segundo. Su nombre. Es ella. Mi corazón se detiene mientras mi dedo se desliza por la pantalla aceptando la llamada.
─Diga.
Intento mantenerme sereno, que no note lo mucho que me afecta.
─Necesito los documentos de la señora Hans y los demás clientes de Leigh importantes ─la voz de Karla me decepciona pero finalmente suelto el aire que no sabía que contenía y me doy un golpe mentalmente por pensar que Leigh me llamaría, que ingenuo─. Leigh está mal y necesito que todo se mantenga bien, después tomaré la licencia.
─Yo lo voy a solucionar tu encárgate de que mi sobrino nazca bien...
─Ángel...
No dejo que continúe cortando la llamada al instante, ya estoy mal y no necesito a mi hermana poniéndome peor. Busco entre mis contactos a Molly esperando tener una noche más placentera que este día pero como siempre las cosas se ponen difíciles cuando mi puerta se abre.
Me giro para matar a Hanna por entrar así pero sus hermosos ojos me miran extrañamente brillantes y no puedo hacer nada, me quedo quieto mirándola sin poder dar un paso al frente o atrás.
─Señor Grand, ella entró así nada más perdón ─habla Hanna asustada─. Tengo entendido que está despedida ¿quiere que llame a seguridad?
─Vete.
Leigh me mira confusa así que aclaro.
─Hablaré con ella así que no dejes entrar a nadie.
Hanna asiente y Leigh se mueve dejándola salir. Una vez que la puerta está cerrada me acerco a Leigh lentamente pero su voz me detiene en un segundo, el mismo tono con el que me ha hablado estos años regresa. Esa expresión inescrutable y esa voz que no me deja saber nada.
─Seré clara, me he topado con Zara en el ascensor y me ha contado sobre su relación y no pretendo interferir entre ustedes solo vine a arreglar ciertos asuntos pendientes. Esta mañana fui a terapia y me han dado unos medicamentos que me ayudarán con mi memoria así que vine para traer lo que necesito pero me han dicho en el piso veintidós que tenía que hablar contigo primero.
Claro, toda la empresa cree que no trabaja aquí por la escena que montamos hace un par de días.
─Primero que nada ─murmuro acercándome a ella logrando que ella retroceda─, yo no estoy con Zara y de hecho su presencia me repugna y segundo ─sigo caminando hasta ella y cuando su espalda choca contra la pared sonrío con maldad─, cierta chica ocupa mis pensamientos así que no tengo tiempo de buscar unos papeles cuando ella está aquí frente a mí tentándome con un atuendo tan provocativo como el que traes puesto.
Se remueve inquieta pero sus ojos siguen brillantes, aún más que antes. Cuando intenta escabullirse por un lado tomo sus manos levantándolas sobre su cabeza a lo que ella responde abriendo sus ojos de par en par.
─Justo así te ves exquisita ─susurro mirando su cuerpo con deseo.
Mira hacia abajo y puedo percibir su deseo emanando de ella pero intenta disfrazarlo de molestia, inútilmente. Me acerco más a ella haciendo que emita un pequeño gemido que hace que se me ponga dura al instante así que no pierdo tiempo a la hora de tomar sus labios en un beso apasionado, lleno de mis más escondidos deseos.
No tengo idea de que pasará mañana pero sé que ella está igual de loca por mí como yo por ella. La manera en que me busca, en que yo la busco a ella, es como si estuviéramos en una competencia intentando demostrar quien desea más a quién.
Lo que más me asusta es que ahora que la tengo entre mis brazos, que tengo sus labios y he probado un poco de ella estoy seguro de que quiero más, quiero todo. La quiero en mi cama y en mi vida para siempre por que sigo perdidamente enamorado de ella y no la quiero perder de nuevo.
Al demonio todo, ella es mía.