3. Pasado a la vista.

1833 Palabras
Ángel. ㅡDespués de tres años sin hablar con ella ¿ahora pretendes que trabajemos hombro a hombro? ㅡcuestiono molesto , ni siquiera puedo decir su nombre. ㅡVamos, no te caía mal ¿que sucedió? «Nada que le interese» ㅡNada sólo Anne, la empresa, papá, es mucho que procesar ─miento. ㅡBueno, entiendo que fue un año difícil pero ahora voy a ser madre y no puedo estar allí en cambio Leigh sí y, ya que el 38% de las acciones son mías pues designo a Leigh mi reemplazo ㅡapenas abro la boca para decir algo corta la llamada. ㅡMierda ㅡmascullo frustrado. ─Señor, la conferencia es en quince minutos ─avisa Hanna desde el intercomunicador. Frustrado a más no poder entro en el pequeño sanitario al fondo de mi oficina, me pongo un traje recién planchado y salgo. Es la primera conferencia que tendré que supervisar dado que Karla no me dejó otra opción, al menos no tendré que ver a esa mujer hasta dentro de dos semanas. En dos semanas será la conferencia trimestral donde asisten todos los empleados de rango alto aunque me conozco y veré la forma de evitarla a toda costa, lo he hecho por tres años ¿porqué no podría ahora? Me estresa no saber quien será el vocero de la conferencia pero con rostro indescifrable comienzo a caminar por el pasillo donde varias miradas femeninas se posan en mi para dos segundos después girar las con los rostros sonrojados. Presiono el botón del ascensor y espero pacientemente. Finalmente las puertas se abren pero una voz conocida no me deja disfrutar mi soledad ya que se posa a mi lado dispuesta a entablar una conversación. ㅡEl destino nos reunió de nuevo... ㅡZara, ¿cómo has estado? ㅡhablo gélido. ㅡ¿No me darás beso ni nada? «Jamás en la vida, mujer» ㅡSegún tengo entendido no somos nada ㅡdigo pasando junto a ella y rápidamente presionó el piso al que me dirijo. ㅡ¿Amigos? Las puertas del ascensor se cierran pero ella es veloz a la hora de entrar dejándonos solos, el desagrado es latente en mi. ㅡNi eso, Zara. ㅡ¿Hay alguien mas? «Sólo quiero que se calle» ㅡAsí es. Llegamos al piso 22 y rápidamente salgo del ascensor pero desafortunadamente también ella. Me dirijo hacia una oficina serpenteando entre todos tratando de perderla hasta que noto que me está siguiendo. Me meto en la primera puerta que encuentro y en cuanto estoy dentro me siento mucho mejor, cierro los ojos y me apoyó en la puerta. ㅡ¿Disculpa...? ㅡinquiere una voz dulce a mi espalda. No puede ser, ¿enserio? ㅡ¿Tan rápido te has olvidado de mí? Doy la vuelta dándole la cara pero entonces una oleada de emociones me toma desprevenido, sigue tan hermosa como siempre con esos ojos verdes brillantes, esos labios carnosos que nunca probé y esas caderas que me incitan a hacerle cosas que deberían ser ilegales. Esa piel blanca y repleta de pecas, su cabello perfectamente peinado listo para ser jalado por mis dedos mientras me entierro en ella. Mierda, ¿que me pasa? Le toma unos segundos reconocerme pero cuando lo hace su mirada se vuelve indescifrable. ㅡAh, buenos días señor Grand es un gusto verlo de nuevo después de tanto tiempo, con su permiso llego tarde a una reunión muy importante. Comienza ordenar papeles sobre el escritorio y a llenar carpetas, toma su bolso, los papeles y sale a toda prisa de la oficina sin darme tiempo a decir o preguntar nada aunque a decir verdad ni siquiera puedo hablar. Miro mi reloj dándome cuenta de que yo también voy a llegar tarde. Joder. «¡Que yo nunca llegó tarde!» Cómo puedo llegó lo más rápido posible a la oficina donde se hará la reunión. Solo hay cinco personas la señora Hans, su hijo y otros tres ejecutivos de la empresa. Alex Muñiz, Bruno Hans y Benjamín Porter. ㅡBueno y, ¿quién dirigirá la presentación? ㅡpregunta la señora Hans impaciente. ㅡAmmm, pues... ㅡcomienzan a balbucear todos, entonces sé que nadie tiene idea de quién va a hacer la presentación. ㅡViene en camino, le ruego sea paciente... Cuando la puerta se abre Alex se calla sorprendido al igual que todos al ver a la mujer frente a nosotros, elegante y hermosa como la misma luna. Sus ojos me cautivan como la primera vez tan llenos de emociones que ahora ya no logro descifrar, ha mejorado mucho en eso de esconder lo que siente. Cuando la vi en la oficina sin duda me pareció sensual con la ropa que llevaba, una playera corta negra y unos jeans claros ajustados pero ahora que se ha vestido para la ocasión me ha dejado sin palabras. Su mirada viaja a mí por unos segundos que me parecen eternos pero eventualmente se pone con lo suyo y entonces me dedico a observarla sin pudor. Su pantalón de vestir n***o es recto sin embargo sus caderas se marcan a la perfección, su pequeña cintura es fácil de notar dado que no trae puesto su saco. La blusa que usa con un escote lo suficientemente visible para no parecer exagerado o llamativo, joder. Es sexy. Su cabello cobrizo con un alaciado que la hace lucir aún mas hermosa, si es que se puede. ─Buenas tardes ─su voz interrumpe mis pensamientos aunque la erección en mis pantalones sigue a tope─, disculpen la demora. ─Apresúrese, no tengo mucho tiempo ─digo tratando de fastidiarla, con éxito. ─Claro... ─susurra con sus perfectos labios en una línea recta. El hecho de que su voz me excite me molesta pero escucho con atención sus palabras cuando comienza a hablar. Debo admitir que su presentación es asombrosa, noto como mueve los labios al hablar deseando besarla a cada nada, miro como sus iris verdes brillan más cuando habla sobre lo que ama, está mujer era impresionante y lo sigue siendo. De la nada toma la carpeta para repartir la presentación a todos pero antes de que logre su cometido la carpeta cae de sus manos y se derrama todo su contenido por el suelo. Papeles vuelan por la oficina. Pienso en levantarme para ayudarla pero antes de poder hacer algo la señora Hans habla con su típico acento ruso y su tono desaprobatorio. ─¡Qué persona tan irresponsable! Deberían ponerme con alguien de mi nivel, no con esta muchacha que ni siquiera sacar los papeles de una carpeta puede hacer sin regarlos por toda la oficina. Me levanto de mi silla pero esta vez no es para ayudar a la chica sino para poner en su lugar a la rusa. ─Si no le gusta puede ir y buscar otra empresa en cuál invertir, aquí no menospreciamos a nadie y nunca lo haremos. Leigh se pasó horas haciendo esta presentación y a mi parecer es perfecta además ella es una de las mejores empleadas que puede tener esta empresa; con permiso. Salgo de la sala de juntas con un sabor ácido en el paladar, no me gustó decir su nombre. No me gustó que me gustara. Me dirijo al ascensor molesto pero entonces recuerdo que en el piso 23 se encuentran las oficinas de contratación, entre otros papeleos así que subo por las escaleras y entro a la oficina de Javier. ─Quiero que hagas un contrato donde la señora Hans conceda sus acciones a la empresa a cambio de una buena cantidad de dinero ─le digo en cuanto llego. Javier me mira confuso y entonces mira la hoja sobre su escritorio. ─Disculpe mi confusión señor Grand pero la señorita Leigh acaba de venir pidiendo un contrato similar... Miro a Javier con mala cara y doy la vuelta frustrado al saber que tendré que hablar con Leigh. ─Nada, yo lo arreglo ─digo saliendo. Bajo por las escaleras lentamente, no quiero hablarle, no quiero verla de nuevo, no quiero sentir lo mismo que hace años, mierda. Los nervios aparecen como hace cinco años, mis latidos se aceleran al pensar en que la veré otra vez y no sé por qué si la acabo de ver hace menos de media hora. Mierda. Paso por la puerta que da al piso veintidós con la cabeza llena de preguntas sin respuesta, sentimientos me asaltan, sentimientos que creí muertos. Pienso en qué le diré mientras me acerco a su oficina pasando por alto las miradas femeninas de las secretarias concentrado en mi objetivo y, al llegar no espero a que me reciba sino que abro la puerta sin pensar. Mierda. La escena frente a mí me hace dar dos pasos atrás. Jamás lo admitiría pero verla así me dolió, me rompe el corazón que ella pueda seguir adelante cuando para mí fue lo más doloroso que me ha pasado. Hasta el día de hoy no puedo seguir con mi vida pero ella por otra parte se puede estar besando con cualquiera en su oficina. Tres malditos años y no he podido olvidarla. Tres años y ella tiene alguien más. Ni siquiera era yo, era ella. Ella tenía a alguien más y por eso me dejó, por eso me rompió el corazón. Miro fijamente la escena para no olvidarla, para no olvidar el porqué no debo amar a nadie. Todos mienten. Todas mienten. Doy la vuelta cuando el dolor ya es insoportable pero Leigh me habla una y otra vez, estoy seguro de que si me quedo pelearé con ella y no quiero ni siquiera dirigirle la palabra así que camino enmedio de los escritorios con la mirada de todos sobre mí ya que los gritos de la mujer detrás son imposibles de no escuchar. ─¡Señor Grant! ─grita una y otra vez. Me giro hastiado de su comportamiento, molesto por el dolor en mi corazón y furioso por que aún la amo. ─¡Maldita sea mujer! Ve a besarte con ese hombre y déjame en paz ─me callo mirándola con la rabia que siento y entonces decido decir su nombre por segunda vez después de tres años─, eso se te da muy bien Leigh. Las miradas que antes se posaban en mí se dirigen a ella sin preámbulos, sin pudor. Todos la miran con molestia, como si estuvieran seguros de que ella es la mala y, aunque así es me enoja que ellos la vean así. Que ellos la juzguen, para eso estoy yo. Su rostro se torna rojo, aprieta sus puños molesta y entonces habla. ─¡Eres un idiota, Moon! Púdrete me voy, renuncio. La miro sorprendido, no lo puedo evitar. ─You will be my moon, the one that lit up my nights and put a smile on my face ─puedo escuchar su voz hace cuatro años, maldita mujer. «¿Como se metió en mi corazón sin mi permiso? » «¿Quién se cree?» Traducción: "Serás mi luna, la que iluminé mis noches y ponga una sonrisa en mi rostro."
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR