Karla.
Camino a mi auto con una sonrisa marcada en mi rostro, creo que ya me duelen las mejillas por tanto sonreír pero llevo tanto tiempo esperando esto que no me importa.
Luego de la muerte de mi hermana, Gabriel se mostró comprensivo conmigo, éramos solo amigos pero con el paso del tiempo el amor surgió inesperado. Llevamos dos años casados y un año intentando embarazarme por lo que el hecho de que por fin vayamos a tener una familia me hace inmensamente feliz.
Conduzco por la carretera con el corazón a todo galope mientras mis dedos bailan sobre el volante de mi auto en cada oportunidad posible. Me detengo frente a mi hogar y bajo lo más rápido que puedo adentrándome en mi casa, mi lugar seguro.
ㅡ¡Amor! ㅡllamo en cuanto entro a casa.
Voy directo hacia la sala donde me imagino que estará mi marido pero al encontrarla vacía me acerco al sofá más grande, suelto mi bolso sin cuidado causando que caiga al suelo sin embargo lo ignoro mientras me deshago de los tacones que llevan matándome todo el día.
─¿Karla? ─escucho a lo lejos a Gabriel.
─En la sala ─dejo caer las cuerdas de mis zapatillas y entonces me levanto mirando a mi hombre entrar en la habitación.
─¿Qué haces en casa a ésta hora?
Se detiene al lado del sofá más pequeño, frente a mí. Tan guapo como siempre, sus ojos brillantes mirándome confusos y sus labios en una línea recta demostrando la preocupación que lo aqueja.
Observo su cuerpo sin pudor sintiendo las hormonas inundarme al ver sus fuertes brazos al descubierto, su torso cubierto con una playera de tirantes gris y sus piernas enfundadas en un short de deporte n***o. Su piel brillante por el sudor me provoca un deseo anormal, el hecho de que esto pase me hace recordar cada día el por qué estoy a su lado, me hace feliz en más de un aspecto de nuestra vida.
ㅡYa veo, no te alegra que esté aquí... ─digo a sabiendas de lo que hago.
─Cariño, perdón es solo que estaba en el gimnasio... no quise...
Se muestra nervioso de inmediato pero lo detengo con una sonrisa genuina.
─Cielo, no me ha venido la regla...
Se mantiene en silencio por unos segundos que parecen eternos hasta que finalmente sonríe y me mira con la felicidad marcada en cada milímetro de él.
─¿Estás...?
─Probablemente...
Guardo silencio al verlo acercarse apresurado, me levanta a volandas riendo de felicidad a lo que respondo igual. Entre risas y besos se detiene dejándome con cuidado en el suelo, se hinca manteniendo mi cuerpo quieto. Mira mi vientre plano con adoración, felicidad e incluso ilusión diría yo.
─Te voy a amar mucho ─susurra causando que una lágrima resbale por mi mejilla.
─Cielo, aún tenemos que ir con la ginecóloga y verificar que sea cierto. Si así es tendremos mucho trabajo ─digo sonriendo al verlo tan emocionado, igual que yo.
─Tranquila, yo me encargaré de todo, no les faltará nada a ninguno. Estoy seguro de que mi cuñado podrá darte un tiempo para tener a nuestro bebé...
La mención de Ángel me recuerda la licencia que tendré que pedir en la empresa, estoy segura de que me la darán pero con toda la emoción ni siquiera me detuve a pensar en el caos que se avecina. Después de lo que pasó con Anne mi hermano no volvió a tener comunicación con los clientes como la tenía, la mayoría de los inversionistas y clientes solo contactan conmigo así que si me voy solo quedarán Ángel y Leigh.
Teniendo en cuenta que ellos dos tuvieron problemas en el pasado dudo mucho que ahora puedan trabajar mano a mano.
ㅡLeigh me matará ─los nervios aparecen y mi esposo lo nota.
─Cariño, lo entenderá.
─Ángel me matará.
Gabriel me ignora manteniendo su concentración total en mi vientre así que pienso que lo mejor sería confirmar mi embarazo y llamar a Leigh para vernos, este tema será complicado pero espero que sea como mi esposo dice: lo entenderán.
· · ·
─Gabriel, no debiste insistir...
─Cariño es su trabajo además le pagué mucho dinero para que nos atendiera a esta hora.
─Lo sé pero iba a irse de vacaciones...
─Y ahora se irá mañana, relájate.
Guardo silencio esperando que razone, en vano. Tomo el cinturón de seguridad para quitarlo pero Gabriel me detiene haciéndolo él mismo, sonrío dejándolo hacer. Cuando menos lo espero se aleja de mí bajándose del auto, observo sus pasos hasta que está frente a mí abriendo la puerta para que baje.
─Cielo ni siquiera estamos seguros...
Me toma de la mano con delicadeza y entonces cuando estoy fuera del auto me carga como si de un bebé se tratara, cuando voy a decir algo me besa con pasión logrando que me calle y suelte un suspiro. Me remuevo queriendo que vea mi intención de caminar pero me ignora deliberadamente siguiendo con su camino.
La clínica se ve igual que la última vez que vine, hace cuatro semanas.
Camina hasta la recepción y entonces me baja para poder sacar su celular donde yace la cita previa.
─Piso 3, consultorio 309 ─dice la recepcionista con un tono robótico que me hace saber lo agotada que se encuentra de estar ahí.
Gabriel asiente y subimos en el ascensor en cuanto las puertas de éste se abren, ambos estamos callados. Supongo que ambos estamos nerviosos por lo que la doctora Daniels nos diga, si esto no fuese verdad creo que me destrozaría. Este es el último intento de momento, vivir con la decepción de no poder tener hijos es horrible.
A veces pienso en cómo se sentirá Gabriel al saber que la mujer con la que se casó no puede darle una familia por más que lo intente y las lágrimas salen solas. No puedo creer que no puedo, ¿es que estoy defectuosa?
Llegamos a nuestro destino, ambos caminando sumidos en nuestros pensamientos no obstante al llegar frente a la puerta 309 nos miramos con la misma emoción en nuestros rostros, el mismo pensamiento, la misma química que siempre hemos tenido.
─Buenas tardes chicos, ¿como les va? ─escuchamos a la doctora en cuanto entramos.
Su bata blanca perfectamente planchada y su sonrisa alegre me animan a sonreír.
─Bien, supongo que mejor que nunca ─me atrevo a decir ante nuestra sospecha.
─¿Qué pasó? ─pregunta sonriendo.
─Creo que estoy embarazada.
Su sonrisa disminuye aunque intenta ocultarlo, seguramente cree que no es cierto después de todo lo que hemos probado. Hace un mes que dejé el tratamiento de fertilidad así que es aún menos probable que sea verdad, la entiendo.
─Bien, sentémonos ─ordena tomando asiento en su silla.
La seguimos y entonces ella comienza a teclear en su computadora, comienzan las preguntas.
─¿Cuando fue tu última regla?
─Hace siete semanas ─respondo segura.
─De acuerdo, ¿tienes en cuenta que es normal que la regla no llegue debido al tratamiento?
─Así es, pero dejé el tratamiento hace un mes.
─Bueno, solo decía ─sé que no la convencí pero continúa.
La doctora Daniels se muestra neutra, anota en su computadora distintas cosas, me pregunta sobre síntomas y demás pero finalmente asiente y se levanta.
─Haremos un análisis de sangre pero puede demorar hasta una semana dado que la clínica se ha saturado estas semanas...
─Queremos saber de inmediato ─espeta mi esposo con el gesto duro.
─Podemos hacer un ultrasonido pero es muy pronto así que no les puedo prometer mucho... ─la doctora ignora el tono de mi marido concentrándose en darnos soluciones, excelente servicio.
─Hágalo ─ordena Gabriel.
─Por favor... ─termino por él.
La doctora nos mira comprensiva y entonces nos guía por el pasillo hasta una puerta grisácea la cuál abre dejando ver un cuarto blanco perfectamente ordenado. El piso reluciente y las paredes impecables, que gran lugar. La doctora toma una jeringa y entonces se sienta a mi lado lista para tomar la muestra.
─Aún así haremos las pruebas, ¿vale? ─asiento.
─Disculpe por mi marido, ha estado muy emocionado desde que le dije y....
─Tranquila, los entiendo ─susurra con su atención puesta en mi brazo.
Extrae el líquido necesario y entonces cubre mi pequeño piquete con una curita. Me disculpo nuevamente a lo que ella responde comprensiva, reímos un poco y entonces salimos al encuentro de mi marido entre risas y cotilleos. La doctora Daniels es buena para hacerte sentir en confianza así que cuando ya estamos en el cuarto, al lado de la máquina para el ultrasonido, me encuentro mas relajada.
Miro la habitación por unos segundos, un mueble llama mi atención debido al candado que se encuentra en la cerradura, la leyenda NO TOCAR me distrae por unos segundos.
─Son los expedientes médicos ─explica la doctora al ver mi mirada fija en el mueble.
Sonrío nerviosa, me pide recostarme así que hago lo que dice. Un líquido frío sobre mi vientre causa que me estremezca a lo que Gabriel responde con un mal gesto.
─Es el gel Gabriel, para el ultrasonido ─dice la doctora con paciencia.
Tomo la mano de mi marido notando como la tensión en su cuerpo disminuye, sonrío y él se relaja un poco más.
─Empezaremos con esto pero necesito que estén en silencio total, repito que es muy pronto así que las probabilidades de ver algo son muy bajas ─su tono de voz es relajado, diría que hasta tranquilizador.
Gabriel y yo asentimos emocionados, lo miro y entonces puedo ver a mi esposo, al verdadero. Al hombre emocionado por tener una familia conmigo.
La doctora pone sobre mi vientre un aparato extraño y entonces comienza a moverlo de un lado a otro, puedo ver en su rostro la esperanza de encontrar algo pero cuanto más tiempo pasa nada sucede y con ello nuestras ilusiones desaparecen poco a poco.
─Creo que no se ve nada... ─dice la doctora seria aunque puedo ver la tristeza en sus ojos.
Trata de parecer serena pero no lo logra del todo, mi sonrisa decae y con ella la de mi marido aunque él por su parte no se da por vencido.
─Súbale el volumen a esa cosa y cállense ─ordena tenso.
Aprieto su mano pero él mantiene su atención en el monitor frente a nosotros, miro con él pero aunque los tres queramos que algo aparezca no hay nada.
─Subiré el volumen ─susurra la doctora cabizbaja.
Guardamos silencio por unos minutos hasta que Gabriel se levanta de la nada.
─¿Qué es eso? ─pregunta con los ojos muy abiertos.
Ambas miramos el punto donde él ha dicho, una sombra quizá o un...
─¿Puede ser? ─pregunto nerviosa.
─Puede ser ─afirma la doctora ilusionada.
Mueve el aparato en mi estómago y entonces un sonido me alarma.
Bip... Bip... Bip...
Es débil pero sin duda los tres lo hemos escuchado dado que nos miramos entre nosotros.
─¿Escuchan eso? ─la doctora es la primera en hablar con la emoción en su voz.
─¿Es...? ─ni siquiera puedo formular una pregunta ya que lágrimas comienzan a salir sin control.
─Felicidades ¡ESTÁS EMBARAZADA! ─grita la doctora tan emocionada como nosotros.
Quizás tengo las hormonas a tope pero ahora todo se siente irreal de lo feliz que me siento, mi marido y yo por fin tendremos la familia que siempre quisimos, seremos padres y crearemos una nueva vida juntos. Me alegra haber elegido a Gabriel para compartir esto, es el hombre mas atento del mundo, el mas lindo y sobre todo el hombre que me ama.
Lagrimas de felicidad salen de mí mientras que una nueva preocupación surge, mi hermano...
Leigh y Ángel me matarán.