Miré a Daniel.
—En Aníbal. —Ellos comprendieron—. En nuestros hijos, en mi mujer, en los proyectos que tenemos, en las empresas. Estaba pensando en todo.
—Las empresas están cubiertas, todo marcha bien. —miré a Rata.
—Llámate a Zombi, dile que viaje lo más pronto posible. —Él y Arinka se radicaron en Colombia y trabajan para nosotros en el consorcio.
—Si señor.
—Muchachos, yo quiero ir a calentarme las bolas con mi mujer, nos vemos a las nueve, y estén con los ánimos dispuestos a trabajar. —dije.
—¡Bueno, nos vemos en la noche! —habló Cereza.
—¡Sí, ya dejemos de mojarnos el culo por gusto!
Cada uno espueleó a su caballo y comenzamos el galope de regreso a nuestras casas. No veía la hora de estar en ella, bajo las sábanas de mi cama, con mi deliciosa mujer desnuda, chupándome la v***a.
A pesar del puto frío que tenía colado en los huesos de solo pensar en lo sabrosa que era Verónica, se levantó el pene. Apenas llegue era lo primero que voy a hacer, satisfacer mi deseo por mi mujer, esta noche no sé cómo reaccionen ellos, espero acepten mi nueva visión.
Ellos serán libres de escoger si desean o no pertenecer a una organización bajo la sombra, en convertirnos en unos centinelas, me costó mucho convencer a Any para que ella fuera la cara visible de esa nueva red, de todos nuestros logros será ella quien se los atribuya.
Nosotros no existimos. Ella quería que acabáramos con los carteles, la mafia y la droga. Le dije que ese era su trabajo, nosotros solo iremos por aquellos que no tienen esperanza de ser rescatados. Ahora tengo hijos y no quiero ni pensar si algo les llega a pasar a ellos.
Esa operación en donde rescatamos a tantos niños… vi lo que les hacen, si yo soy un maldito engendro, entonces ¿qué serán ellos?, a mí jamás se me ha pasado por la cabeza matar la ilusión de unos niños.
Veo a los míos joder por la casa, escuchar sus carcajadas, ver cómo Victoria los pone en cintura a todos, escuchar cómo Liam aprende cada vez más a tocar el piano, descubrir a Dante como le gusta el campo y esa sagacidad de mando que tiene y lo sagrado que era para mí la tarde con Enrique diseñando.
Seré la voz de esos niños que fueron secuestrados, violados. Me tomaré la justicia por las manos si veo que ellos no son justos con las condenas. Los violadores lo pensarán muy bien, porque ya sea un individuo, grupo, cartel o mafia que trafique con menores entrarán a mi juego. A esos hijueputas, los joderé y por el Señor Dios que limpiaré mi culo con ellos.
Espero que mi equipo se una y empecemos a dar jaque mate a todo bandido que quiera joder a un niño. Eso implicará poner de nuestra parte, yo anhelo comenzar a restar puntos a favor para el día de mi juicio final.
Llegó un momento en el que nos fuimos separando, cada uno tomó el rumbo en su caballo en dirección a su rancho. Sentí una emoción ver a Verónica mirando por la ventana, esta mujer era mi todo, y esta tarde desterraré a mis hijos, porque solo quiero culear con mi esposa.
Sonreí de solo imaginar lo que le haré ahora. Si algo debo agradecer era que ella me salió más perversa, si no supiera que solo mi v***a ha entrado en esos tres disponibles orificios del placer diría que era una pervertida. Se tomó muy en serio el papel de puta. Cada vez que lo hace, ¡Me manda al cielo!
…***…
La tarde estaba horrible con este torrencial aguacero. Los niños apenas escucharon el primer trueno, se asustaron. Se metieron en nuestra cama, se quedaron dormidos, en unas semanas cumplen los cuatro años.
Se veían tan grandes y hermosos. Hace rato escuché un carro y eran las dos camionetas de la finca, Jacinto maneja una, que era con la que pasa siempre para hacer los trabajos y las diligencias referentes a las compras de los insumos y los medicamentos veterinarios para mi consultorio, no alcancé a ver quién conducía la otra camioneta.
La cabeza dura de mi marido se fue sobre Océano; anda feliz con juguete nuevo, era un ejemplar pintoso, blanco con manchas grandes café, son divinos. No puedo quejarme mi yegua, fue mi regalo de cumpleaños el año pasado y la llamé Playa.
Los truenos y los relámpagos continuaron cayendo, desde que me instalé en Blanco, no había llovido de esta manera, sin dudas, era una fuerte tormenta eléctrica. Hace media hora llegó Jacinto, nada que llega Rolan… Lo vi ingresar por el portón; tomé dos toallas y bajé como loca las escaleras, fui a esperarlo a la entrada de la cocina. Al llegar Inés preparaba una bebida caliente.
—El aguapanela con limón le ayudará pa’ que no le dé gripa, ya le escribí a todas para que les den lo mismo a mis hijos. Hace más de una hora deben estar aguantando agua.
Le di un beso. Su tumor sigue avanzando, de modo lento, pero avanza, lo bueno era que la teníamos monitoreada cada tres meses y el medicamento le ha mermado el crecimiento; eso nos alarga un poco la vida de Inés.
Hasta hace bromas sobre eso, dice que morirá de cualquier otra cosa menos de las bolas que le crecen en el cerebro. Roland ingresó tullido del frío, se ve tan perfecto, en la presentación que sea Roland Sandoval era demasiado macho y era mío.
Al verme hizo pucheros, se ve tan bello haciéndolo, ¿quién lo diría? Todo un vaquero y así emparamado se ve tan apetecible…
—¡Hermosa hasta el culo me tiembla!
Y hasta ahí llegó mi romanticismo, puse mis ojos en blanco, ya tengo siete años de casada y no logro asimilar qué de su boca, siempre saldrá ese tipo de comentario, no me imagino lo que pensará.
«Pero bien que te gusta cuando te tiene en ciertas posiciones». Salió mi voz pervertida, ya no era la voz de la conciencia, ¡no!, era la voz cochambrosa, pervertida y lujuriosa que ha surgido a lo largo de estos años. Y he de reconocer que una vez la dejo tomar el control, mi marido es el que más disfruta de esa versión de Verónica. Lo cubrí con las toallas, Inés le entregó el pocillo con aguapanela caliente.
—Gracias, mi vieja.
—Ahora si me voy a descansar, métete debajo de las cobijas, cámbiate de ropa.
—Necesito calentarme de otra manera.
Me dijo el descarado en mi oído, su boca estaba caliente por la bebida, cuando pasó su lengua por la parte de atrás de mi oreja, mis pezones se erizaron.
» Ya eres mía.
El sinvergüenza pasó la mano por los picos de mis senos. Me dio la vuelta, me cargó, mis piernas se aferraron a él por la cintura y comenzó a caminar conmigo aferrada a él, salimos de la cocina.
—Roland, los niños… —mordió con sutileza mi pezón logrando sacarme un gemido.
—Hermosa, solo vengo con una idea en la cabeza y es meter mi v***a en tus tres deliciosos, y apetitosos huecos. —Le halé el cabello, el acto lo separó de mi seno, al mirarme estaba sonriendo.
» Así me digas lo que digas, eres una pervertida y lo que acabo de decirte Vida, se te tuvo que haber mojado tu delicioso chochito.
Como quisiera contradecirlo, pero el bellaco sabe ponerme a tono. Nos besamos, subió las escaleras conmigo encima. Al llegar a la puerta de nuestra habitación.
—Cielo, los…
Esta vez me calló con un demandante beso, su lengua se impuso, con una mano me agarraba de las nalgas y la otra la llevó a mi cuello haciendo presión, se va a decepcionar cuando vea nuestra cama invadida. Comenzó a frotar su delicioso pene, lo tenía duro. Se separó y antes de ponerme en la cama se percató.
» No me has dejado decírtelo, los truenos los asustaron y hace media hora están dormidos. —Su mirada era de frustración.
—¿Hermosa que voy a hacer con esto?
Sus dos manos hicieron más presión en mi entrepierna para frotarse más fuerte. Al mirarnos sonreímos.
—En el baño, además estás mojado.
—Con ellos aquí no puedes gritar.
Sin bajarme ingresamos, cerró la puerta, le puso seguro, Dante o Enrique pueden entrar sin tocar. Me dejó a un lado mientras se quitaba la ropa mojada sin apartar la mirada de la mía, lo imité, me dirigí a la ducha.
» ¿A dónde vas? —señaló su erguido m*****o y no pude evitar lamer mis labios—. No hagas eso, devoró mi boca. No sabes lo mucho que me gusta ese gesto; es como si me vieras como un bombombum y de esa misma manera lo chupas, Hermosa.
El cuerpo de Roland me gusta, se está ejercitando todos los días, dijo que en el cuartel colocaron un gimnasio, sus treinta y cinco años le estaban sentando de maravilla, comenzamos a besarnos.
Mi mano acariciaba su abdomen mientras lentamente bajaba, hasta caer de rodillas; me deleité, acaricié, besé, lamí y devoré ese delicioso pedazo de carne. Algo debo de hacer bien, porque a mi esposo le encanta lo que le hago, metérmelo hasta donde alcanzo y al mismo tiempo acaricio sus testículos era sinónimo de corrida eminente.
—Eres una tramposa, Verónica.
—No tenemos tiempo y lo sabes, los niños se pueden levantar en cualquier momento.
Me cargó y debajo del agua Roland comenzó a acariciarme, ya se había corrido, su sabor me encanta, pero él era un hombre de tres asaltos, y ha entrenado muy bien a mi cuerpo, son tres orgasmos los que siempre se atribuye, mientras besaba mi espalda, acariciaba con lentitud mi seno, torturando el deseo de que tocara mi entrepierna, lo sabe y no me concede el placer, me tortura.
» Por favor, Amor.
—Solo cierra los ojos, Verónica.