Se retuerce en la camilla, su dolor es físico, el mismo que yo he experimentado tantas veces en mis sueños. Gime, llora y se estremece de tal manera que temo caiga de ella, Dom le administró un sedante para calmar un poco su desesperación, pero creo que aún no hace efecto. Me acerco. Su olor me embriaga, me hace temblar. Rozo la punta de mi nariz contra su mejilla y arquea la espalda profiriendo un grito ahogado. — ¡Vuelve a mí por favor! – susurro a su oído con voz sedosa —. No me dejes solo, te necesito a mi lado – se tensa, gime y suspira entrecortado, como i se desconectara de lo que le duele — ¡te amo! – llora como una niña, me acerco lo más que puedo a su cuerpo tomándola en brazos sin sentarme ya que la pequeña camilla no resistirá el peso de ambos, beso sus labios y los entr

