Como en un sueño.

1382 Palabras
  Kathryna   Jamás pensé en experimentar este momento, nunca me vi entre sus brazos de este modo tan inesperado, tan romántico e idílico. Creo que le pertenezco desde que era una niña, recuerdo que lo he amado desde siempre, independientemente de su edad y su estado civil... yo lo amé desde que lo vi. No tengo memoria de que él me haya dicho algo al respecto, de hecho no habíamos platicado acerca del tema hasta esta noche, pero el amor se sentía, la tensión s****l volaba alrededor y los acercamientos pues... ya los habíamos tenido, no me arrepiento de nada de esto, solo deseo que nos dure mucho. Amo a las niñas y quiero estar cerca de ellas, ser su amiga, ya me aman independientemente de que no sea su mamá, pero necesito ganármelas para luego decirles que soy... soy... no sé que soy de su padre.   Creo que acerca de ese pequeño detalle debemos platicar también.   Me incorporo en la cama y lo observo detenidamente, cada uno de sus rasgos, parece un sueño hecho realidad, como un príncipe azul ¡es perfecto! Me molesta que lo sea ¿cómo puede ser tan guapo? Esa es la razón por la cual todas las mujeres quieren saltarle encima, no dudo que ellas tengan buen gusto, pero tampoco dudo que vaya a tener problemas por eso.   ¡Soy una celópata-psicótica!   Y él un regalado que le sonríe a todas como a la morena que lo fue a visitar la otra noche, la misma con la que hablaba por teléfono cuando nos fuimos al club. Esa noche tenía una ira enorme ¿y cuando se tiró la rubia aquella? Bueno, también ese fue la noche que nos besamos como si fuésemos algo, como si en realidad nos perteneciéramos, no como otras veces que fui capaz de robarle un beso o un abrazo. Sonrío.   ¡Es mío, no lo creo aún!   Me siento al borde de las lágrimas por los últimos acontecimientos, puedo decir que a pesar de todo soy feliz y pienso disfrutarlo en grande.   Me atrevo a mirarlo descaradamente, es enorme y tiene rodo el cuerpo lleno de músculo, la sábana enrollada en sus piernas que solo le cubre hasta la cadera le da un aire tan sexy que me deja sin aliento, su abdomen es duro, construido con ejercicio y constancia, su torso es el más grande que he visto, su piel tan suave y tersa a pesar de la edad que tiene – que no me importa por cierto – provoca en mi una sensación de propiedad inexplicable, jamás me había sentido tan territorial con nada ni con nadie y ahora este señor que dice estar enamorado de mí y que me refiere ser mío, ha abierto ese sentimiento de posesión con el cual debo luchar para no ser una molestia. Peo si alguien quiere interferir lo voy a sacar del camino, si alguna mujer viene a querer quitármelo, va a tener que luchar con uñas y dientes porque no lo pienso ceder   ¡A nadie!   Beso sus labios y se remueve llevándome hacia su cuerpo desnudo, solo cubierto con la sábana y ya estoy tan excitada que no lo voy a dejar dormir, no sé qué hora es, solo veo que aun esta oscuro, no importa porque si es mío lo tomo. Bajo la mano hacia su hombría y suspira profundo. Se encuentra duro, caliente, observo como su pecho se expande al apretarlo, abre los ojos y se ve más guapo aun, me hace una pregunta muda, asiento, me acerco a su boca para adentrarme en ella y degustarlo por completo, me estrecha siguiendo el beso y gime cuando lo masturbo. Ahora este es mi sitio favorito, entre sus brazos y con su envergadura entre mis manos, no le doy tregua, subo a su cadera buscando la penetración que tanto deseo y la encuentro. Grito. Gruñe. Me detiene, casi lloro para que me suelte, lo logro y continúo montándolo, dejándome llevar por la lujuria que despierta en mí este hombre que aunque mayor, con un par de hijas preciosas y una vida recorrida, me promete amor con solo mirarme.      ...     — ¡Despierta preciosa! – gimo ante la sensación deliciosa de sus labios recorriendo mi espalda hasta el derriere y luego entre las nalgas sobre la sábana.   Mi cuerpo entra en tensión calentándose al instante, me encuentro acostada boca abajo en la delicia de colchón que tiene esta cama, niego levemente y resopla una risa justo en el centro de la columna haciéndome gemir de dolor, anhelo y placer. Nunca había tenido sexo tan... delicioso como el de anoche, aunque ambos estábamos muy nerviosos por ser la primera vez, fue lo mejor que he probado.   Acaricia mis costillas con suavidad haciéndome gemir de nuevo, sube a los brazos y los extiende hacia la almohada, retira la sábana para quedar completamente desnuda y a su merced, es increíblemente excitante lo que siento, la anticipación me puede y tiemblo como una hoja, trato de respirar y el pulso me ahoga, son tantas sensaciones que mi dominio propio se extingue para dar paso a una desesperante angustia, la expectativa de lo que va a suceder.   — ¡No quiero... despertar, te quiero a ti! – suplico enajenada por el roce de su piel y la humedad de su sexo pegado al mío.   — Entonces aprieta la almohada porque no quiero que te muevas – obedezco y me penetra desde atrás.   Grito. Es muy grande, se siente apretado, duro, duele un poco, pero toca un punto en el que no puedo resistir el placer, me siento violenta e intento moverme a mi antojo, sin embargo no puedo porque no me lo permite. Lloriqueo en protesta a su posesión, ríe en mi oído y siento lo caliente de su aliento en mi cuello, sus manos por todas partes y sus labios besando cada rincón de mi cuerpo haciéndome estallar en mil pedazos. Grito desesperada su nombre buscando calmar mi alterado cuerpo por el placer inmenso que siento. Gruñe y alcanza su climax para luego llenarme entera con su semilla inquietantemente caliente y deliciosa.       — ¿Qué haces? – pregunto azorada aun por el momento de goce que tuvimos.   — Hay que irse, ya mi teléfono se ha quedado sin batería de recibir llamadas y mensajes de parte de mi madre y los chicos – arrugo el ceño —. Hoy celebramos tus veintiuno ¿recuerdas? – abro los ojos.   — ¡La piscinada! – caigo falsamente desmayada en la cama y mi amor bonito resopla una risa —. Debemos irnos, pero eso no quiere decir que tengamos que hacerlo ¿cierto? – sonrío cqueta y alza las cejas.   — No podemos faltar, levanta que aun debemos pasar por la casa. Ethan se lleva  las niñas y tu y yo entramos furtivamente para evitar... preguntas – asiento.   — ¿Te molesta que pregunten? – indago incisiva.   — No Nena, es... un poco de... incomodidad ¿entiendes? – se le nota la duda en la expresión —. Pensé que anunciaríamos el noviazgo y las cosas se darían poco a poco ¿sabes? A la antigua – frunzo los labios.   — Te avergüenzas de esto – ya me siento irritada y no hablo de la entrada de mi v****a nada más.   — ¿Qué? ¡no por Dios no, claro que no! Es que yo, solo es... estoy criado a la antigua amor, es... es... todo – me mira como un cachorro perdido y me derrite por completo.   — Entiendo...   Salimos del ático evidentemente incómodos, el trayecto lo hacemos en silencio. Ninguno habla acerca del pequeño incidente en la habitación. Al llegar salgo del auto rápidamente, subo la escalinata que da a la terraza, ya estoy al borde de las lágrimas. Suspiro y antes de asir la manilla de la puerta siento sus brazos alrededor de mi cuerpo, me estrecha con fuerza, pero no me lastima.   — Eres todo lo que he anhelado y ni siquiera lo sabía – siento su aliento en el cabello, tengo que cerrar los ojos para evitar llorar a cántaros — ¡jamás me avergonzaría de tenerte, de que seas mía! Creo que siempre te he amado y más que eso, te he pertenecido...   Y con eso caigo a sus pies... de nuevo.
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