Calma.

1158 Palabras

Napoleón.   El sábado pasamos todo el día en la cama... amándonos, complaciéndonos. Pedimos mucha comida, tanta que yo particularmente parecía un cerdito por lo rellenito que estaba. Ella, preciosa desnuda o con mi ropa puesta ¿cómo pueden quedarle mejor mis camisas? Nunca dejé de tocarla, de acariciarle y decirle cosas dulces al oído, su piel deliciosa y suave como la seda me incitaba tanto que no podía dejar de besarla y mimarla. Dormí como un bebé, a su lado es más sencillo, más calmado, mas sosegado, entonces Jena si tenía razón. Ella me va a cuidar. Ella es mi ángel.   — ¿Aun en la cama perezoso? – asiento, viene con una bandeja de desayuno en las manos completamente desnuda, no puedo moverme de la impresión y los dolores musculares —. Son las diez de la mañana – coloca la bandeja

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