Kathryna. — ¡Sonya! – lo escucho susurrar cuando voy saliendo del consultorio bajo la atenta mirada de la odiosa Dra. Candid. ¿Cómo se atreve a decir que mi Napoleón puede ser capaz de herirme? ¡Es mi novio por el amor de Dios! Pero al percatarme de quien es, todas mis alarmas se encienden como un semáforo en rojo... es ella. La mujer que le hizo tanto daño, quizás más que las otras dos. Sé que no lo lleva muy bien porque Alma Nathalia se encuentra en medio, sin embargo y aunque tiembla visiblemente; su postura es desafiante, dominante... ¡Ay Dios, estoy excitada otra vez! Si supera esa señora – me refiero a la doctora – que yo solo deseo estar con él, todo el tiempo y la culpable de mi malestar soy yo misma, por atrevida, mi zorra interna se ríe de la travesura,

