En el exterior de la comisaría se detuvieron dos Rolls-Royce Phantom, uno más largo que el otro. Neil fue el primero en bajar del coche, con guantes blancos impecables. Caminó con paso rápido hasta la parte trasera y abrió la puerta. De ella descendió una figura erguida y poderosa. Desde la punta de los zapatos hasta el último mechón de su cabello, todo en esa persona era pulcro y perfectamente ordenado. Vestía una camisa blanca sencilla y pantalones negros, una combinación que le daba un aire casual y rebelde al mismo tiempo. Era una persona de belleza noble. En sus ojos solían mezclarse distintas emociones: afecto, solemnidad e indiferencia. Pero en ese momento, solo brillaba una frialdad cortante. Del otro vehículo descendieron varios hombres más. Samuel los recorrió con la mirada,

