capítulo 94

1491 Palabras

Como no lo hizo, eso significaba que estaría a salvo con él, pensó Celeste. —¿Qué estás haciendo? —preguntó al ver de pronto el rostro de Samuel acercarse demasiado. —¿En qué estás pensando? —Samuel entrecerró los ojos—. Sea lo que sea, sácalo de tu mente. —Solo puedes tenerme a mí en tu cabeza —añadió con voz dominante. Al escucharlo, Celeste murmuró para sí: Qué infantil… —Gracias —dijo en voz alta. Después de todo, había sido Samuel quien finalmente la sacó de ese dilema. Giró la cabeza hacia el otro lado. A los ojos de Samuel, el perfil de Celeste era tan suave y redondeado como una bola de masa. De verdad tuvo el impulso de apretarlo. —¿Así es como expresas tu agradecimiento? —preguntó entonces. Con el afán de superar a Robert ya desvanecido, el viejo Samuel volvió a emerger.

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