Con sus delicadas manos apretando la hombría de Henry con firmeza, Madison observó a Henry, el gesto altanero que siempre mantenía fue sustituido por una mirada lujuriosa mientras que Madi deslizaba su mano por todo el largo de su falo. Henry sintió sus dedos largos presionando su piel y tensó su mandíbula al verla acomodar un mechón de su cabellera negra detrás de su oreja para luego acercar su boca a la punta y sacar su lengua para lamerlo. Lo que sintió Henry al probar la humeda lengua de Madi sobre su glande fue una mezcla de placer con una onda eléctrica que lograba paralizar sus sentidos. Los labios de Madi succionaron su m*****o para luego apretarlo mucho más con su lengua y llevarlo lo más hondo posible hasta reprimir una arcada. Henry no era el primer hombre en la vida de Mady

