Los rayos de sol que ingresaron por la ventana golpearon el rostro de Paris, con una mano cubrió su rostro mientras la otra la aferraba a las sábanas que cubrían su cuerpo desnudo. —Ohh —jadeó ella sintiendo la humedad que la lengua de Sebastián provocaba en su zona intima. Las piernas de Paris se separaron mucho más, mientras el enorme bulto debajo de las sábanas se movía entre los muslos de Paris. —Tengo hambre… deberíamos comer algo —espetó Paris entre jadeos. —Eso hago —dijo Sebastián retirando la tela que los cubría a ambos—mi desayuno es delicioso —manifestó continuando con sus movimientos hasta que sintió el cuerpo de parís tensarse cuando llegó su orgasmo. Sebastián se colocó sobre ella y sin la mínima intención de darle tregua, comenzó a embestirla con rudeza, su cuerpo se mo

