La castaña llega a su habitación y cierra los ojos completamente desencajada cuándo cierra la puerta y se encuentra en total soledad. —¡No puedo creer qué seas incluso tan bestia hasta para hablar!— Maldice hablando en voz alta. Quiere golpear cualquier cosa que tenga delante, se sienta en su mullida cama y suspira calmando un poco su agitada respiración. Ella no suele reaccionar de esa manera, y se sorprende de que no esté aferrada a un inodoro vomitando en estos momentos, y luego reconoce perfectamente por qué es que esa sensación no está pasando por su cuerpo. Y aquello se debe solamente a la rabia que recorre cada parte de su cuerpo por las palabras de mal gusto que había tenido León para con ella, y si bien podía llegar a reconocer que se había aprovechado de la buena voluntad que

