Al día siguiente, ya bien avanzado el día fue que pudieron abandonar la cabaña. El sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de un naranja pálido, mientras Nathan observaba desde la ventana del vehículo. A su lado, Eysi permanecía en silencio, como siempre, sumida en sus pensamientos, sin hacer más que un leve movimiento para acomodarse en su asiento. La tensión que había surgido entre ellos la noche anterior parecía haberse disipado por el momento, pero Nathan sabía que algo había cambiado. Algo que él no lograba identificar del todo, pero que resonaba profundamente en él. Suky había sido clara en su advertencia. La preocupación de la chica por lo que podría suceder entre él y su hermana, esa extraña sensación de vulnerabilidad velada que hay en Eysi, y la curiosidad que ella había desp

