La madrugada había caído, y la atmósfera en el hotel había cambiado por completo. La gente ya se había retirado, las luces de los pasillos comenzaban a apagarse y la tranquilidad se instaló como un velo pesado. Sin embargo, Nathan recién había terminado la reunión, no podía dormir, tampoco lo quería. Ese no era el plan, no era su plan.. El sonido de los relojes en las paredes de la suites lo acompañaba en su desvelo, como si cada tic-tac le recordara el impulso que lo había llevado hasta allí. La habitación de Eysi se encontraba al final del pasillo, una puerta cerrada que ocultaba a la mujer que lo había estado desconcertando desde un puño de semanas. La misma mujer que, con su actitud desafiante, y sus silencios, había desbaratado la frialdad con la que Nathan había manejado a todas las

