La lluvia persistente que caía sobre la propiedad Evans no era más que un eco tenue comparado con la tormenta que rugía en el interior de Eysi. Había pasado una semana desde aquella noche. Una semana desde que Nathan la había reclamado con una desesperación que no entendía, con una fuerza que todavía le ardía bajo la piel. Se habían jurado no repetirlo. No volver a ceder. Fue un error, se dijeron. Un momento de debilidad. Nada más. Y sin embargo... Cada vez que lo veía cruzar el pasillo, cuando su sombra se proyectaba sobre la luz tibia del atardecer, el cuerpo de Eysi se tensaba con esa mezcla indescifrable de temor, deseo y una culpa que le raspaba el alma. Nathan no hablaba del tema. No hacía alusión a lo ocurrido. Al menos no con palabras. Pero Eysi podía sentir cómo sus ojos la seg

