Salimos juntos en la moto hasta las afueras de la ciudad, al mismo lugar donde fuimos cuando pensamos que iban a separarnos. Quisimos pasar la última noche de soltería juntos, como siempre disfrutamos del silencio de la noche y de nuestra compañía. —¿Lista para empezar a escribir una nueva historia? —me preguntó. —Más que lista, contigo lo quiero todo —sonreí. —Mañana te convertirás en la señora Fernández. —Eso suena hermoso, me encanta la idea de convertirme en tu esposa para siempre. —Ya no hay vuelta atrás, juntos hasta la muerte y más allá. Sonreí, apoyé mi cabeza en su pecho, nos quedamos abrazados disfrutando del momento en un silencio perfecto, ambos recordando el camino que habíamos recorrido para llegar a ese punto. … Al día siguiente moría de nervios, eso parecía un

