MI ESTÚPIDO HERMANASTRO. Capítulo 10. Cuando por fin se durmió solo se quejaba, no dejaba de temblar, tenía varias sábanas encima. Bajé a la cocina por agua para ponerle compresas, no entendía porque tenía que preocuparme por ella, solo lo hacía para evitar el castigo de mi padre, solo por eso, eso pensaba. Mojé una toalla, la puse en su frente y otra en su cuello, ella no dejaba de hablar, aunque eran cosas que no entendía, apretaba mi mano y repetía una y otra vez «tengo miedo». Las gotas de sudor bajaban por su rostro, por todo el pecho, se cubría con la sábana y al instante se la quitaba, repetía que tenía miedo, como un maldito impulso la abracé y susurré en su oído. —Yo también tengo miedo. Se aferró a mi cuello, sentía su aliento caliente quemar mi rostro, me quedé inmóvil,

