MI ESTÚPIDO HERMANASTRO. CAPÍTULO 36. Como pude me levanté, salí tras él, entró al garaje y se subió a la moto, con la voz entrecortada pregunté. —¿Álex a dónde vas? Su mirada estaba sin brillo, la sonrisa de su rostro desapareció, encendió la moto y salió, al parecer no me escuchaba o no quería escuchar. Caminé tras él con alguna dificultad ya que estaba descalza, cuando estaba a punto de cruzar la puerta principal le grité con todas mis fuerzas. » ¡ÁLEX NO ME DEJES SOLA, SI ALGO TE PASA ME MUERO, NO QUIERO PERDERTE A TI TAMBIÉN! Me dejé caer de rodillas sobre la arenilla, lloré, gritos que desgarraban mi alma, sentí ese rayo de luz que me mantenía viva. —¡Aquí estoy! — se inclinó tomó mi rostro en sus manos, con lágrimas en sus ojos susurró —,no llores mi vida, no llores, pe

