Heleanor estaba en una reunión ejecutiva en el edificio de su empresa. Luego de haber terminado la junta con los accionistas y con los ejecutivos, puso sus codos sobre la gran mesa rectangular de oficina, agachó la cabeza y moldeó una pequeña sonrisa, recordando lo que había sucedido dos semanas atrás con Hedrick, cuando lo ayudó con el pago de la matrícula de la universidad; la carrera de él no era la más costosa, pero tampoco la más barata, pero el valor era considerable. —¿Qué es esto? —peguntó Hedrick. Estaban en la cama y Heleanor se había sacado un papel blanco del busto, que traía en el camisón para dormir. —Es el pago para tu matrícula. Ya pronto regresarás a la universidad. Es mi regalo —dijo Heleanor con agrado—. Ya lo he hablado con Hanna, así que no tienes que poner escusas p

