Hedrick inclinó su cabeza hacia un lado y juntó sus labios a los de Heleanor. Le dio vuelta y le abrió la cremallera del vestido vino tinto. La prenda cayó al suelo, mostrando la seductora lencería interior de su amada. Era de encaje negra semitransparente con diseños de pequeñas flores. Su entrepierna se alzó con ímpetu al verla y se le marcaba en el pantalón de su traje gris. Le apartó el cabello oscuro hacia un lado y le besó por la nuca. —¿Dónde lo haremos? —preguntó Heleanor con voz pesada. —Aquí y luego en mi cama —respondió Hedrick, mientras le apretaba las nalgas—. ¿Nadie te ve la espalda, cierto? —Sí, alguien la ve —respondió Heleanor. Hedrick endureció su expresión al oírla—. Solo tú. Hedrick cambió su semblante y sonrió con malicia. Comenzó chuparle la blanquecina piel del d

