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Pesadillas Artesanales

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tragedia
misterio
miedo
evil
sobrenatural
terror
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Descripción

Cuentos de terror y misterio que tienen mi sello personal, y que en todo momento te causarán escalofrios, haciéndote dudar de todo lo que creías sobre lo paranormal. ¿Estás listo para sumergirte en estas PESADILLAS ARTESANALES?

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Abel Nicolás (Capítulo uno)
Genial... otra noche más acá. Resoplé sarcásticamente, viendo que el sillón cama ya estaba armado,y que habían dejado una almohada y sábanas dobladas en uno de los sillones individuales. ¿Eso que quería decir? Nicolás, hoy te toca el sillón. Recién llegaba de ayudarle a papá en la casa de mi tía -estábamos haciendo una renovación general en su casa desde hacía cuatro meses, más o menos, y ese día decidimos extender la jornada un poco más hasta llegar a las ocho horas- y me recibían así en casa de mis abuelos, donde vivía junto a ellos y a mi hermano mayor. -Ni siquiera pusieron las sábanas. Las tengo que poner yo -observé, medio indignado. El mero de hecho de saber que tenía que comer, bañarme, tenderme la cama ya me cansaba. Cero ganas de vivir, me daban así. -¿Cómo te fue? ¿Qué hicieron? -quiso saber el abuelo, con el torso al aire a pesar de que el clima estaba fresco. -Bien... tranquilo. Papá terminó los cerámicos del piso y yo mientras tanto fui empastinando todo. Bah... casi todo. -¿Por qué? Cerró la puerta de la entrada a mis espaldas y le puso llave y pestillo. Ambas cosas. -No pude empastinar los cerámicos que puso hoy porque las juntas todavía estaban frescas. Mañana lo voy a hacer con mucho cuidado de no correr la mezcla, porque aunque parezca que ya están bien pegados, no podemos pisarlos hasta recién después de las cuarenta y ocho horas porque la mezcla se mueve un poco y los despega del piso. Expliqué lo más rápido que pude para que no me entendiera y dejara de hacerme preguntas. No es que fuera mala onda, sino que estaba cansado y lo único que quería era llegar y descansar un rato. Quince minutos, por lo menos, en lo que la comida se calentaba. Así que creo que queda en claro que asistir a la rueda de prensa no estaba dentro de mis planes. -Ah -fue lo único que contestó el abuelo. Él no se daba mucha idea de la albañilería, así que tomaba cualquier cosa por cierta, por más que no entendiera un pedo. Tranquilamente podía decirle que la mezcla de hormigón estaba hecha de polvillo de suciedad y lavandina y se lo creería sin dudar ni por un segundo. Caminé por el living, y cuando estaba llegando al pasillo, me dí cuenta de que quizá había sido muy cortante y grosero, así que para no dejar la charla ahí, pregunté: -¿Cómo estás vos? ¿Y la abuela? -Bien, bien. Tu abuela está durmiendo ya, y yo encerrados con este virus, pero qué se le va a hacer. -Asentí, mirándolo. Cuando escuchaba esa respuesta, que era cada vez más frecuente en boca de ambos, me daban ganas de sacarlos a pasear a algún lado, pero pensándolo mejor probablemente esos planes terminaran perjudicándolos, porque eran mayores de setenta, y sólo tenían una dosis de la Sputnik, así que todavía estaban vulnerables-. Ahora estaba por ver una novela y ya me iba a acostar a dormir. -Ah... ¿esa del doctor no sé qué? -Recordaba haber escuchado en la radio que ese programa últimamente estaba teniendo muchos puntos de rating en la televisión. -Sí -rió él-. Es turca la novela, así que de ahí sacá los nombres raros que pueden tener. También reí, y con un no sé qué de no querer dejarlo, abandoné el living y pasé al pasillo, encontrándome con que la pieza que compartía con mi hermano tenía la puerta cerrada, y el nunca la cerraba... a menos que Clara, su novia, estuviera con él. -Exacto. Era lo que adiviné apenas vi el sillón armado. Resoplé, y sin darle mucha más importancia, fui a la cocina. Dentro del hornito eléctrico sobre la mesada habían unas presas de pollo y unas cuantas papas y batatas fritas. -Juuu -exclamé. De que de por sí venía hambriento, lo que estaba viendo me abrió el apetito aún más. _______________________________________ Ah... Hola Nico. Escuché una voz detrás de mí mientras ponía las sábanas sobre los almohadones del sillón, luego de comer y tomar una ducha. Ni siquiera me hizo falta darme vuelta para saber de quién se trataba. -Hola Clara -la saludé con la voz más amable que me fue posible poner. Tuve que fingir porque si hablaba con el tono que me habría salido naturalmente, lo más probable es que se hubiera ofendido. Pero si sonaba grosero no era por ella, sino por el cansancio. -¿Todo bien? -Sip. Terminé de extender el cubrecama sobre los almohadones y me giré hacia ella para saludarla chocandole el puño. -Recién llego -le conté, tomando conciencia de que, por enésima vez en el día, acababa de sonar seco. -Sí, recién escuché cuando tú abuelo te abrió. Nada más que yo y tú hermano estabamos viendo una película y ni queríamos perdernos el final. -Si, no pasa nada. -Honestamente, quería dormir, dormir y dormir hasta que la luna me lo permitiera. Si podía evadir a la pareja de tortolos, mejor. Me ahorraría tiempo conversando con ellos para no ser descortés-. Oh... y ya que estamos hablando de eso, ¿Dónde está mi hermano? ¿Está durmiendo? Quise saber, mirando el reloj colgado sobre el marco de la puerta del living, el cual indicaba que eran las doce y veinticinco. Él también trabajaba, e incluso tenía un horario más largo que el mío, así que me pareció muy probable el hecho de que a esa hora ya estuviera roncando panza arriba. -Sí -dijo con una sonrisa adormecida que la hizo parecer cansada. -Parece que vos también en cualquier momento quedás mosca -observé, y ella rió. -Mmh. Me senté en la cama -o sillón- y me refregué los ojos al sentirlos secos, y los párpados pesados. Se notaba que el efecto despabilante de la ducha que me había dado ya estaba comenzando a desvanecerse. -Somos dos entonces -dijo, en cuanto un bostezo repentino salió de mí-. Mejor te dejo así podés descansar tranquilo. Clara era una buena chica. Era considerada y amigable, lo cual agradezco muy a menudo, porque sería muy complicado tener que convivir todos los finés de semana con una mujer -joven de veinte años- detestable. Y por estas cualidades fue que debió notar en ese momento que era tiempo de que cada uno se fuera a su cucha. -Dale, gracias. -Extendí mi puño y ella me lo chocó, tal como esperaba-. Nos vemos mañana. -Hasta mañana. Se despidió ella también. Dejó el living, pasó por el pasillo hasta que entró al cuarto mío y de mi hermano, y cerró la puerta a sus espaldas. -Perfecto. Suspiré acostado boca arriba en mi nueva cama por tres noches. Ya por fin podía cumplir con la necesidad más importante para mí en esos momentos: dormir. Me estiré en la cama y nunca imaginé que un sillón pudiera resultarme tan cómodo cuando sentí las sábanas frescas en las partes de mi cuerpo que no estaban cubiertas por ropa -lo cual es una porción mínima, ya que por lo general duermo con remera manga corta y short... y bóxer, por supuesto, aunque como eso va debajo del pantalón corto no creí que fuera necesario aclararlo-. La sensación aliviadora que sentí, luego de una larga jornada de movimiento continuo volviera a apoyar mi cabeza en algo suave multiplicó por diez la comodidad y la ilusión de necesidad de nunca más moverme de all. Pero como siempre resulta imposible tener un momento de paz para uno mismo sin que alguien interfiera o te arruine el momento, escuché que alguien me llamaba. -¡Nico! ¡Nico! Di un sobresalto del susto al escuchar los gritos desesperados, y me preocupé cuando te conocí la voz de la abuela llamándome desde su pieza, que quedaba sumamente cerca, pegada al living. Me levanté de un salto y corrí descalzo los pocos pasos que me separaban de su habitación, pensando en que alguna urgencia habría ocurrido, y es que no encontraba ninguna otra explicación a lo desesperada que sonaba. -¿Qué? ¿Qué pasa, abuela? -pregunté agitado, apoyándome en el marco de la puerta y asomando la cabeza hacia dentro. Enseguida noté que la televisión de la pieza ya estaba apagada, y que el abuelo dormía plácidamente. Esperé encontrarme con la abuela tirada en el piso. Hacía un mes y medio más o menos, una madrugada tuve que ir corriendo a ayudarle porque se había caído de la cama. Se ve que en medio del sueño había girado, o algo y acabo en el suelo. Pero gracias a Dios que la situación no fue como me lo imaginaba. Ella estaba acostada y tapada hasta la cabeza sin ninguna aparente complicación. -Nico -repitió, mirándome fijamente desde detrás de los vidrios de sus lentes de lectura. En ese momento, viéndola mejor, también me di cuenta de que tenía la biblia sobre la cama, algo muy normal en ella por su fe en Dios. -¿Qué? A pesar de que había confirmado que todo estaba en orden, a mis latidos le costaban volver a la normalidad. -Si ya te vas a dormir acordate de apagar las luces del living. > pensé cuando verifique que sólo se trataba de una tontería. -Sí abuela, no te preocupes. Descansa. Me despedí mientras salía de debajo del marco de la puerta. Retrocedía unos pasos, volviendo al living, y me apresuré a bajar la tecla de la luz para poder volver a la cama lo antes posible. -Luces apagadas -me dije a mi mismo, y me metí de un salto a la cama. Imagínense lo cansado que estaba que ni siquiera estoy seguro de haber recuperado la comodidad antes de quedar dormido. ______________________________________ -Nicooo. Escuché que me llamaban, y desperté sobresaltado, con el corazón a doscientos por minuto. Pero no había nadie.

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