Capítulo 7: Delta

2406 Palabras
Narra Gwen: Trevor hizo trampa, pero... ¿Por qué quiere hacer el trabajo conmigo? Ni que yo fuese muy inteligente. ¿Acaso quiere que vaya a su casa? No, no creo... ¿Y si sabe que lo evito y es la manera de acercarse a mí? No, eso tampoco. Tal vez le gusta como hago mi tarea, si... eso tampoco es. Se acerca y lo evito como hacia hasta que me tocará trabajar con él, tenerlo cerca es insoportable en muchas maneras. —Eres muy inteligente, Gwen —susurra, mi piel se eriza. —¿Qué? —Nada. Frunzo el ceño y me sonrojo por su cercanía, nuestras manos rozan y me doy cuenta que cada vez que esta cerca de mí se estremece, como si algo lo golpeará o le molestará, o como si no fuese suficiente el rozar. Él es extraño, lindo pero extraño. —¿Te veo hoy en mi casa después de clases? —frunzo el ceño—. Para el trabajo —explica. Mi boca se abre pero de inmediato se cierra, no dejaré que tus planes salgan como planeas. —¿Por qué no lo hacemos en mi casa? Pretendo cambiar sus planes y ser yo la que controle la situación. —No puedo en tu casa —dice, hace una mueca con sus labios y se despeina. —¿Por qué? ¿Qué tiene de malo mi casa? —Debe ser en la mía o Delta se pondrá celosa —responde, ¿Delta? o Trevor no te la dejaré tan fácil, no iré a tu casa—. ¿Por qué no quieres ir a mi casa? —No dije eso. —Lo pensaste, digo... Tu cara lo demuestra —balbucea. —No puedo, mi madre no va a dejarme, es muy sobreprotectora —sonríe y alza las cejas. —Te dejo la primera vez, ¿Qué tiene de malo la segunda? —ruedo los ojos, me está ganando en mi propio juego—. Si quieres puedo hablar con ella, le caeré bien —trago fuerte. —Claro... —digo entre dientes, me guiña el ojo y se va. Lo odio. Salgo del aula dando pisadas fuertes, me gano. Pero igual quiero descubrir si nuestro primer trabajo juntos él tuvo que intervenir. Busco a el profesor de química por todas partes, la sala de profesores, el campus, la cafetería y por fin lo encuentro antes de entrar al baño de hombres, lo detengo y me mira raro. —¿Qué sucede señorita Climorf? —Debo hacerle una pregunta, es urgente. —¿Tan urgente que mi ida al baño debe esperar? —asiento. —En mi trabajo con Trevor Flanny...—me interrumpe. —Salieron excelente, ¿Era esa su pregunta? —Ehhmm... no, ¿Trevor le pidió trabajar conmigo? —pregunto nerviosa. —Sí, el señor Flanny me persuadijo para poder trabajare con usted —diablos... —¿Cómo que lo persuadijo? —pregunto arqueando la ceja, Trevor no es el único extraño. —Trevor es muy habilidoso, Gwen. Ya lo creo... Dejo al pobre maestro entrar a orinar y me pregunto, ¿Por qué lo hizo? ¿Qué quería lograr? ¿Conocerme? ¿Hablarme? ¿Sexo? —¡Hola! —exclama Liz dándome una sacudida—. ¿Qué pasa? —Creo que debo comprarle condones a Trevor —murmuro confundida. —Sí yo también. —¿También lo comprarás condones a Trevor? —No, a Michael, ¿Por qué le comprarás condones? Regálale un dulce, empieza despacio fiera. —¿Qué? —digo frunciendo el ceño, no le preste atención, el señor habilidoso está metido en mi cerebro. —¿Gwen me escuchas? ¿Si quiera piensas con claridad? —Nop. Creo que el maestro de química es gay. (...) Y aquí estamos, Trevor está en la sala de mi casa tratando de convencer a mi madre de dejarme ir con él mientras yo los veo sentada en el sofá comiendo cereal. Mi excusa salió mal ya qué mi madre esta fascinada con Trevor, creo que le esta tomando un cariño que yo no esperaba, mamá es sobreprotectora con unas cosas, pero evidentemente mientras el señor habilidoso se lo pida me dejará. Ya cayo bajo el hechizo de Trevor, y la única persona que sé que no caerá hechizada llega después de las seis, papá. —¿Entonces si dejará a Gwen? —pregunta arqueando la ceja. Trevoris no seas idiota, claro que me dejará si acaso no está por invitarte un café, o a cenar. Voltea a mirarme con una sonrisa y me sonrojo, aunque no por él, si no por la vergüenza; ya sabe que le ponía excusas para no ir. En mi defensa he estado siendo acosada por él y sus trampas. —¿Donde queda el baño? —pregunta metiendo sus manos en sus jeans. —Te llevo —digo dejando el cereal a un lado y levantándome del sofá, sonríe y lo dirijo al baño, sólo él entrara. —No me dejes solo con tu madre, esta enamorada de mi —río provocando su sonrisa. No la culpo, no del todo. —Yo tampoco —dice muy bajo. —¿Qué dijiste? —Nada —contesta rápido y tranquilo—. ¿Luego de ir al baño nos vamos, eh? —Como digas, señor habilidoso —murmuro. (...) Delta. Ya decía que esa chica tenía nombre de p***a, y es porque lo es, Delta es un perro. El amado perro de Trevor. La primera vez que vine no la vi, al parecer la encontraron en la calle hace pocos días, hambrienta, sucia y sin hogar y ahora debo admitir que tiene el pelo más cuidado que el mío, está más gorda que yo y su casa... Pues vive con los Flanny. La casa está sola y le pedí a Trevor que en vez de encerrarnos en su habitación trabajáramos afuera, en la sala, con las puertas abiertas y sin cortinas ¡Donde todos vean! Ahora que sé que hace esto para estar cerca o eso parece debo estar alerta, mente abierta y piernas cerradas, Trevor no es muy difícil de resistirse. Estamos en un silencio puro mientras trabajamos, cada quién concentrados en lo suyo, aunque debo decir que debo tener las respuestas en mí porque Trevor no deja de mirarme, y estoy tan sonrojada queme incomoda. —¿Ya terminaste?—pregunto tratando de que se concentre en algo más. ¿En que más Gwen? Están sólos. ¿En tu voz? no seas idiota. —Sí —contesta sin quitarme la mirada de encima. —¿Y Finn y Ethan? —piensa en tus hermanos y deja de mirarme. —Finn está con mis padres comprando unas cosas para la cocina y Ethan salió con Danielle. Y tú sigues mirándome... ¿Acaso me crecieron rábanos en la cara? —¿Puedes decirme que hora es? —con eso me tiene que dejar de mirar. —Cinco y media. ¡¿Como hizo para ver en la hora en mi rostro?! —No miraste tu reloj —digo nerviosa, ¿Ve la hora en mi también? —El reloj está detrás de ti, Gwen —giro la cabeza y sí, ahí esta el costo reloj dorado con bordes celestes. Nunca había estado en una situación donde la mirada de un chico lindo me incomodará, pero sinceramente la de Trevor empieza a asustarme. ¿Qué es lo que ve? ¿Mis ojos? ¿Mis mejillas rojizas? ¿El moco que tal vez este asomado en mi nariz? ¿Me trajo a su casa para contemplarme todo el día? —¿Por qué hiciste trampa con las parejas, por qué quieres trabajar conmigo? —pregunto de una vez, no está sorprendido pero deja de mirarme y en vez de eso mira como juego con mis dedos antes de responder. —Me evitaste durante todo el día, en todas partes, algo debía hacer para poder estar contigo —responde, su respuesta tan sencilla y honesta me sorprende sobretodo con la naturalidad con la que contesta. —¿Pero... por qué quieres estar conmigo? Dejaste bien claro que no te gusto —lo último me costo decirlo pero lo hice, quiero saber si todo lo que dice Liz, Michael y los demás es cierto, si le gusto aunque haya dicho lo contrario. —Lo que dicen los demás sí es cierto, Gwen me gustas, y lo negué porque estaba nervioso y porque no creo necesario que todos sepan que me gustas, me basta con que lo sepas tú. ¡Diablos! ¿Qué se supone que responda a eso? Ni siquiera creo poder hablar sin que el corazón se me salga. —Hable también con el profesor de química, ¿Por qué hiciste trampa la primera vez? Hago preguntas que me aterra la respuesta, no quiero desilusionarme pero tampoco quiero salir lastimada al hacerme un mundo en mi cabeza. —Quería conocerte, estar en un lugar privado contigo —contesta. Que manera tan radical. Sí alguien me dijera eso pensaría que quiere violarme. —¿Y ahora que estoy aquí, que pasara? —¿Tú que crees que pase? —insinúa, mis muslos se tensan y la sangre se dispara hacia mi rostro, no me esperé que dijera algo así—. ¿Qué te esperas, Gwen? —Creo que estás sexualmente confundido —contesto, sus ojos se abren y su sonrisa se expande. —¿Tú crees? —dice divertido. —Sí —ríe y sonrió, sus perfectos dientes me cautivan, hasta sus dientes me están volviendo loca. —Sexualmente no sé, pero tengo muy en claro lo que quiero —su mirada es cálida, sus palabras no son forzadas, suenan tan naturales como aparenta sus sentimientos por mí, sólo espero no estar equivocada—. Sé perfectamente lo que quiero y lo quiero contigo, luego nos iremos a lo s****l. Y yo que voy a saber de eso, mi virginidad, Trevor. —¿Qué? —arqueo la ceja y frunzo el labio. —Ya sabes, para ver qué tan confundido estoy. —Eres extraño. (...) En un intercambio de sonrisas la tensión desaparece, o tal vez se convierten en insinuaciones relevantes. No me ha invitado a salir, y no sé si lo haga, no parece ser lo suyo, creo que para él que yo este aquí es más que suficiente. —Quiero conocerte mejor, cuéntame algo de ti —me pide, no sé que contarle, mi vida no es muy emocionante y las cosas que puedo decir que sorprendan son muy privadas—. Dime, ¿Tú color favorito? ¿Tu comida preferida? No te sientas presionada para contarme algo que no quieras, entiendo que hay cosas que no se le cuentan a cualquiera, y sé que no confías del todo en mi. Ese es un buen punto, no le conozco pero pensamos y me entiende como si pudiese leerme igual que a un libro. —Es impresionante tu habilidad para entender tanto a las personas, sabes justo que decir, es como si supieras lo que pienso y lo sintieras igual —su expresión es seria, esa sonrisa divertida está presente, pero a medias. Se encoje de hombros y suspira con una pequeña sonrisa—. Dime Trevor, ¿Qué te paso a ti para que me entiendas tan bien? ¿Qué tipo de cosas consideras que no se le cuentan a cualquiera? Su expresión se congela y sus ojos se abren, supongo que es una pregunta fuerte, pero hay algo que lo hace especial y no es cualquier cosa. La puerta se abre y entran los gemelos, Trevor se levanta, les saluda luego se dirige a la cocina. —Sabía que nos veríamos pronto —comenta uno de ellos, sigo sin saber cuál es cual. —¿Qué tal tus asuntos femeninos? —dice el otro, sonrió este es Ethan. Bien Gwen, Finn tiene la camisa azul y Ethan la tiene verde, recuérdalo. Trevor vuelve a aparecer y parece más relajado, se sienta en el sofá y permanece en silencio. —Y qué tal Trevor, ¿Ya la invitaste a salir? —pregunta Finn, le lanza un cojín. —No lo presiones Finn, Trevor siempre fue lento con las chicas. No parece... —Yo no diría lento, además Danielle ha sido la única chica que ha soportado tus berrinches —se defiende Trevor, Ethan bufa. —Cállate, yo no soy el que espanta a las chicas repitiendo exactamente lo que piensan. ¿Qué? Los tres Flanny se callan y se miran entre sí, luego me miran a mi. —Debo orinar —se va Ethan. —Sí yo te acompaño —lo sigue Finn rápidamente dejándome a solas con Trevor. —¿Por qué dijo eso? —pregunto. —No lo escuches..—le interrumpo. —No, que dijo... —¿Gwen quieres salir conmigo? —propone de manera rápida dejándome sorprendida. —¿Qué? —Sal conmigo, por favor —toma mi mano y me congelo. —Está bien. ¿Acaso me invito a salir sólo para que dejará de preguntar? Ethan y Finn vuelven a aparecer en la sala. Es más que obvio que no estaba haciendo pis, Ethan no orina tan rápido. —¿Ya terminaste de ayudarlo a orinar? —pregunta Trevor, ambos lo miran raro. —Mejor hablemos del clima —dice el de azul. Mierda, ¿Quién era el de azul? ¿Ethan? No Finn... Hay se me olvido. Le echo un vistazo a la hora y es bastante tarde, la hora se me ha ido volando. —Bien chicos ya debo irme —digo levantándome del sofá, Trevor me sigue. —Yo te llevo. —ofrece. —No está bien, caminaré. —No. La primera vez te fuiste sola, déjame llevarte esta vez —asiento y salimos de la casa dejando atrás los silbidos de los chicos. Trevor me abre la puerta del copiloto y se dirige a la del piloto, entro al mismo tiempo que él. Enciende el auto y acelera. Llegamos rápido a mi casa, le agradezco por traerme pero antes de bajarme me detiene: —No puedo hacerlo —susurra, me toma del brazo y me vuelve a sentar en el auto, desliza sus dedos por mi mentón y acaricia mi rostro, puedo sentir lo cerca que está de mi, su olor... Menta y frutas, sus labios tan cerca, rozando con los míos.
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