La segunda opción me parece más fácil que confesarle a mi padre que conocía todos los códigos. Lo que más me preocupa es cómo sabe Fray que yo lo sé. Él debió haber asumido que yo sí, y si no los conociera, me mataría de todos modos para hacer funcionar el poder de su plan de torturar a mi padre. Suspiro para mí y doy la vuelta a la esquina de los pasillos para buscar mi estúpida tableta. Pensé que volvería a leer e intentaría y tal vez más tarde intentaría recordar los mapas que hicimos y las cosas que hemos concluido todavía. Pero Jinx interrumpe mis pensamientos. Él entra en contacto conmigo con dureza en cada uno de nuestros giros bruscos. Termino casi tropezando, pero recupero el equilibrio cuando Jinx gruñe y se frota el hombro. "Oye, mira, Catalina", me grita divertido. Obligo

