7. un puente todo oxidado lleno de insectos curiosos

1525 Palabras
Como si hubiera sido maldecirse a sí misma, recordar a los sims por sus muertes extrañas hizo a Harlet recaer en una adicción a la que no volvía desde los doce años. Faltaban dos semanas para que aparecieran los exámenes en su agenda y ni siquiera eran finales, así que no requería mucho estudio, fue razón suficiente para convencerla de que sí, debía volver a descargar los sims 4 y jugar por horas que terminaron convirtiéndose en días.  Por otro lado, Dilara había puesto en marcha su plan de conseguir el dinero que necesitaba para el viaje y abrió una comisión para dibujos por pedido. Desde que volvieron del pueblo y se quedaron conversando en la estación de tren no se habían vuelto a ver y aunque habían pasado cuatro días, para ellas, que acostumbraban a estar casi siempre juntas, era muchísimo. A Dilara le habían pedido solo tres dibujos (que era un montón para ser la primera vez que ofrecía) que debía entregar en una semana, se había puesto a hacerlos hasta terminarlos para quedar libre cerca de los exámenes. No era una persona muy organizada o que adelantaba, en realidad era la típica estudiante a la que se le juntaba todo cerca de que finalice el semestre y debía estudiar y terminar trabajos a las apuradas. Hacer dibujos por comisión le emocionaba principalmente por el viaje, que era su objetivo principal, pero también porque era la primera vez que ganaba algo haciendo lo que le gusta y por lo que estaba estudiando.  Quedaron en verse el sábado, cuando Dilara ya iba a terminar sus encargos. Pasaría a buscar a Harlet y se irían a caminar o comer algo por el centro. Y eso hizo, cerca de las once de la mañana. Iba vestida con una remera con tirantes y cuello corazón lisa, una pollera de jean, cancan y borsegos negros. Tenía ganas de tener una cita y salir después de haber estado por días encerrada dibujando.   Cuando llegó al edificio de Harlet, la dejó entrar desde el portero, diciéndole por el teléfono que todavía debía cambiarse así que pasara, le pareció un poco raro, porque Harlet amaba vestirse para las ocasiones y casi siempre era la que estaba lista desde antes, a no ser en alguna que otra vez que pensaba maquillajes complejos y no los terminaba para la hora en la que quedaban. Si la tenía que pasar a buscar, Harlet acostumbraba a esperarla en la entrada de su edificio  Cuando subió a su piso, que era el cuarto, la puerta de su departamento estaba abierta, era algo que hacían cuando sabían que la otra ya había entrado al edificio. Entró a su departamento y Harlet, en vez de estar cambiándose como había dicho, estaba ridículamente encorvada sobre su computadora jugando a los sims con una remera ancha y un jogging. Su cabello oscuro estaba todo despeinado e incluso  enredado por detrás, su flequillo recto y corto estaba hacía arriba como si se hubiera acostado con el cabello mojado sin importarle mucho cual fuera el resultado en la mañana. Dilara al verla se rió y Harlet saltó en su silla al escucharla, como si se hubiera olvidado que iba a aparecer en cualquier momento por la puerta. Puso pausa al juego antes de girarse a verla.  —Me dije a mi misma que no me iba a volver adicta pero ahora hay una expansión de vida ecológica y siempre quise cambiar el mundo.  Dilara se la quedó mirando con el ceño fruncido y una expresión graciosa a la vez. Mientras escuchaba a Harlet decir que quería cambiar el mundo, miraba su sala de estar, llena de paquetes de galletas vacíos, arrugados y tirados por ahí, y cajas de pizzas aplastadas. —Soltó una risa burlona. —¿Cuándo te volviste ambientalista... virtual? —aclaró después, marcando con una mirada silenciosa la habitación sucia y con basura. Que tenga basura no significaba que los ambientalistas son limpios por naturaleza, pero sí entendía que la militancia te lleva a reflexionar sobre tus residuos y el plástico que generamos como sociedad, algo que no concordaba tanto con la sala de estar de Harlet.  Se encogió de hombros, mostrandose avergonzada. —Aprendí a reciclar aunque no lo implemente en la vida real —soltó una risa tímida. —Y quizás solo aprendí a reciclar en los sims.  —¿Y qué te obsesionó entonces? Se encogió de hombros nuevamente.  —Completamente adicta estuve, creo que es un efecto colateral de bajarte el juego.  —se justificó vagamente antes de guardar el juego y cerrar su compu.  Se levantó y fue hacia su habitación de forma apresurada. Dilara antes de seguirla fue a la cocina a servirse un vaso de agua. Harlet se vistió torpemente con un jean holgado, un crop top lila suelto y una gorra negra sobre su cabeza que bajaba su flequillo y lo dejaba en su lugar. Aparentaba estar mínimamente peinada.  —Apenas entré en tu casa y te vi jugando, creí que iba a costar más sacarte de adentro. —Le dijo Dilara. La primera cuadra Harlet estaba con los ojos entrecerrados por la luz, ni siquiera miraba directamente al sol e incluso, llevaba una gorra que parecía no protegerla para nada de la luz tan intensa. Tampoco era la siesta, donde el sol sabe estar más fuerte, así que Dilara se rió a carcajadas por lo ridícula exagerada que fue su reacción. Aunque en realidad no estaba exagerando, había mucha luz a comparación de su departamento, que prefería mantener oscura, aparte de que había estado jugando un videojuego por horas.  Dilara no entendía su preferencia en general por la oscuridad, si Harlet puede estar en un lugar sin las luces prendidas lo está sin problemas. A ella esa situación le parece deprimente, incluso acostumbra a dormir con la ventana sin la persiana lo que hace que entre la luz de la calle a su habitación. Sabía que eso sería un problema si tomaran la decisión de convivir, tenían en claro por el momento que no pasaría, son muy diferentes en el día a día y eso básicamente las lleva a ser incompatibles.  Vivían en el centro, así que lo primero que tuvieron que recorrer fue una avenida que en el medio se dividía con una pequeña vereda que tenía árboles, banquitos y un sendero. Mientras caminaban, conversaban y se contaban lo que habían vivido esos días sin verse. Se hablaban constantemente por mensaje, a veces por llamada o videollamada pero incluso así siempre tienen algo que contarse, más cuando tuvieron una semanas ocupadas, Dilara rindiendo finales y haciendo ilustraciones y Harlet cambiando el mundo en los sims… - Salieron del centro, sintiéndose ambas sofocadas por la gente que había, fueron directo a unas vías del tren abandonadas donde, por alguna extraña razón, las personas acostumbran a pasear a sus perros. Harlet y Dilara son principalmente personas de gatos, eso no significa que los odian, solo que ninguna de ellas  adoptaría uno. Ir a esas vías era su forma de socializar con perros. Efectivamente, como era de esperarse, había perros. Las vías estaban oxidadas y llenas de colores por eso, tenía estructuras grandes de metal que evitaban que la gente se cayera en la parte que daba con calles por debajo. Los yuyos estaban crecidos, en algunas partes más que otras, había diferentes tipos de árboles. Las paredes estaban llenas de grafitis y murales, principalmente eran partes de atrás de casas pero también había galpones y un par de fábricas. Era hermoso, si es que te gusta ese tipo de estética urbana que ambas disfrutaban. Cada tanto iban a casas abandonadas, como hobbies de fin de semana.  Su parte preferida era sobre el puente de una avenida, los murales estaban deteriorados, había enredaderas interrumpiendo los majestuosamente. Llevaron galletas y un jugo envasado para tomar de merienda. Se sentaron a comer y tomarlo, Harlet sobre una piedra y Dilara sobre el césped crecido, se arrepintió a la hora porque no dejaban de meterse hormigas por debajo del short. Pegó un suave grito quejándose, mato algunas y volvió a sentarse.  —¿Sabías que las hormigas se organizan en castas? —Sí, lo leí en tu fanzine —Dilara rió. —No sé de dónde viene tu obsesión con los insectos.  Harlet se encogió de hombros. —Son lindos —Dijo y Dilara negó con la cabeza. —Algunos son muy molestos pero tienen formas interesantes o para mí lo es. —Volvió a encogerse de hombros.  No iba a poder convencerla o hacer que le gustaran las hormigas así que tampoco insistió. Solo sacó el tema de los sims, con la excusa de que en una de sus familias está criando insectos para generar biocombustible. No dejo de hablar de los hijos adoptados de sus sims que les caía mejor hasta que terminaron las galletas del paquete. Dilara se reía y agradeció la distracción de estar dibujando todo el tiempo por días.  Cada tanto aparecían perros que eran soltados momentáneamente por sus dueños para ser acariciados por ellas. Hasta que anocheció estuvieron ahí sentadas, charlando y admirando las ruinas y todos sus colores.
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