6. interludio de dibujos en el tren

1157 Palabras
Hablando en la cama la noche anterior se les ocurrió tomar un café o comer un desayuno si les daba hambre en la cafetería del tren. La habían descubierto en el viaje de ida, cuando se habían dispuesto a explorar y como estaba cerrado en ese momento, les quedó la idea picando para cuando volvieran.  Al otro día, tomaron el tren cerca de las ocho de la mañana. El vagón del café principalmente tenía tonos naranjas  y marrón claro, tenía mesas pequeñas de tamaño de desayunadores y sillones anchos, amullados y recubiertos con cuerina o algo que se asimilara de color naranja. A unos metros de las mesas y sillones, había un mostrador de madera antiguo pero remodelado. Creaba la ilusión de estar en otra época y eso era lo que les había emocionado en primer lugar.  No estuvieron mucho tiempo en los asientos que les fueron asignados al subir, dejaron sus cosas, llevando consigo sólo lo que entraba en sus riñoneras, Harlet incluyendo, por supuesto, su bitácora. Apenas la guardo, Dilara murmuró un “qué pesada” poniendo en blanco los ojos con cariño, a lo que Harlet respondió con una encogida de hombros acompañada de una sonrisa.  Mientras esperaban que les trajeran lo que pidieron, se pusieron a conversar sobre el pueblo y sus paisajes. No esperaron mucho hasta que llegara el mesero a su mesa con su pedido.  —¿Qué te pareció Calihue? —Le preguntó Dilara tranquilamente, antes de agarrar su taza de café y tomar un sorbo.  —¿En qué sentido? —Contestó Harlet, su tono un poco a la defensiva, abriendo sus ojos café ligeramente más de lo normal.  Dilara soltó una risa, aunque tenía una expresión confundida.  —No sé, —se encogió de hombros despreocupada. Mantenía la mirada sobre su novia, con un brillo en sus ojos. —¿te cayó bien? —Sí me cayó bien, me parece linda e interesante —dijo esta última palabra en un tono extraño y Dilara le sonrió asintiendo con la cabeza. —A mí también,—soltó  emocionada — ¿Es una persona con la que viajarías?  Porque a mi me hace sentir cómoda viajar con ella por tanto tiempo cuando nunca lo hice y sé que ella tiene experiencia en eso.  —Sí, con otra persona quizás ni siquiera salía ese plan, aparte de que tuvimos pocos días en el pueblo y casi todo el tiempo queríamos verla.  Cambiando de tema un poco, Dilara comentó: —Como estamos en una ciudad sin salida al mar, —Harlet asintió.—y  tenemos que viajar bastante para llegar a pueblos costeros, creo que sería lindo que un tramo lo recorramos en tren.  —Sería precioso, pero ¿no crees que tardaríamos mucho? —¿Y algo nos apura? Harlet le contestó con una sonrisa porque tenía razón. Era un viaje para estar sin tiempo o hacer de cuenta que no existía.  - Con lápices grasos en colores café, Harlet se encargó de dibujar todas las esquinas del bar. Desde la ventana junto a uno de los sillones donde no se genera contraste, a como se veía desde lejos una de las mesas libres junto al mostrador de madera, en el que chocaba un haz de luz que lo lograba en el papel difuminando con los dedos el trazo del lapiz. Dilara, por su lado, dibujaba a las personas que estaban con microfibra sobre servilletas, con una línea rápida y gestual.  Cuando se cansaron de dibujar, le mandaron un mensaje en audio desde el teléfono de Harlet contándole el plan que se les había ocurrido: “¡Estamos volviendo a la ciudad! y en el tren hay un bar en el que estamos desayunando desde que subimos, se nos ocurrió agregar a nuestra lista de planes hacer un tramo en tren y que cuando hagamos ese viaje, tomar un café en el bar.” Lo enviaron junto a una foto de Dilara que le tomó Harlet desde su asiento; tenía una remera con un estampado naranja flúor que combinaba a la vez que resaltaba con la cuerina marrón de los muebles del lugar. Salía sonriendo, aunque como fue desprevenida y casual, su rostro estaba movido.   Fue una mañana literalmente de desayunos. Cuando se les acabó el primero pidieron otro hasta que el tren llegó a su parada. Harlet siempre estaba feliz de tomar cuantos café pudiera. Lo aprovecharon como su gasto de la semana, aunque hasta fin de mes tuvieran que comer arroz.  Como si tuvieran que volver a esperar un tren, se quedaron en los asientos de la estación apenas llegaron. A las dos les gustaba mucho la estética que tenía, vieja y herrumbrada. En la parte de adentro en el centro había una estructura circular con un reloj encima y rodeada por sillones para esperar. A los costados había más pero en lugar de sillones eran sillas menos cómodas y atrás estaban las boleterías junto a las puertas para salir a la parte de afuera. Apenas bajaron del tren se quedaron conversando ahí hasta que decidieron sentarse en un sillón de exterior que había cerca de las vías. Se sentían cansadas de estar sentadas por acabar de llegar de un viaje largo pero afrontaron la situación permaneciendo sentadas incluso sabiendo que les iba a doler los músculos después.Tenían sus mochilas al lado, como si fueran una especie de almohadones.  La estación era ruidosa pero preciosa. Era un edificio alto con un reloj en números romanos en la entrada. Antigua y en colores café verdosos, era algo que les gustaba mucho, incluso las estaciones de trenes locales, para trasladarse en la misma ciudad.  —Mi muerte favorita en los sims cuando eran vampiros era con el sol —Harlet comenzó a contarle después de soltar un suspiro dramático. Divertida pero a la vez se le notaba cansada en su tono. Dilara la miró atenta, no entendiendo de donde salía la conversación. —pero si existieran los trenes, me encantaría hacerlos tirar en los andenes. —soltó y Dilara rió.  —Creo que se verían graciosos que se electrocuten en los rieles.  —¿Son eléctricos? —preguntó Harlet con su ceño fruncido, su voz se escuchó un poco más fuerte de lo normal con la pregunta.  No tardaron mucho con la duda, enseguida Dilara sacó su teléfono y lo consultó con google. Sí, eran eléctricos y lo leyó en voz alta para que Harlet también se enterara. Había muchas cuestiones sobre los trenes que no entendían, así que prefiero seguir hablando de los sims y las muertes raras.  Después de eso se quedaron tirando piedritas que encontraron por ahí al andén del tren, hasta que cerca del mediodía juntaron la fuerza que necesitaban para irse. Fueron juntas al departamento de Harlet que era el que quedaba más cerca. Apenas llegaron se acostaron en la cama haciéndose mimos al costado del cuerpo una a la otra hasta que se quedaron dormidas.
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